lunes, 12 de abril de 2010

El placer de comprar en el mercado / Lilian Nieto Fernandez



El placer de comprar en el mercado

EL PLACER DE COMPRAR EN EL MERCADO

Lilian Nieto Fernández


Recuerdo que de niña, cuando acompañaba a mi madre a hacer las compras de la

semana en el mercado, buscar los mejores productos a los más bajos precios, era

un acontecimiento importante. El regateo, la oferta y la demanda, la caserita o el

caserito, que te trataba como si fueras la mejor de sus clientas, hacía que terminaras

comprando más cosas de las que habías programado. El mercado era punto de encuentro

de personas que muchas veces ni se conocían y allí entablaban conversaciones

amistosas y algunos chismes sabrosos, con la libertad que solo el mercado te

permitía, y que era compartida entre clientes y vendedores de los puestos del

mercado. Si alguien de la familia estaba enfermo, allí estaba el yerbero y la opinión de

algunos compradores que aconsejaban las mejores recetas.


Mi madre se llevaba algunas yerbas adicionales, por si sufríamos otras dolencias.

Recuerdo haber tomado – po si acaso- aguas con sabores horripilantes para prevenir

alguna enfermedad o fortalecer algún órgano. ¡Era extraordinario sentir el aroma

de las verduras y las frutas frescas! Y escuchar el pregonar de cada

puesto ¡caserita compre las ricas manzanas rojas y sabrositas, pregunte nomás sin

compromiso, pruebe caserita, aquí le regalamos la fruta, venga, venga, los precios

más baratos los tiene Juanita! Era maravilloso sentir la cercanía de la gente y ver

el intercambio social y cultural; encontrar personas de diferentes lugares del Perú;

escuchar los diferentes acentos, el descontento o la algarabía, la mezcla de sabores,

olores y colores.

Han pasado un poco más de tres décadas de aquello, y hoy casi han desaparecido

estos lugares de encuentro. Casi todos acudimos a los súper, donde los

productos están organizados bajo un sistema marketero y crean ofertas ficticias, de

tal manera que terminas comprando hasta lo que no necesitas. Están dispuestos para que

te atiendas, sin necesariamente intercambiar opinión con nadie. El proceso es impersonal

pero práctico.


Pero aún existen algunos mercados al aire libre. Con gran alegría descubrí uno

relativamente cerca de mi casa. El huachi de la esquina me dijo que yendo hacia Villa el

Salvador quedaba el mercado de SAN JUAN DE DIOS, uno de los más grandes del Perú,

donde se encuentra de todo.


Como todas las mañanas llegó Carmencita (la señora que trabaja en casa desde hace

casi 14 años y se ha convertido en un miembro más de mi familia). Le conté sobre

mi maravilloso descubrimiento, y se le iluminó la cara. Me di cuenta que ella también

disfrutaba de las visitas al mercado. Tomamos un microbús que nos dejó muy cerca del

mercado. Cuando llegamos me quedé impresionada de lo grande que era, y como se

conservaban algunas costumbres. Estaban las tiendas mayoristas y los minoristas, las

piñaterías, los puestos de abarrotes, las tiendas de ropa, lanas, enseres, plásticos, frutas,

verduras, pasamanería, carnes de todo tipo; y, en las afueras lo mismo. De todo a precios

cómodos, al costado de las tiendas, están instalados los verduleros y fruteros a manera de

feria, ofreciéndote lo mismo pero a precios más bajos.

Fue extraordinario encontrarme nuevamente con aquello que viví de chica con mi madre.

Encontré a muchos de mis paisanos apurimeños, que no han perdido la dulzura y el trato

cordial, sobre todo cuando saben que tienes sus mismas raíces. Volví a sentirme acogida

y libre de comprar lo que yo quiera y a quien quiera.


Llegando me encontré con un festejante pícaro apurimeño que me vendió unas

papas Yungay nativas (deliciosas), con yapa incluida por ser mi paisano, y la esposa

complaciente y encantadora, se aprovechó para venderme todo lo que podía. Seguro

que esa técnica les da resultado, allí dejaba todo lo que iba comprando. Encontré

la misma diversidad de gente, algunos menos amables y otros absolutamente

encantadores, y con la mitad de lo que gasto normalmente, compré casi el doble de

lo que acostumbro.

Disfruté de la fragancia del perejil, la hierbabuena, las frutas y hortalizas que me

transportaron a la tierra de mi bisabuela y mis raíces.




Lilian Nieto Fernandez es una actriz y cantante chalhuanquina tuytuq mote.


Fotos: Fredy Roncalla

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