Julio Noriega Bernuy
Knox College, USA.
Desde sus primeros relatos ambientados en la sierra peruana, cuyos personajes indios hablan un español quechuizado, hasta su última novela, una especie de épica del migrante andino en la costa, José María Arguedas luchó por adaptar el idioma español a las característicaslingüísticas y narrativas del quechua. Igualmente, al recopilar canciones y cuentos de tradición oral y traducirlos al español, ensayó métodos creativos que le permitieran conservar, sobre todo, la fuerza expresiva y artística de los originales en lengua quechua. Este bagaje de recopilador, investigador, escritor y traductor le propició y animó a escribir poesías en quechua, desafiando el estrecho canon literario, para así convertirse, póstumamente, no solo en un renombrado poeta quechua, sino también en un modelo de escritor plurilingüe para el mundo andino.
El legado bibliográfico que Arguedas nos dejó es abundante. Su bibliografía, con obras publicadas en su mayoría y algunas todavía inéditas, aumenta de cuando en cuando, a medida que se corroboran datos nuevos y se confirman otros tras el hallazgo de textos insólitos. La primera edición de Agua (1935), aunque de reducido tiraje, habría tenido, según César Lévano, una buena recepción crítica en Lima. Habría recibido también un premio otorgado por la Revista Americana de Buenos Aires. Además, la revista multilingüe International Literature la habría difundido “en ruso, chino, alemán, inglés y francés” (37). Esta revista promovía, como filiación política, la revolución internacional del proletariado y, capeando guerras, censuras y purgas políticas, circuló mensualmente durante más de una década, de 1932 a 1943, como órgano oficial y central del Sindicato Internacional de Escritores Revolucionarios de la Unión Soviética. En ella colaboraron escritores reconocidos de todo el mundo, incluidos autores hispanoamericanos como Pablo Neruda y Jorge Icaza. La edición inglesa se distribuyó originalmente desde Londres y Nueva York, ciudad esta última donde se realizó, en 1970, una reimpresión a cargo de Kraus Reprint Co. La difusión de Agua en inglés corresponde a la traducción y publicación de Los escoleros / Schoolboys —el más extenso de los tres relatos del libro—, que apareció en el número 10 de la revista soviética, correspondiente al año 1936. Esta obra fue la primera publicación con la que se inició la larga y azarosa presencia de Arguedas en Estados Unidos.
Ruth Stephan, escritora y poeta norteamericana, amiga íntima de Emilio Adolfo Westphalen, fue quien mejor promovió el trabajo etnográfico de Arguedas en Estados Unidos. Su esposo, el pintor John Stephan, y ella, como editores, fundaron en Nueva York la revista de vanguardia Tiger’s Eye. En sus nueve volúmenes, publicados entre 1947 y 1949, la revista no solo acogió la obra literaria de surrealistas europeos, norteamericanos e hispanoamericanos, sino que también impulsó la pintura de jóvenes representantes del expresionismo abstracto. Con esta publicación de arte y literatura, los esposos Stephan se sumaron al movimiento de posguerra que impulsaba el desplazamiento del centro de producción cultural del mundo occidental de París a Nueva York. El número 5 de la revista (20 de octubre de 1948), en una sección que ocupa casi la mitad del espacio disponible en esa edición y a la que titularon "THE ANDES", reproduce numerosas imágenes de textiles, cerámicas y esculturas, así como motivos preincaicos, cuentos, leyendas y el poema “Heights of Machu Picchu” de Pablo Neruda. Incluye, además, seis canciones quechuas y un fragmento del ensayo “On Andean fiestas and the Indian”, seleccionados y traducidos por Ruth Stephan de Canto kechwa. Con tan amplia cobertura, este número de Tiger’s Eye constituye un verdadero homenaje al mundo andino y al trabajo de recopilación y estudio de Arguedas.
