Estado de excepción digital: la narrativa del poder y la represión en las protestas peruanas Autores/as
Nila Vigil comparte este valioso estudio de necesaria lectura para el momento, tomado de Lengua Y Sociedad, 25(1), e31426. bajo licencia de creative commons
Estado de excepción digital: la narrativa del poder y la represión en las protestas peruanas
DOI:
https://doi.org/10.15381/lengsoc.v25i1.31426Palabras clave:
estado de excepción digital, estudios críticos del discurso, representación mediática, criminalización de la protesta, homo sacerResumen
En este artículo, se examina cómo, a raíz de las protestas desencadenadas tras la destitución de Pedro Castillo en diciembre de 2022, el gobierno de Dina Boluarte desplegó lo que se denomina un estado de excepción digital. Inspirada en la categoría agambeniana de estado de excepción, esta propuesta busca explicar cómo los medios de comunicación tradicionales y las plataformas digitales construyeron discursivamente al manifestante como un enemigo interno, de manera que lo han reducido a la categoría de homo sacer: una vida matable, despojada de derechos y ciudadanía política. La investigación adopta una metodología cualitativa y crítica para analizar la portada del diario El Comercio del 14 de diciembre de 2022, considerada un hito en la criminalización de la protesta social. El estudio aborda dimensiones lingüísticas, visuales y contextuales con el fin de mostrar cómo se configuró una narrativa que presentó la violencia como una amenaza absoluta al orden, mientras invisibilizaba a las víctimas de la represión. Los hallazgos evidencian que el estado de excepción digital no solo dramatiza el caos y desplaza las responsabilidades estatales, sino que también naturaliza la represión mediante la producción de subjetividades específicas: los manifestantes son representados como “vándalos” o “terroristas”, las regiones son construidas como focos de violencia y las víctimas aparecen como vidas desprovistas de duelo social. De este modo, el estado de excepción en el Perú no se presenta como una ruptura autoritaria explícita, sino como una suspensión de derechos ejercida dentro de los márgenes de la legalidad, donde el dispositivo digital funciona como un brazo mediático encargado de legitimar un régimen de excepción permanente.

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