sábado, 30 de octubre de 2010

Ancash 443: Aproximaciones a Juan Ramírez Ruiz / Nivardo Córdova Salinas

tomado del semanario Expresión Nº 687

Juan Ramírez Ruiz (Chiclayo 1946 – Virú 2007) es el poeta peruano cuya obra literaria está marcando el rumbo poético de las nuevas generaciones. Y no nos referimos a su estela de “poeta marginal” o “poet maudit” (poeta maldito), a su biografía trágica (que de por sí son ya un reto para hacer un libro o película sobre su vida) sino a su sola obra poética, que necesita ser reeditada de manera completa para su mejor difusión.

Paradójicamente a su trascendencia cultural, sus libros “Un par de vueltas por la realidad” (1971), “Vida perpetua” (1978) y “Las armas molidas” (1996) actualmente sólo se pueden conseguir en ediciones fotocopiadas o en algunas bibliotecas especializadas. A pesar de ello, la poesía de JRR es conocida en el Perú y el extranjero, a un nivel especializado que poco a poco se amplía a nuevos círculos de lectores. Preguntamos: ¿Se lee la poesía de JRR en el plan lector de los colegios de Lambayeque? ¿Los chiclayanos saben el valor de este poeta?

A los homenajes públicos en varias ciudades peruanas, manifiestos de reivindicación del poeta, menciones en revistas, comunicados de Hora Zero (el movimiento literario que JRR fundó) artículos en la prensa especializada, publicaciones en Internet, incluso videos de lecturas poéticas, la obra de JRR exige –con toda naturalidad- nuevos espacios para su conocimiento y discusión.

Entre algunas publicaciones impresas sobre JRR después de su fallecimiento, están el Documento de homenaje y visión crítica publicado el 2008 por Arteidea en Lima –con participación de Armando Arteaga, Róger Santiváñez, Jorge Luis Roncal y N.C. Salinas-. A inicios de este año apareció el libro “Los broches mayores del sonido”, antología de Hora Zero realizada por Tulio Mora, un esfuerzo encomiable del Fondo Editorial Cultura Peruana.

Hace algunos meses el crítico literario peruano Fredy Roncalla, quien vive en los Estados Unidos, inició la publicación de un blog en Internet titulado: “Ancash 444: Aproximaciones a Juan Ramírez Ruiz” (http://ancash444aproximacionesajuanram.blogspot.com), que contribuye a conocer mejor la obra y la vida de JRR mediante textos críticos, comentarios, anécdotas, fotografías dibujos y testimonios personales de quienes lo conocieron. El blog lo suscribe la editorial virtual Hawansuyo.

En la página de inicio se lee lo siguiente: “Ni delante ni detrás de nadie este libro progresivo cumple con la tarea urgente de inaugurar el área de estudios de la obra de nuestro querido wayki Juan Ramírez Ruiz. Juan Ramírez Ruiz es autor de Un par de vueltas por la realidad, Vida perpetua, y - disponible en PDF- Las armas molidas . Fue cofundador y teórico de Hora Zero. Cada uno de sus libros es un acto seminal. Un par de vueltas... articula el arte poética de su momento, Vida perpetua rompe con las formas tradicionales de la escritura y antecede, entre otras cosas, al texto abierto de la cibernética, y Las armas molidas son un profundo canto épico del Perú desde su vertiente indígena, en donde el poeta postula tanto un orden escritural basado en las tradiciones sígnicas indígenas, como la amalgama de las tradiciones amazónicas, andinas y costeras, que en este momento crucial tienen un rol clave en el futuro del Perú. El editor agradece a todos los que han puesto de su parte en este proyecto. En especial a Roger Santiváñez y a Marithelma Costa, y a todos aquellos amigos pasados, actuales y futuros del poeta. Los contribuyentes de este libro progresivo y perpetuo comparten la ausencia de Juan Ramirez Ruiz con sus familiares y seres queridos. Este duelo es eterno”.

En el blog dedicado a JRR encontramos las siguientes secciones: Visión general, Las armas molidas, Vida Perpetua, Un par de vueltas por la realidad, Homenajes y semblantes, Entrevistas, documentos y poesía suelta, y Estudios contextuales. Altamente recomendable

lunes, 18 de octubre de 2010

Cuentito sobre el nobel / Fredy Roncalla

Andábamos de feria en Columbia University con kacharpas de todo tipo. El Gene viene "yaw, dicen que le han dado el premio Nóbel a un viejito peruano que enseña en Princeton", "como se llama" "no se, te digo ahora". Tataw imaraq kay Columbiaqa, si ayer mismo paso el Gore con su tawa chaki, y el Soros a pativilca. What is going on? Me pasé varios minutos pensando en quien podía ser. Buscando en mi pequeña biblioteca mental de candidatos no encontraba nada, nada, manan imatapas, niet, nothing, kaput. Los mejores escritores peruanos estaban muy jóvenes o ya habían fallecido e incluso el Pedro Paulet, el inventor del cohete había pasado a mejor vida hace mucho tiempo. O era que Gene estaba alucinando o los noruegos estaban fuera del tiesto. El regresa al rato con la extraña noticia, sorpresas te da la vida, que estarán fumando en Oslo y en Princeton, mallichiwaychik para también estar Happyillaña, mezcla de mazamorra y alegría. Mi opinión es que el ilustre personaje tiene un gran éxito literario pero en el fondo no ha entendido la dimension humana del arte, y nos es, ni por asomo, el mejor escritor peruano ni español. Angel de Ocongate ayudanos a navegar los Rios profundos de este mundo Ancho y ajeno con Heraldos Negros y Cuerpos de Juliano dando Un par de vueltas por las Armas molidas por Extramuros del mundo y Cronicas del Silencio navegando Peces de oro por la Casa de carton habitada por Gallinazos sin plumas en el corral de Julius lejano de Yaku unupa yuyaynin y ni hablar de la Nueva Coronica. Ya que el premio Nóbel es un simple recodo en su inexorable camino al olvido, cuanto antes mejor. Pero apenas soy un yanqa qellaqapakuq y hay gente que sabe mucho más del asunto, tatallaw laqla machuchaya....