Ruth Stephan y Arguedas se conocieron en el verano de 1946. El destino hizo que Lima fuera el punto de encuentro. Arguedas y las hermanas Bustamante, Celia y Alicia, la recibieron como anfitriones en la Peña Pancho Fierro, a la que ella llegó una noche, acompañada de amigos en común, el poeta Emilio Adolfo Westphalen y el pintor Fernando de Szyszlo. Este fue el germen de donde surgieron los proyectos literarios en común (Stephan 1976). Aunque no volvieran a verse más, se mantuvieron en contacto a través de Westhpalen, quien facilitó el rico material bibliográfico con el que contó Ruth Stephan y que luego dio como resultado la publicación de una obra singular, un texto clásico en su género: The Singing of Mountaineers: Songs and Tales of the Quechua People (1957). Este libro, que no se ha publicado en versión española, es una selección de Canto kechwa (1938) y de Canciones y cuentos del pueblo quechua (1949), a la que se han añadido canciones y narraciones orales inéditas. Su contenido es exhaustivo y cuenta con la participación de traductores, recopiladores y editores especializados.Las canciones fueron recopiladas y traducidas del quechua al español por el propio Arguedas. La maestra de escuela María Lourdes Valladares recopiló las canciones de trilla de Angasmayo y las tradujo del quechua chanca al español. El padre Jorge Lira recopiló los cuentos quechuas y Arguedas los tradujo al español. La traducción de los cuentos quechuas de la versión española al inglés fue realizada por los esposos Kate y Ángel Flores. Tanto la autoría de la introducción de The Singing of Mountaineers como la selección y la traducción al inglés de las canciones quechuas y de los ensayos de Arguedas pertenecen a Ruth Stephan.
José María Arguedas pasó dos meses, en abril y mayo de 1965, invitado como novelista y antropólogo por el entonces Departamento de Estado. Visitó varias ciudades de Estados Unidos y dio conferencias en las universidades más representativas de cada una. Sabemos de sus contactos, planes, expectativas y detalles de su itinerario gracias a las cartas que escribió a su amigo John Murra desde Lima, antes del viaje, y desde Nueva York, Bloomington y Austin durante el viaje. El impacto que le produjo esta experiencia queda plasmado en su testimonio en el Encuentro de Narradores en Arequipa, en sus artículos sobre Estados Unidos, Nueva York y Washington y, sobre todo, al ambientar en El Sauzalito, California, uno de sus relatos inconclusos: “El puente de hierro”.
Poco después de su visita, Arguedas publicó artículos periodísticos con sus impresiones sobre Estados Unidos e incorporó a su obra personajes y ambientes directamente relacionados con este país. Se puede decir, entonces, que hay un antes y un después de la visita en la relación de Arguedas con Estados Unidos. En su bibliografía figura un artículo inédito que no ha sido incluido ni en la selección más meticulosa de su Obra antropológica. Según el propio Arguedas, el título es “Washington, ¿una capital imperial?” La investigadora francesa Ève-Marie Fell recoge dos citas textuales y da fe de haber visto este manuscrito mecanografiado de 4 páginas. Aunque ella lo cite con un título algo distinto, “Washington, ¿una ciudad imperial?”, no hay duda de que se trata del mismo artículo. Esperemos que pronto se pueda localizar entre los materiales que alguna vez pertenecieron al archivo personal de Sybila Arredondo.
En sus dos artículos publicados sobre Estados Unidos, “New York y Quito” y “Estados Unidos: ¿Un gigante de qué?”, así como en entrevistas, testimonios y comentarios posteriores a su viaje, numerosos pasajes e imágenes contrastan el mundo estadounidense con el andino. En este sentido, Arguedas propone, al parecer, que la complementariedad y la reciprocidad intercultural se fundamenten en este contraste y que nosotros seamos puentes, agentes o intermediarios para facilitar una relación dinámica y fructífera entre ambos mundos. No hay un lugar donde poner la “mano para acariciar la ciudad” de Nueva York porque “no acepta, no conoce y aún rechaza la ternura” (213). Pero en Quito todos somos hermanos y hasta la cama es calentita. En Estados Unidos “es donde menos libertad tiene el hombre. Se han cubierto de un cielo de acero” (223). Arguedas cree que “necesitan convertirse en algo así como ‘indios’ que creen de veras en un amor, en un más allá, en lo infinito, en lo oscuro y lo iluminado” (224). Los americanos adoran “a los perros, los miman, hacen de ellos los únicos ‘aristócratas’”. En cambio, no saben ni conocen el canto de los pájaros. En fin, ellos tienen el águila; nosotros, el cóndor. Washington es la ciudad imperial suya; Cusco es la nuestra. El gris del cemento les pertenece; el gris de la piedra de Ollantaytambo nos acompaña. El hierro los fortalece, el oro nos ilumina. Nueva York brilla; Quito, hermana. Su territorio es extenso; el nuestro, profundo.
