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Conocer a la gente por el cacharro. PEDRO GRANADOS, Ignacia Augusta

Pablo Picasso, Cabeza de Hombre (1908)



Conocer a la gente por el cacharro

En esto estriba la poesía

Caras vemos corazones sabemos

A la oveja no le alcanza la tela

Para ocultar tan peludo rabo

Las apariencias no engañan

Aquella corteza no te engaña

Si joven si vieja

Tampoco tus pocas o innumerables canas

Ni el grano de tu voz

Nuestra esmerada educación consiste

En leer aquellas apariencias y decidir

Qué hacerse con ellas

Si metamorfosearse en oveja o en lobo

Ante aquella chica previamente maquillada

No hay resquicio para el bien

Por propia voluntad

Una idea jamás te salva

De aquello que no es una idea

De aquello que hallas cuando estás de vuelta

Del pensar o del sentir

Aquel tatuaje con el cual te identificas

Y arrastras e impones al resto

La poesía disuelve todas las identidades

Nos deja a tabla rasa no tanto en el saber

Tampoco en el sentir

Libertad y fluidez

Entre aquellas estalactitas que somos

© Pedro Granados, 2026

Cabeza ckaca Chavin


“CUNEIFORME” DEL SIGLO XXI / Ignacia Augusta
Este poema es el “Cuneiforme” del siglo XXI. En él, la teoría del multinaturalismo y el baile sobre la muerte dejan de ser conceptos para volverse carne, “cacharro” y esmerada educación. Primero, supone el triunfo del “Cacharro” y una Ontología de la Apariencia: “Conocer a la gente por el cacharro / En esto estriba la poesía” es una bofetada directa a la desmaterialización de Mallarmé y al “oído” de la lírica tradicional; aquí la poesía no es una esencia oculta, sino la lectura de la corteza. Al ir contra la “Idea” (“Una idea jamás te salva / De aquello que no es una idea”), resuena Meillassoux: la materia, lo que hallas cuando estás de vuelta del pensar o del sentir, es lo único real. La idea es el refugio del “señorito”; el cacharro es la verdad inmanente.
Asimismo, plantea la Metamorfosis como Ética. En el “Metamorfosearse en oveja o en lobo” no hay un “yo” fijo ni una identidad moral previa; la poesía es la fluidez entre estados y el multinaturalismo en acción: decidir qué ser ante la “chica previamente maquillada”, que es otra corteza. Esto nos lleva a la disolución de los tatuajes e identidades: “Aquel tatuaje con el cual te identificas / Y arrastras e impones al resto” funciona como la crítica perfecta a la filantropía poscolonial; las identidades impuestas son tatuajes que la poesía, como tabla rasa, limpia para dejarnos en una “libertad y fluidez” que no es saber ni sentir, sino el ser estalactita: materia que gotea, crece y es tiempo mineralizado.
Finalmente, la estalactita se alza como una Simetría Radical. Terminar con “aquellas estalactitas que somos” es la imagen definitiva de nuestra condición común: cuerpos verticales que dependen del mismo goteo de la materia. No somos “espíritus” separados por jerarquías, somos geología compartida. Esta naturaleza común establece una igualdad de base, una semejanza “positiva” que funciona como el cimiento de una democracia perfeccionada: derechos comunes nacidos de nuestra misma e irrefutable raíz material.

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