La nobleza del Nobel/ Nicolas Matayoshi






LA NOBLEZA DEL NOBEL / Nicolas Matayoshi



Jorge Mario Pedro Vargas Llosa es nuestro Premio Nobel, es nuestro auténtico orgullo nacional que todos celebramos leyendo las páginas de los periódicos, el ilustre arequipeño nacido en 1936, actualmente es el mayor exponente de la literatura peruana y también es el patriarca indiscutible de nuestra nueva nobleza intelectual: su delfín, el ultraliberal periodista Alvaro Vargas Llosa, autor del “Manual del perfecto idiota”, la reconocida fotógrafa Morgana Vargas Llosa; Gonzalo Vargas Llosa el alto funcionario del ACNUR y las consortes: la tía Julia Urquidi, la difunta autora de “Lo que Varguitas no dijo” y la prima Patricia, su digna y amable compañera. Luis Llosa Urquidi, el director de la película “Anaconda”, Claudia Llosa Bueno, la notable directora de la película “La teta asustada”

Evidentemente, todos con muchos lauros propios, aunque en el camino floten a duras penas perros de la ciudad, tetas asustadas, anacondas furiosas y como peces en el agua, deambulan por los paisajes del paraíso de Gauguin y Flora Tristán. También se suman la corte de amigos íntimos del escritor, donde se incluyen a exitosos pintores, inteligentes estudiosos, calificados periodistas, ¡hasta reyes y otros premios Nobel! –pese a la amistosa e imprevista trompada inexplicable, también están los paisanos arequipeños, los condiscípulos del Leoncio Prado, los eventuales participantes a los foros internacionales de literatura; ahora sí, hay muchos que exhiben los pergaminos de “yo lo conocí” o “es mi amigo”, tratando de asomarse a la estampita de la corte celestial, Hace muchos años, nuestro laureado escritor lanzó su voz de protesta en contra de la censura cubana al escritor Heberto Padilla, desde entonces se hizo defensor de la democracia occidental, llegando a ser Presidente del Pen Club y otras honorables instituciones empresariales del “mundo libre” y cuando creyó necesario, se hizo ciudadano español.

Entonces, como el argonauta, navego en el internet, me encuentro con el Premio Nobel de la Paz 2010 el profesor universitario y periodista chino Liu Xiaobo, quien fue elegido "por su larga y no violenta lucha por los derechos fundamentales en China", Este preso político le escribe a su compañera, la poetisa Liu Xia: "Tu amor es la luz que atraviesa los muros y las rejas de la prisión, acaricia cada pulgada de mi piel, calienta cada una de mis células, me permite mantener mi calma interior". Y me recuerda un poema que escribí cuando estuve en la misma situación: “”Aún/hay tiempo para amar/en el tiempo/ de las espadas.//El amor/viste de guerrero/ y tiene su lugar/ en la batalla.”

En ese tiempo entendí el valor de la solidaridad universal, no importan ni credos, ni ideologías, cuando hay que defender al inocente. Cuando hay que defender al individuo capaz de hacer prevalecer su voz en medio de la vocinglería oficial, escribí también “Hablo, desde la senectud del silencio/ la voz, / pequeña mariposa/ cruza / el absoluto enrejado/ del día.”

El mismo Mario Vargas ha declarado que “Creo que es un homenaje a todos los disidentes chinos y a todos los chinos que quieren que el crecimiento y el progreso en China fuera no solo económico, sino político", y no lo creo así, el Nobel no homenajea a todos los “disidentes chinos”, como tampoco se “homenajeó” a todos los demócratas estadounidenses cuando le otorgaron el mismo galardón a Barack Obama el año pasado.

Me alegro por el lauro alcanzado por Mario Vargas Llosa, pero me parece más importante la liberación de Liu Xiaobo. Aún conservo en mi memoria el brillante heroísmo de aquel estudiante mártir que logró detener a una columna de tanques que trataban de llegar a la plaza Tiananmen y así evitó una masacre. Aún conservo las brillantes páginas de Oswaldo Reynoso y su novela “Los eunucos inmortales”, digno de ser considerado como una de las joyas de la literatura peruana.

Entonces, sigo navegando en los inciertos mares de la informática: Premio Nobel de Medicina es el padre de la fertilización en vitro, el científico británico Robert Edwards, y los premios Nobel de Química Richard Heck, estadounidense; Ei-ichi Negishi y Akira Suzuki, japoneses; por sus estudios y contribuciones a la química orgánica con sus "acoplamientos cruzados catalizados por paladio”, los entendidos dicen que este nuevo método es una herramienta precisa y eficaz para unir átomos de carbono y así sintetizar moléculas complejas que mejorarán la vida del hombre. La química del carbono es fundamental en innumerables fenómenos naturales, y es un componente que participa activamente en todas las formas de vida, como podemos predecir, se abren las puertas de la manipulación de la química orgánica y que en un tiempo futuro permitirá el desarrollo de una biotecnología capaz de crear vida artificial.

Como desde hace mucho abandoné los terrenos seguros del dogmatismo, (siendo agnóstico, como Mario Vargas Llosa) apelo a la sabiduría del Papa Benedicto XVI: “Si se reduce al hombre a objeto de manipulación experimental desde las primeras fases de su desarrollo, eso significa que las biotecnologías médicas se rinden al arbitrio del más fuerte. La confianza en la ciencia no puede hacer olvidar el primado de la ética cuando está en juego la vida humana.”

Entonces, me pregunto si el premio a nuestro más insigne compatriota, no trata de ocultar una faceta terrible de lo que se pueda prever para el futuro: Los escritores argentinos, en Frankfurt mostraron su disgusto: no fue laureado Jorge Luis Borges y hay notables escritores como Juan Gelman, que según ellos tiene más merecimientos. Acaso la guerra política mediática se concentre en buscar la libertad de Liu Xiaobo y de polemizar en torno a Vargas Llosa, mientras se echen “cortinas de humo” en torno a los intentos de manipular los secretos de la vida, pues la ciencia discurre por un terreno donde lo ético comienza a convertirse en el factor principal para la construcción de las nuevas utopías sociales.

Aunque, valgan verdades, los Premios Nobel de la Paz otorgados es un listado de prisioneros, muchos de ellos sufrieron prisión en razón a sus ideas, ya sean socialistas o liberales, Lech Walesa, el sindicalista polaco, amigo personal del Papa Juan Pablo II, dijo una frase que caracteriza a este grupo de distinguidos luchadores sociales: “Nunca he trabajado buscando premios. Hago tanto por recibir premios como por ir a la cárcel, pero no me consideren desagradecido hacia este honor...”

Martin Luther King, el líder negro luchador contra la discriminación racial nos da un norte de esa terca lucha por la vigencia de los derechos civiles: “Hemos aprendido a volar como los pájaros, a nadar como los peces; pero no hemos aprendido el sencillo arte de vivir como hermanos.” En 1960, encarcelado por el país supuestamente líder de la democracia y posteriormente liberado por la intercesión del candidato demócrata John Fitgerald Kennedy.

El revolucionario vietnamita Tho le Duc, prisionero de las fuerzas coloniales francesas entre 1930 y 1944, quien rechazó el Premio en 1973, para no unir su nombre con el de Henry Kissinger, el otro galardonado.

Andrei Sajarov, eminente científico ruso que después de fabricar unas cuantas bombas nucleares, desde finales de los 50, fue tomando mayor conciencia de las implicaciones reales de sus descubrimientos, y de la ciencia, cuando le concedieron el premio, su mujer leyó su mensaje centrado en tres condiciones indispensables para el progreso de la humanidad; la Paz, el progreso y la vigencia de los derechos humanos, indisolublemente vinculados, porque es imposible de conseguir uno de estos objetivos si los otros dos se pasan por alto; dijo que “ninguno de ellos se puede prescindir sin riesgo de destruir toda la configuración de nuestra civilización.” Porque “No podemos rechazar la idea de un uso cada vez más generalizada de los resultados de la investigación médica o la extensión de la investigación en todas sus ramas, incluyendo bacteriología y virología, la neurofisiología, la genética humana, y la cirugía de genes, no importa si lo acechan peligros potenciales en su abuso y las consecuencias sociales indeseables de esta investigación.” Pues, se debe confiar en el imperio de la razón ya que “Es posible el progreso e inocuo cuando se está sujeto al control de la razón. El problema de suma importancia ver con la preservación del medio ambiente es uno de los ejemplos en los que el papel de la opinión pública, la sociedad abierta, y la libertad de conciencia es particularmente evidente.”