Por su carácter inconcluso, Antonio Cornejo Polar calificó el relato “El puente de hierro” de taller. La temática del intelectual hispanoamericano que aparece en este relato mantiene su vigencia porque ahora hay más intelectuales hispanos emigrados en Estados Unidos. Las invitaciones a visitantes con trabajos de investigación o de creación son cada vez más frecuentes. Las universidades han creado un mayor número de becas, programas de intercambio y de escritura creativa en español. La situación de esta nueva realidad, como bien resumen William Díaz y Consuelo Pardo, “ha redundado en la escritura de un pequeño pero significativo número de novelas que usan la experiencia del intelectual latinoamericano en el campus norteamericano como material narrativo” (588). Estas son las novelas conocidas como novelas de campus, con personajes hispanoamericanos instalados en una ciudad universitaria que les resulta ajena y cuyo propósito es explorar el tema de “la dicotomía entre utilitarismo y espiritualidad” (589) como patrón de comportamiento. Sin afectar ni contradecir la categorización de Cornejo Polar, me gustaría proponer la categoría de “relato de campus” para estudiar “El puente de hierro” como preludio al auge de la narrativa de campus, que surge del intercambio cultural entre Estados Unidos e Hispanoamérica. Sin embargo, hay que recordar que este relato no se limita al campus como escenario ni a hispanoamericanos como personajes, sino que, obviamente, incluye a norteamericanos con un español quebrado por el inglés y vincula el campus con otros espacios urbanos.
El propio Arguedas hizo gestiones durante su única visita a Nueva York, en abril de 1965, para ver sus libros traducidos, publicados y leídos en inglés. Los resultados no fueron fructíferos en ese momento. Por ello, hay que celebrar la traducción de Los ríos profundos / Deep Rivers (1978) y de Yawar Fiesta (1985), llevada a cabo por la traductora Frances Horning Barraclough con pasión, rigor y esmero. The Translation Center Award de Columbia University, premio al que Deep Rivers se hizo acreedor el mismo año de su publicación, es la mejor prueba de la calidad de su trabajo de traducción.
Como información básica sobre la traducción realizada por Barraclough en ambas novelas, me limitaré a comentar la de Los ríos profundos. Deep Rivers empieza con la página de advertencia de la traductora que presenta a Arguedas como uno de los mejores escritores hispanoamericanos y manifiesta su compromiso de preservar, en la medida de lo posible, la autenticidad del lenguaje y del mundo representado en la novela que se ha propuesto traducir.
La introducción pertenece a John Murra. Él, como amigo íntimo, reseña momentos cruciales en la vida de José María, tales como la confesión que hizo sobre su infancia y su madrastra en el Encuentro de Escritores Peruanos en Arequipa, el primer intento de suicidio en 1966 y la experiencia de la mesa redonda sobre Todas las sangres. Toda esta síntesis la contextualiza en tres campos de la escritura: la narrativa, la poesía quechua y la antropología.
Después de esta introducción, se reproduce la novela en sus once capítulos, con el ensayo de Mario Vargas Llosa, “Afterword: Dreams and Magic in José María Arguedas”, como epílogo, y se cierra con un glosario de palabras en español y quechua, provisto de las definiciones y explicaciones correspondientes en inglés. En su ensayo, Vargas Llosa analiza los vasos comunicantes entre la ficción novelesca y la realidad autobiográfica. Ve al adolescente Arguedas, representado por el personaje y narrador Ernesto, en medio de un círculo vicioso y violento entre dos culturas encontradas: la blanca y la india. Este adolescente, en su condición de puente e intermediario, tendría el refugio íntimo en sus sueños y la mágica relación con la naturaleza como dos poderosas armas de salvación y supervivencia.
Pero dejemos allí el periplo bibliográfico de Arguedas en las traducciones al inglés y volvamos al principio, al mundo andino del que salió el escritor plurilingüe de estilo híbrido, entre el quechua y el español, y resaltemos el español quebrado por el inglés de California al final de sus días en “Puente de hierro”. John Murra declara que Arguedas lamentaba haber empezado tarde en su vida a escribir en quechua (1962), a pesar de haber decidido hacerlo al inicio de su carrera. Sostiene que el mexicano Moisés Sáenz, embajador de México en el Perú de entonces (1937-1941) y conocido intelectual pro-indigenista, había logrado disuadirlo, convenciéndole de que las lenguas indígenas no tenían el privilegio de ser literarias en la Hispanoamérica de aquellos años (2002: X). La situación hoy en día no parece haber cambiado lo suficiente. Sin embargo, la migración de las áreas rurales a las urbanas ha superado todas las expectativas. Como consecuencia, las lenguas nativas son oficialmente reconocidas en algunos países con una alta proporción de población indígena y el número de escritores en estas lenguas se multiplica. En el Perú, Arguedas no es solo un intelectual, investigador, traductor, escritor y poeta quechua. Es un ícono, una leyenda y un hermano mayor, cuya imagen acompaña el camino del forastero andino y del emigrante de cualquier otro lugar. Sus discípulos y seguidores le cantan, le escriben poesías en quechua y en español. También traducen sus cuentos del español al quechua. Se afanan, irónicamente, en lanzarse de vuelta a contracorriente, al revés de lo que Arguedas acometió, con tanta pasión y angustia, al traducir al español la experiencia vivida y sentida en quechua. El poemario bilingüe “Qoqawchayniy”: José María Arguedasman haylli / Mi sustento: Canto a José María Arguedas (2012), de la poeta Alida Castañeda Guerra, y la traducción al quechua de Warmakuyay y otros relatos (2011), de la poeta y narradora Gloria Cáceres Vargas, son claros ejemplos de esta tendencia literaria.