Nelson Mandela, preso durante 27 años por el gobierno colonial sudafricano, nos da una lección por las que justifica esos años terribles: “...ser libre no es solamente desamarrarse las propias cadenas, sino vivir en una forma que respete y mejore la libertad de los demás.” Y cómo vivir, Rigoberta Menchú la guatemalteca, la última representante de una familia de admirables luchadores sociales, su padre, su madre y sus hermanos perdieron la vida defendiendo los derechos de su pueblo, Rigoberta, con sus humildes abolengos humanitarios, nos enseña que “La paz no es solamente la ausencia de la guerra; mientras haya pobreza, racismo, discriminación y exclusión difícilmente podremos alcanzar un mundo de paz.

Otra ganadora del premio, la iraní Shirin Ebadi, evidencia una injusticia milenaria, por las que aún falta trabajar para alcanzar la armonía universal; cuando recibió el premio, dijo en su discurso: “ Las mujeres constituyen la mitad de la población de cada país. Desatender a las mujeres y excluirlos de la participación activa en la vida política, social, económica y cultural serían de hecho equivalentes a privar la población entera de cada sociedad de la mitad su capacidad.”

Adolfo Pérez Esquivel, preso por el dictador derechista argentino Jorge Rafael Videla entre 1977 y 1978, por liderar la defensa de los derechos humanos y propiciar la organización popular para lograr el desarrollo de las comunidades indígenas latinoamericanas, movimientos obreros y otros grupos de personas necesitadas, a él le pertenece la frase: "En un mundo sin alma, no existen los pueblos, sino los mercados; no existe la persona, sino los consumidores; no existen las ciudades, sino las aglomeraciones."

Por eso, el premio al periodista chino Liu Xiaobo es una reivindicación de nuestra humanidad, del espíritu que anima las fuerzas más poderosas de la historia: la de los hombres que construyen la nueva utopía del hombre: construir un mundo de paz, solidario, fraterno y feliz.

¿Y Mario Vargas Llosa? ¡Se merece el Premio Nobel de Literatura, es nuestro gran maestro fabulador! ¡Con toda justicia, es un genial escritor! Aunque, evidentemente, según su trayectoria personal, nunca hubiera ganado el Premio Nobel de la Paz.

viernes, 15 de octubre de 2010

Paco Moreno entrevista a Leo Casas


Un blanco con alma de indio

tomado de la Primera





Leo Casas es un gran exponente de la cultura andina. Nació en medio de música y vive por ella.

El investigador-músico-cantante Leo casas recuerda algunos pasajes de su vida en las cuales tuvo que luchar contra la discriminación y el prejuicio. Y “la lucha continúa”, dice.

Cusqueño de nacimiento, de padres apurimeños y ayacuchano por adopción; casi dos metros de estatura, cabellos castaños ahora encanecidos y ojos sumamente claros; desde muy pequeño habla perfectamente el español y el quechua, tanto que ahora es un gran especialista en ambos idiomas.

Nació en Mollepata una remota provincia de Apurímac donde fue la oveja blanca. Estudió en Abancay, la capital apurimeña, y cuando cursada el quinto de primaria un profesor cetrino le preguntó cierto día: “¿Qué hace usted aquí entre indios?”.

Entonces Leo le clavó sus ojos claros al maestro, y éste continuó: “Con esa cara, con ese apellido, con esa talla deberías ser otra cosa, pero eres un solo un indio con cara de gente”.

—Lo gracioso de esto es que el profesor era un indio a quien le decían “Chuño” por la forma de su cara —dice don Leo casas en este restaurante-bar sin nombre, donde, a veces, a él le gusta conversar con los amigos.

En aquellos tiempos en Abancay los niños blancos eran una especie de auxiliares del profesor que les otorgaba a ellos un libro y palo con el objetivo de que el palo sirva para castigar a los niños quechua hablantes que leyeran incorrectamente el libro en castellano.

Misterio
Que su familia ha llegado a Mollepata fue siempre un misterio; pero lo bueno de eso fue que él aprendió en aquel mundo serrano que la único forma de acabar con los abusos contra los indios es luchando; aprendió que en el país había (aún hay) una división brutal entre blancos e indios; que somos un país de cholos choleadores, donde la ilusión de la igualdad no ha vencido aún las taras de la discriminación y el racismo.

“Fui un niño enteramente feliz, viví entre gente que me adoraba. De mi padre, que era un guitarrista excepcional, quizá heredé la vena musical, aunque a mi madre también le gustaba la Música. Él tocaba y ella cantaba, y yo aprendía de los dos los misterios tan bellos de la Música andina”, dice y una nubecita de nostalgia se apodera del lugar.

Como 500 hermanos
Sigamos, no es momento para tristezas. La madre de Leo casas, doña Augusta, fue la partera no solo de Molleta sino de todos los pueblitos cercanos a éste. Es así que Leo se convirtió en hermano espiritual de todos los niños que con ayuda de su madre habían visto la luz.

“Te puedo asegurar que si viajara ahora mismo a cualquier pueblito cercano a Mollepata encontraría de todas manera a alguien que se acercaría a mí para abrazarme y decirme: hermano, has vuelto. Todos los niños que nacieron en brazos de mi madre son mis hermanos espirituales”, dice

Su madre, además de ternura, le enseñó la alegría de la vida. Era de aquellas mujeres que eran dueñas de la vida y podían armar la fiesta en el pueblo con cualquier motivo. Algo de esto tiene Leo, quien puede armar una fiesta incluso en los lugares más insólitos.

Fiesta en la calle
Sabemos de aquella peculiaridad de que Música se puede hacer en cualquier parte y lo invitamos a hacer realidad ese aserto y armar una fiesta. “Vamos a esa callecita cerca de la sede de la CGTP en la Plaza 2 de Mayo, a esa callecita donde venden instrumentos musicales”, propone alguien. Vamos.

Nos acercamos a unos vendedores que tienen caras de puneños. Era verdad. Leo casas empieza. “A ver, páseme una mandolina”. La señora le pasa el instrumento ante la mirada desconfiada de su esposo. “Quiero probarlo, no se preocupen. Parece desafinada”, dice. Hace algunos ajustes y la mandolina empieza cantar y llorar en sus manos. Sonidos andinos crean un silencio del que se apodera de inmediato y mientras sigue tocando los rostros de los vendedores cambian y cambian. Toca como dos minutos y se gana otros dos minutos de aplausos.

—¿De que parte de Puno son? —pregunta Leo casas a los dueños de la mandolina.

—De Ayaviri.

—Ah, Ayaviri. A ver si recuerdan esta canción.

Leo casas canta y toca en aymara. Natividad y Apolinar lo miran raro y él sigue tocando. Los comerciantes aplauden; pero no cantan. Leo casas ya entró en onda y piden que los esposos lo acompañen con la voz.

—Es que no sabemos aymara —grita Apolinar.

Los curiosos que han llegado a la tienda de instrumentos rompen en carcajadas. Leo casas también ríe y cambia de canción. Ahora canta en quechua y Natividad y Apolinar cantan con él. Los curiosos aplauden. Se arma la fiesta y Leo casas está ahora en su salsa, tocando un huayno al aire libre.

“La Música es un cosa tan especial que puede unir, cohesionar todo un pueblo, una sociedad. Nadie sabe qué guarda la Música que hace cambiar para bien a la gente. Usted ha visto como los puneños cambiaron de actitud con la Música. Yo siempre supe que la Música es una arte que engrandece a la gente. Por eso he recorrido casi todo el país, pueblo por pueblo, alegrando a la gente.

El arte es algo maravilloso; por eso es importante que el ministerio de Cultura haga un trabajo muy cuidadoso para que ayude a los cultores no sólo de la Música sino de todas las artes a fin de que los artistas brinden lo mejor de sí a favor de su comunidad, sin discriminación, sin favoritismo, sin decir que esto es mejor que aquello, respetando las costumbres de cada pueblo o región, etc.”, dice.

Traductor
Al escritor José María Arguedas le causaba admiración que Leo casas pudiese recordar tantas canciones de los pueblos más remotos del país y que además pudiera traducir del castellano al quechua y viceversa. Esa habilidad, que con el tiempo se transformó en erudición, de alguna manera también se la enseñó su madre.

Ocurre que su madre no sabía leer y escribir y por ello tenía algunas dificultades pues otra de sus labores principales en Molletapa era enseñar la palabra de Cristo a los campesinos.

La señora, sin saber leer ni escribir, enseñaba además a cantar y daba consejos sabios a todo el que quisiese. “A ver Leo, hoy tienes que ayudarme en algunas cositas. Me dirás que dice este libro y este otro”, eran algunas órdenes de su madre.

Así el niño Leo casas, leyendo libros y escribiendo a pedido de su madre, se convirtió en un conocedor del castellano y el quechua y ahora es virtuoso traductor, conocedor de las variantes dialectales del quechua peruano desarrolladas en Bolivia, Ecuador, Argentina, Colombia, Chile.

“Gracias a mi madre, yo leí La Biblia. Además recuerdo que yo era el encargado de leer las cartas que mis hermanas espirituales enviaban a Abancay. Las cartas estaban escritas en castellano y yo las traducía al quechua para que me entendiera la madre de mis hermanas espirituales. Luego ellas me dictaban en quechua sus respuestas y yo las escribía en castellano. Quizá eso sea el origen de que yo pueda ser ahora un traductor. Recuerdo que Abancay traduje casi todo ‘El Quijote’ al quechua para mostrarlo con novedad en el pueblo”, dice.

Aquí una aclaración. Su madre sí venció el analfabetismo, digamos. “A los 64 años de edad, le enseñamos a dibujar su nombre. Era muy sabia. No sabes lo que ella podía hacer, creaba canciones, enseñaba Música, enseñaba cómo vivir”, dice, con otra noble tristeza.

Qué cojudo eres
Al brillante estudiante Leo casas, el ministro de Educación Carlos Cueto Fernandi le concedió una beca a raíz de que ganara un concurso de poesía. Podía estudiar lo que quisiese, en la Universidad que quisiese, aunque a Cueto y a su esposa les hubiese gustado que estudiase en La Católica. Leo casas eligió la Facultad de Derecho de San Marcos. La beca era integral. Cubría estudios, vivienda, alimentación e incluso dinero para la recreación dominical.

Pero para él la beca tenía algunas inconvenientes. El dinero venía de un programa educativo de la OEA cuyo mayor financista era Estado Unidos y de una minera norteamericana y prohibía que el becario realizara actividades políticas. Esto le molestaba a Leo casas porque creía que estaba estudiando con el “dinero de imperialismo” y quería seguir siendo libremente dirigente estudiantil.

En aquellos tiempos tenía ya inquietudes políticas y se consideraba de izquierda y se sentía mal teniéndolo todo mientras sus compañeros la pasaban mal. “Eran tiempos en que ser obrero era lo máximo y yo renuncié a la beca y no sabes que bien me sentí. Fui a contarle la noticia a mi amigo Hildebrando Pérez para compartir mi alegría con él. Hildebrando me escuchó la noticia y me dijo: qué cojudo eres, compañero. Fue la única vez en mi vida que le escuchado una lisura a Hildebrando”, cuenta.

Leo casas es un hombre sano y bueno que ahora es ejemplo de solidaridad y amor a la cultura andina. Sigue luchando a su manera contra los abusos, contra la discriminación en perjuicio de la cultura andina.

Su canto regala alegría y el sonido de la mandolina es Música grandiosa. Se considera un indio blanco y por indio conoce los problemas del país. Es un amante de la Música andina. Leo casas es viajero andino que va de pueblo en pueblo dejando sabiduría.