La presente edición de Los escoleros / Schoolboys / Escolerokuna busca fortalecer la escritura multilingüe en el mundo andino, que, desde tiempos coloniales, diversifica el canon y cuenta, entre otros, con exponentes como Guamán Poma de Ayala, Juan José Flores de Huámbar y Gamaliel Churata. Fomenta la creación literaria en el ámbito heterogéneo de las lenguas en contacto, tal como lo intentó Arguedas en sus obras multilingües y multiculturales, haciéndoles hablar un español inventado a gringos, blancos e indios por igual. Incentiva, además, el ejercicio de la traducción conforme a los parámetros de trabajo que Arguedas adoptó para que las Américas del Sur y del Norte pudieran leerse mutuamente. Por tanto, pero también por tratarse del 90 aniversario de la primera edición de Agua, cumplido el año pasado, y del de la publicación de Los escoleros en inglés, que se cumple este año, se trata de una doble y oportuna ocasión para celebrar, a través de estas páginas en tres lenguas distintas, y propiciar el reconocimiento de la trayectoria multilingüe, multicultural e interdisciplinaria de Arguedas en el mundo quechua, el hispano y el anglo de las Américas.
El criterio que sigue la edición de este volumen consiste en reproducir fielmente los originales. El original de la versión española de Los escoleros corresponde al relato que, con el mismo título, aparece en la primera edición de Agua (1935). La versión inglesa reproduce Schoolboys, del número 10 de la revista International Literature de Moscú (1936), como traducción al inglés de Los escoleros, por el equipo de traductores del comité editorial. Escolerokuna es la traducción al quechua de la ya citada primera edición de Agua. Para complementar la lectura literaria del relato en cualquiera de las tres lenguas con la de un texto de las ciencias sociales, se incluye un anexo con el estudio sobre el comportamiento del niño indio que Arguedas realizó tres décadas después de haber publicado Los escoleros. Este estudio fue publicado en 1966 por el Consejo Nacional de Menores, en la colección El Niño en el Perú, volumen 3, bajo el título “Algunas observaciones sobre el niño indio actual y los factores que modelan su conducta”. Nos hemos servido de este original para reproducir la versión en español y traducir las versiones al quechua y al inglés. La traducción al quechua en esta edición pertenece al poeta Washington Córdova Huamán, y la del inglés, con la excepción de Schoolboys, a Jerry Miner, profesor de español en Knox College, USA. Ha quedado excluida de nuestra selección la introducción que precedía a cada uno de los originales tanto en inglés como en español. Se han corregido los errores tipográficos y, en lo posible, se ha estandarizado la representación gráfica de los términos en quechua y de los préstamos lingüísticos en cualquier lengua.
En mi calidad de editor, reitero mi agradecimiento a Pakarina Ediciones y a su director, Dante González, por haber acogido este proyecto. Expreso también mi especial gratitud a Johnson Funds y Knox College que me proporcionaron los fondos necesarios para cubrir los gastos de investigación y los costos de publicación. Agradezco a Sybila Arredondo, Carolina Teillier y Juan Escobar, quienes trabajan incansablemente entre Perú y Chile para custodiar los materiales de Arguedas y facilitarnos el acceso a los archivos. Quedo en deuda, una vez más, con los traductores Jerry Miner y Washington Córdova, con Katelyn Miller de Syracuse University Libraries y el personal de Seymour Library, con el jefe de mi departamento académico, Todd Heidt, y con mis colegas y amigos que siempre saben dar lo que más hace falta.
Bibliografía
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