Paco Moreno
Redacción

miércoles, 13 de octubre de 2010

Calle Grande Grand Street 6 / Fredy Roncalla



Foto y texto por Fredy Roncalla


Te recuerdo Amanda. La primera vino del sur. Cinco minutos. Eterna metáfora acústica. Pasos de amante revolucionaria alumbrando praderas de poesía y vida. Posteriores desgates. Dictaduras. Muerte. Otras historias. Círculo trazado por la muchacha de entonces sentada en casa quemada. Eternidad ya fue hasta nuevo aviso. La segunda, una morocha cochala, lunareja creo, de una tristeza tan sexy como su larga y abundante cabellera, que terminó en Ithaca, al revés, varada por un gringo que le dijo no tan pronto la trajo, sin poder regresar a su tierra firme, y hablando de amores partidos. Fue cuando llegaron los primeros exilados chilenos. Y los recibieron gente buena que extendió redes solidarias con nicaragüenses, guatemaltecos, salvadoreños y chiapanecos del sub. Pero con los andes nada. Sólo el plusvalor académico de pobres e indígenas. Acaso, flaca, tercera y principal Amanda, ello se retrataba en tus ojos de tiempo empozado mientras pasabas largas horas mirando a las musarañas al lado nuestro. Habiba había descubierto que el Ivy League era buen punto de venta, y no importa que el John Murra pasara adelante con cara de cachaco le acepté un canto para mis aretes de escama de mero. Pero no, eso andaba muy abajo en los sedimentos del silencio, vasos comunicantes con la violencia en los andes de los cuales los pocos llaqtas no hablábamos para no entorpecer el impecable exilio, esa bandera que abría afectos pero no calmaba el fuego. Lo tuyo venía de Chinatown y anidaba en el ocaso de la contracultura en Cornell. Nunca los vi juntos, pero andabas con el David, un chino reteloco que era migas con los hermanos Duffy. El uno un adicto al dolor y un vago de primera y el otro, para estar a tono con la elite de literatos y fumones de College Town, chancándole duro a los insufribles arwi arwis conceptuales y sintácticos del Antiedipo. ”Uno es la vida y el otro es la muerte” dijo David un día que le metimos cerveza como descosidos. Pero quién sabe si los inicios de la postmodernidad fueran también otra forma de esconder el horror contra, y que la verdadera vida estuviera en la tristeza del vago. De esos cholos irlandeses siempre sentí más cercano al Tim, un exilado como nosotros, marcado por la propensión de seguir mirando allende nubes que se perdían al otro lado del West Hill sin que llegara señal salvadora. Tal vez en el fondo David pensaba lo mismo, porque dentro suyo la estridencia de la risa apuntaba al repetido momento en que su novia lo dejó para casarse con su propio hermano. Paw, desapareció como otros malandrines que venían por el verano. Y sentada frente al Williard Straight Hall, preguntabas por él, por él, con la misma displicencia con que ibas a clases cuando moría un obispo. Yendo a dormir en pos de ciertas claves he preguntado a los sueños si este es el momento de hablar del vacío, del otro lado de lenguaje, de los significantes que flotan sin amarres, donde todo es caos y uno vuelve a las palabras, efímeras, como hojas de sauce bajando por un torrente, y sobrevive por que están los andes, inmensos y ciertos, en cada momento. Que importa. Nos fuimos. Compré caballo blanco chaymanta ripunaypaq, un viejo micro wolksvagen de camping, que se podía arreglar a martillazos en el solenoide para no prenderlo empujándolo cuesta abajo. Un día, viniendo del Bronx a Harlem, se rompe el cable del acelerador. Lo parchamos con un largo wato y Faus tenía que jalar la pita mientras yo manejaba. Mi housemate renegó cuando le hacía tirar el wato caminando delante del carro para aparcar. Falto de civilización, había vivido en Puno y en la selva, pero no podía comprender, como sí los crolos del Harlem, que cuadrar así era lo mas normal del mundo. Otro día andaba por los empedrados cuzqueños del West Village y pan dan gán se cae el motor. Viene el Vito con su caja de herramientas desde Brooklyn, levantamos el motor con una cadena y lo llevamos de vuelta a Harlem. Pero ya el caballo blanco, como reflejando el mal de amores del jinete, no daba más. Se lo regalé a un homeless de Amsterdam y la 108, que vivió ahí por unos meses hasta que una grúa de la ciudad, de esas que permiten a ciertos empleados el placer perverso de negarle a la gente desvalida la última rama para no caer al abismo, se lo llevó a un canchón de chatarra, como harían tiempo después con el van rojo de una pareja de viejos portorros, que vivían en la 110, al lado de Saint John de Divine, que dicen no se terminará de construir mientras hayan pobres en el mundo. Era otra de la larga colección de carcochas que siguieron al caballo con la cual llegué al East Village Rumbo al Bocachica. Había escuchado a Guillermo Portabales en el mercado de Caquetá, junto al cine Ramón Castilla, donde una gorda de mini bailaba hasta el cansancio “El Carretero”, mucho antes que el Sid nosecuantos le pusiera, en Buena Vista Social Club, unas líneas de sliding guitar a Compay Segundo solamente por joder. Ahora iba en busca de Afroandes, que los viernes en la noche, a la una de la mañana, armaba un rumbón de poca madre. Julián era un chatito mochica chimú, todo tiza, que junto a Vitaminas, un cajacho chalaco en el bajo, su medio hermano en el timbal, y Zarandonga en el cajón, el saoco, y “carne blanca hasta de hombre”, marcaron época tocando guajiras de los Compadres y charangas cubanas, y un merengue apambuchado “a mi no me gusta la gorda/ a mi sí me gusta la flaca” que a los dominicanos, que ya bailaban sus huaynos, les sonaba a naca la pirinaca. No estaban. Ahora en el Nuyurican Poet’s Café sería el momento del Poetry Slam, en que poetas de toda calidad estarían concursando por aplausos al mas puro estilo cachascán, que no lo hubiésemos imaginado ni en las horas más delirantes del Wony. Enrumbé a un nuevo local en la Avenue A donde habían dicho había un buen DJ. Ahí estabas, bailando salsa, pura carcajada, la larga cabellera, ay dió, lunareja también. Cerca a Grand Street vivías en el último piso de un walk up de West Broadway. Por entonces andabas con algún Manuel ignoto y yo más flechado de amores que un puerco espín tiqrampa. Pero, sin los abismos fatales de una Mata Qari tipo Nadja, especialidad de la casa, tenías aun cierta botella de leche que te emparentaba con la María del mejor poema de Eielson. Hay momentos de afecto, frágiles y preciosos, cuando con lenguajes compartidos ambos espíritus se desnudan y llegan a rollos mayores sin que los polvos, si no son sagrados, interrumpan y nos vuelvan a lo banal. Tal vez intentamos aquello, pero tu displicencia seguía un misterio. Quien sabe cómo habías terminado leyes y trabajabas cuando no había de otra. Y venías a quedarte, espalda que jala compradores, sentada en el changarro por largas horas, fumándonos unos cigarros, llevando a tu vieja abuela que le metió a la costura como tus padres, y con el timing perfecto como para no estar al mismo tiempo que algún fling del momento. Cuando en Morningside Park recogieron las hipodérmicas de los junkies y limpiaron la maleza, decidieron construir una paqcha frente a la ventana. Caía a una pequeña laguna y volvía a subir por una bomba. Agua reciclada, latas de cerveza y gaseosas, papeles. Algunos trabajadores del parque limpiando de vez en cuando. Pero un sonido que llevaba a las claras vertientes de la puna. Mirar la cascada, algún Apu. Viajar gratis. Mas tarde vino una vieja empujando una carretilla y sus cañas. Pescaba unos cangrejillos del tiempo en que los dinosaurios eran bebes de leche. Cómo se aparecieron, en el mero Harlem, en aguas iban de ida y vuelta sobre el mismo punto? Sería que la doña los puso ahí para recordar algún bayou que llevaba dentro? Los que no fueron plantados ahí fueron dos cisnes que hicieron nido en medio de unos juncos que ya crecían al pie de la paqcha. Una pareja que remontando siglos posó su blancura romántica en una laguna artificial. No los viste. Pero hablé de ellos como loco en tu walk up de West Broadway, donde finalmente supe de tus secretos poemas. Nunca los publicaste. Ni los leí. Eran palabras sin casa, que te llevaron hasta el fondo del mundo, al borde de alguna roca seca de Australia, desde donde escribiste una última postal que da cuenta, Amanda, de tu eterno caminar en la ausencia.

lunes, 11 de octubre de 2010

Lagunita de Incawasi / Maria Jesus Rodriguez Incuyo y Roxana Gutierrez

Aqui el unico sonido disonante es la percusion electronica, pese a que el men le pone ganas. Lo demas es de una gran belleza, y que bueno que se junten estas jovenes talentosas del sur de Ayacucho

¿SOY ACTRIZ PERUANA O REGIONAL? / Magaly Solier


tomado del Blog de Magaly Solier via Peru Apartheid
HOLA A TODAS Y TODOS.

QUISIERA DAR MI OPINION. SE QUE OTRA VEZ ME DIRÁN QUE “CIERRE LA BOCA”, “QUE SE CREE ESTA CHOLA, ESTA INDIA”, PERO ME DA LO MISMO. ESTE ES MI BLOG Y MI MEDIO DE EXPRESION.

QUIERO QUE ALGUIEN ME EXPLIQUE PARA QUE SIRVE EL CONACINE. ¿PARA APOYAR AL CINE PERUANO? ESPERO QUE SI, PERO SEGÚN VEO SIRVE MAS PARA APOYAR UN GRUPITO DE ARTISTAS LIMEÑOS AMAMANTADOS DESDE HACE AÑOS POR LOS IMPUESTOS DE TODOS LOS PERUANOS, INCLUIDOS LOS PROVINCIANOS. HAY QUE DEJAR LA TETA Y COMPARTIR EL PEZÓN DE UNA VEZ.

SE LE DICE “CINE PERUANO”, SI, ESE QUE GANÓ UN OSO DE ORO EN ALEMANIA, SÍ, ESE QUE FUE NOMINADO AL OSCAR®. CINE PERUANO, NO CINE LIMEÑO.

HACE UNOS DÍAS LLEGARON “A LA LIMA” DESDE PROVINCIAS MUCHOS DIRECTORES Y ARTISTAS AUDIOVISUALES PARA SER RECIBIDOS EN LA COMISON DE EDUCACIÓN, LA CUAL LES DIO SOLAMENTE 5 MINUTOS PARA DECIR LO QUE TENIAN QUE DECIR, 5 MINUTOS!!! ¿QUIEN PODRÍA EXPLICAR EN 5 MINUTOS AÑOS DE FUSTRACIÓN? ¿QUIEN?

EL CONACINE PRACTICAMENTE OBLIGA A LOS CINEASTAS “REGIONALES” A TENER QUE VENIR HASTA “LA LIMA” PARA PODER INSCRIBIR SUS PROYECTOS CINEMATOGRÁFICOS “REGIONALES” Y ASI PODER POSTULAR POR UNA AYUDA PARA COMPLETAR EL FINANCIAMIENTO DE SUS PELÍCULAS. HASTA ALLÍ TODO LÓGICO, PERO LA COSA ES QUE ME ENTERÉ QUE YA ESTANDO AQUÍ EN “LA LIMA”, EL CONACINE DECIDE SI LOS INSCRIBEN O NÓ AL CONCURSO. OSEA, LOS DISCRIMINAN, POR QUE SEGÚN ELLOS, EL CONACINE DECIDE QUIEN ES DIRECTOR O NO.
SI UNO VA A INSCRIBIRSE, PUES SE RECIBE LA INSCRIPCION, ¿CIERTO? ¿O ES UN CONCURSO CERRADO Y NO ABIERTO A TODOS LOS PERUANOS?
CUANDO LOS CINEASTAS DE LA CAPITAL VAN A RODAR SU PELICULAS A PROVINCIAS… ALLI SI HAY QUE TRATARLOS BIEN. TENEMOS QUE SER SUS CHOLITOS Y DARLES TODO EN LA BOQUITA, SU AGÜITA CALIENTE, SU PASTILLITAS PARA EL SOROCHE, SOPORTAR SUS GRITOS DE MANDONES Y COMER UNA PLATO MAS FEO Y BARATO QUE EL EQUIPO QUE VIENE DE LIMA, SIN PRESITA.

OSEA, ¿ES COMO UN “AVATAR” PERUANO?, POR QUE DE CINE SE TRATA , ¿NO?

YO NO SOY ACTRÍZ, NO TENGO MI PAPELITO NI CARTONCITO QUE DICE “ACTRÍZ”, PERO SIN ESO HE PARTICIPADO EN PROYECTOS INTERESANTES QUE HAN PUESTO AL PERU EN BOCA DE TODOS, Y…AH, SI, AHORA RECUERDO, “SOY SERRANA, HABLO QUECHUA Y COMO PAPA”….Y SOY “ACTRÍZ” .

¿NO PUEDE HABER ACASO, LA SOSPECHA AL MENOS, DE QUE EN LAS PROVINCIAS DE ESTE PAIS EXISTA AL MENOS, UNO, SOLO UNO, QUE TENGA REALMENTE TALENTO?

EL CINEASTA “REGIONAL” PERUANO Y TRUJILLANO RÓGER NEYRA FUE SELECCIONADO ESTE AÑO EN EL FESTIVAL DE CANNES, SI, COMO LO LEEN, EL FESTIVAL DE CINE MAS IMPORTANTE DE FRANCIA, EN LA SECCION SHORT FILM CORNER CON SU CORTOMETRAJE Q’EROS, HOMBRES DE ALTURA, SELECCIONADO “entre más de 1500 trabajos provenientes de más de ochenta países.”
OSEA, SI HAY TALENTO EN LAS PROVINCIAS DEL PERU. SIN AYUDA DE “LA LIMA”

PERO HASTA EN LAS MEJORES FAMILIAS PASA:
EL DIRECTOR PERUANO, RAUL DEL BUSTO TIENE AUN SU PROYECTO LLAMADO LAS CENIZAS:
La productora Intro Films ha informado que su proyecto Las cenizas, que será dirigido por el director Raúl Del Busto y viene siendo seleccionada en distintos festivales en esa etapa del proceso, como Rotterdam, BAFICI, Locarno y Cartagena, ha conseguido involucrar dos grandes nombres en su esquema de coproducción: Lita Stantic Producciones y Mantarraya Producciones.
En el primer caso, se trata de la empresa de Lita Stantic, una de las artífices del Nuevo Cine Argentino, con títulos como La ciénaga y La niña santa de Lucrecia Martel; Mundo grúa de Pablo Trapero; Bolivia y Un oso rojo de Israel Adrián Caetano; Camila y Yo, la peor de todas de la desaparecida María Luisa Bemberg; y la opera prima de Paz Encina, Hamaca paraguaya.
Mantarraya, junto con No Dream Cinema, son las naves con la que Carlos Reygadas está navegando por las mejores aguas del cine mundial, con sus obras Japón, Batalla en el cielo y Luz silenciosa, y que además le han permitido distribuir cintas como las del argentino Lisandro Alonso (Los muertos) y La muerte del señor Lazarescu, la obra maestra del rumano Cristi Puiu.

http://www.cinencuentro.com/2008/04/08/carlos-reygadas-y-lita-stantic-coproduciran-las-cenizas-de-raul-del-busto/

DENTRO DEL CASTING HABIAN NOMBRES DE ACTORES COMO ENRIQUE VICTORIA Y CARLOS GASSOLS…Y UNA CARTA MIA ACREDITANDO MI PARTICIPACION. BUENO, LE NEGARON LA AYUDA AL SR. DEL BUSTO. ¿POR QUÉ? SEGÚN SUPE, POR QUE CON TODO ESE APOYO, ESTE PROYECTO NO NECESITA AYUDA DEL CONACINE. OSEA, LA PRÓXIMA VEZ QUE MI CLAUDIA POSTULE AL CONACINE, ¿TAMBIÉN LE VAN A A NEGAR LA AYUDA? HAY QUE DECIR QUE SIN LA PARTICIPACIÓN DEL CONACINE, UN PROYECTO HECHO EN EL PERU, POR PERUANOS, NO PUEDE REPRESENTAR AL PAIS EN EVENTOS O FESTIVALES DE CINE INTERNACIONALES. SI ME EQUIVOCO, QUE ME CORRIJAN POR FAVOR LOS ERUDITOS CON DIPLOMAS EXTRANJEROS.

LO MISMO SUCEDIÓ CON LOS SONIDOS PROFUNDOS, DEL MULTIPREMIADO DOCUMENTALISTA PERUANO JAVIER CORCUERA, DEL CUAL ESTOY MUY ORGULLOSA DE HABER PARTICIPADO. LA MUSICA PROFUNDA DEL PERU ESTÁ EN ESTE PROYECTO, LA PROFUNDA, NO LA DE MODA. NO SABEN EL GRAN ERROR QUE HAN COMETIDO.

BUENO, YA PARA DEJAR ESTO Y TOMAR DE UNA VEZ MI HEPABIONTA CON EMOLIENTE, YO APOYO LA LEY QUE PROPONE:

*- Cambios buscando hacer los concursos más democráticos, inclusivos y descentralizados, y las convocatorias de los concursos de manera transparente y menos engorrosa.
*- Difusión masiva de películas peruanas, latinoamericanas y culturales, incluyendo mediometrajes, documentales y cortometrajes, en coordinación con los municipios provinciales y distritales.

ESPERO QUE LOS ARTISTAS “REGIONALES” NO TENGAN QUE VOLVER A PASAR POR ESTOS TRAJINES Y VERGÜENZAS (COMO CUANDO UNA CONGRESISTA COMPAÑERA, EN PLENA EXPOSICIÓN, SIMPLEMENTE SE FUE DE LA REUNIÓN Y OTRA, COMPAÑERA PARAR VARIAR, SE BURLABA DE ELLOS DEBAJO DE LA MESA DE “POBRECITOS LOS DISCRIMINADOS”).

TENGO FÉ EN QUE LA SRA HILARIA SUPA, COMO ACTUAL PRESIDENTA DE LA COMISION DE EDUCACIÓN (QUE ADEMÁS ES COMISIÓN DE Ciencia, Tecnología, Cultura, Patrimonio Cultural, Juventud y Deporte), COMO MUJER LUCHADORA PROVINCIANA, COMPRENDA POR LO QUE PASAN SUS “PAISANOS REGIONALES” Y HAGA ALGO REALMENTE FAVORABLE PARA TODOS LOS PERUANOS, PARA TODOS.

MAGALY SOLIER ROEMRO
“ACTRÍZ” HUANTINA REGIONAL Y PERUANA DE CORAZÓN.

Calle Grande grand street 5 / Fredy Roncalla



Texto y foto por Fredy Roncalla

Tal vez en algún rincón blog, de esos que abundan por ahí, haya algo sobre Lezama Lima y Thomas Pynchon. Para mi la cosa es simple. Me perdí en ambas enredaderas geniales. Bajando por una hoja de palmera de Paradiso y entre los escombros dejados por la lluvia de bombas en Gravity’s Rainbow. Debí preguntar a Santa, que estuvo en Londres y Francia como fotógrafo del ejército, pero él sólo repetía anécdotas sin proyectil alguno. El sánguche de pavo y horseradich que me ha traído en la mañana tomando su bus desde la calle once tiene larga data. Lo había visto en tiempos del Flea de Broadway y Tower Records, donde empezaron muchos, mis vecinitas de frente, que terminaron colocando Laila Rowe’s en todo el país, las camisetas Spoo, la platería gótica de René, e incluso una joven adicta a la heroína que dejó a su japonés por Paradise, un traquetero de Trinidad, y terminó en una larga crónica del New York Times como la hooker mejor vestida de la ciudad. Ahí le traía cristales y cuentas a la muchacha de lado. Todo un Papa Noel, con su camiseta, pelo y barba blanca y su ropa roja. El Santa más Santa. Pero fue Rubén, que hasta ahora no ha dejado fumar sus baretos, y es tan pacifista que no iza ni una bandera blanca, el que consiguió una tienda para compartir y llamó a unos cuantos a Saint Mark Place, capital punk. Pre-posmodernos, mucho antes que aulas y libros académicos le dieran al bombo multicultural hasta el cansancio, los mercados ya reunían su variedad. Junto a Rubén y esposa, hippies de toda a vida, andábamos una rubia de aretones de alambre y flores, la inglesa de los sombreros, una vieja brasilera mayorista de rhine stones, el vende ropa israelita, infaltable, un par de africanos, del que Shamakí se parecía a San Martín de Porras, pero tenia un genio del diablo, y este cholo, que con sólo abrir la puerta e ir a Astor Place, consiguió músicos para hacer un grand opening con bombos y zampoñas. Todos compraban de Santa, que se aparecía a diario con cuentas y aretes hindúes antiguos que vendía con infaltable sonrisa. Había salido en infinidad de afiches y una postal donde el Santa está trotando al borde de un lago, y voltea hacia una joven desnuda con cubre todo abierto hacia él. Es el que mira la gente del barrio desde un techo del mural del antiguo Veselka, entre los que estaban un mulato de sombrero charro con un chorro de adornos de plata, y el Allen Ginsberg, su vecino de la calle diez. No sé si había conocido al vate, pero tiempo después, cuando cenábamos de la Pequeña Polonia o andábamos por ahí, contó que le había corregido unos errores a E. E. Cummings, que vivía al frente suyo, en el West Village. O era al Ferlinghetti? Gustaba reír al repetir sus historias con frescura, mientras sacaba un par de aretes del bolsillo y se lo regalaba a la mesera o encontraba un caramelo para los niños. Su pasión eran las cuentas. Lentejillas, ágatas y filigrana hindú, cristales japoneses y savarosky, plateados checos y austriacos que había comprado a precio de huevo y vendía a los traqueteros del East Village. Ya después, luego de la época dorada de los aretes peruanos, le entró por las cuentas de cerámica de Pisac, que le traía de vuelta yendo hasta el mero Valle Sagrado o en el laberinto de Polvos Azules. Le decía que el laborioso proceso de pintar llamitas, vestigios de awasqa y diseños utopoincaicos de las cuentas de Pisaq, nunca fue bien pagado, y que cansaba la saturación churrigueresca de los detalles. Pero nada, “a mi me gustan”, Santa las usaba para hacer sus aretes. Sencillos diseños celebrados con el placer por los pequeños detalles con que transitó la guerra a puro clic, la época beatnick, hippie, postmoderna y multicultural. Corazón grande de viejo ateo judío. Abuelo honorario. Viejo number one. La última vez que le traje un puñado de cuentas ya vivía en Virginia. La diabetes y un par de derrames habían hecho efecto y un día el Santa se internó en Bellevue, hospital de locos, donde se enamoró de una enfermera. Pero era mejor que viviera más abajo de la línea Maxon Dixon al cuidado de su hija, quien le sacó el mismo corazón abierto. Además, ya el Pynchon había escrito un último ladrillo sobre la afamada línea. Ahí lo visitamos el gordo Stan, Stacy, una china irlandesa del NYPD, y yo: su familia adoptiva. Valía manejar cinco horas pasando Washington para invitarle los mismos huevos revueltos en IHOP y pasear por las tiendas de un dólar donde siempre encontrábamos algo con que hacer la próxima línea exitosa de joyería. Algún heraldo de Vallejo declaró que hay un momento que a las madres les parece que sus hijos están poniéndose viejos, pero enfrentados al prosaico deterioro de los mayores los exilados globales nunca sabemos cuando será el último abrazo y retorno a las moradas baldías desde donde ya planeamos el próximo viaje apenas llegados. Son tantas las utopías del retorno. Y pensar que cuando uno iba a Chalhuanca pasando Trigo Orqo, sabía que por ahí empezaba la vuelta a Huaraqo. Lo final es cuando el péndulo se queda en un sólo lado y no sabemos qué culebra se cruzó en el camino. Cuando Santa sabía que llegaríamos miraba ansiosamente la ventana y después sólo podía estar despierto una media hora. No importa, era bueno acompañar al abuelo como me hubiese gustado hacerlo con tíos, con mi padre, que se fue donde el silbido del ichu hace la soledad más penetrante, y con Juan, poeta mayor, que andando por el otro lado del lenguaje se nos iba desde hace tiempo y se nos va a cada rato. Un febrero de carnaval de aguas sucias en Lima supe que Santa dejó este mundo. Su hija guardó sus cenizas hasta mayo cuando lo enterramos en Arlington, con honores militares para un buen hombre, cuyo epitafio oficial dice: “fotógrafo comercial y modelo de Santa”. Yo habría dicho, en tiempos convulsos, de loca sintaxis globobarroca, tuvo la valentía de ser retratado por una frase diáfana: “vivió con los ojos abiertos y fue feliz”. Que los Apus y sus doñas le reciban sus aretes de cuentas de Pisaq.

miércoles, 6 de octubre de 2010

Calle grande grand street 4/ Fredy Roncalla


Texto y foto por Fredy Roncalla

Una sutil fiebre amarilla me invade. Son antiguos los tiempos de las de medio oriente, y va en jaque la floreciente belleza postmoderna de las cholitas de la llaqta y las que veo pasar por aquí, aunque una cálida belleza abanquina me saque de peligro por un rato. Pero ya la hechada suerte va tendiendo sus antojitos. De las japonesas la tendera de calle cuatro que para mala suerte tenía una hermana igualmente bella. Desde las antabambinas imposible hacer un kinsa menage con incesto. Otra que hacía sus aretes hot chili pepper. La changuita punk y las suavecitas kawai, truchitas de agua clara nadando en torno al resplandor de aretes y anillos. De las tibetanas esa suavidad casi andina con su toque budista: amor con yapa espiritual. Nirvana mana nunana. Y las chinas. Herejes, afectándole a este casi cantor chupa caña. Pero ahora, suave nomás, hablar con la Chunchulí es pura amistad. Paranoica y trabajadora. Vendía bolas de masajearse las manos allá en Houston Street. Luego vestidos. Y joyería. Un día se fue a México con cinco mil varos y como no conocía a nadie durmió en una banca del Zócalo. Vino de vuelta con un chorro de anillos que amarraba de uno en uno a sus bandejas para que los choros no le roben over there. Su mesa más parecía telaraña que otra cosa. Desde el comienzo era un poco chiflada, pero fue empeorando cuando su niña de unos once o doce años cayó en manos de un landlord sátiro y ella no pudo hacer nada. Encima su propia madre le cobraba para ayudarle a vender sus cacharros, que ahora eran magnetos peruanos comprados a Félix, el resucitado de Huaraz. Entrada la tarde se le aparece Flores. Pintor emérito de Cuenca. Ganador de una importante bienal hace un chingo de años. Fugado de la justicia ecuatoriana. Borracho consetudinario. De terno, tufo y sonrisa. De un tiempo acá vendedor profesional de bolas en China Town, en donde dice el Al Pacino había querido sorprenderlo en varios idiomas, hasta que él lo jodió conversándole en francés. Ahora ayuda a la Chunchulí y hablan en chino. Debió aprenderlo años antes, cuando con un peruano mascafierro regentaban varios edificios en China Town haciéndole al dueño el trabajo sucio de cobrar la renta y llevar a la corte a los morosos, no importa que ni Flores y ni el mascafierro fueran legales. Only in Nuyolk. Como premio a eso tenían un edificio más abajo de Canal Street, un lugar sin límites, una página no escrita de Donoso, una chingana, en donde uno entraba y salía en el submundo de Huanuco, hace mucho, tirándose una tranca con don Julio, que me jaló de la pampa de Junín en su colectivo interprovincial, pasado rápido por territorios de Escorza, bajado a todo cuete de Pazco a Huanuco, donde lo esperaban varios paracaidistas profesionales, para tomar con él todo lo ganado en el viaje. Tras dos días, en un huarique donde recalaban los últimos náufragos de la noche, con una niña de mesera y un enano gay de ayudante, se me queda en la memoria, para siempre, el desgarramiento de una anciana alcohólica a la que don Julio debe comprarle un cañazo. Aun veo la culpa en sus lágrimas, aunque mejor debía haber prestado atención a un hanllako que andaba quejándose de la reforma agraria. Presagiaba, años después, luego de una guerra cabrona, ciénagas derechistas. A los días, mientras comía una lata de atún en la plaza de armas, se aparece un kichkato al que le falló un pase y propuso llegar hasta Pucallpa. En la cálida Tingo Maria, luego de espantarnos con un millón de murciélagos en la Cueva de las Lechuzas, esperamos un jale a la salida del pueblo. Llega un camión Volvo del que baja una mujer maleta en mano. Se dirige a nosotros, “ustedes cargan mi maleta y yo tiro dedo”. “Ta’ bien”. El kichkato y yo nos miramos frotándonos las manos. “Ese me ha querido forzar, pero le he sacado cuchillo y casi lo corto”. No era para asustarse. Era una mujer jovial y empezamos a caminar como si Pucallpa estuviera a la vuelta de la esquina. Bajando por Broadway, Flores y el mascafierro tenían un alojamiento donde gitanas, obreros chinos y vagabundos convivían con mercachifles mayoristas de Ecuador, Perú y Guatemala. Franco precedió la invasión otavaleña en los mercados. Vendía camisas de algodón y chompas. Tomaba poco y eran migas con el resucitado, huamanguino Carmen Alto. El que sí le entraba, y duro, era Sebas, gordito poronguito guatemalteco. Hacía sus cuentas en pedazos de papel bond. Un día perdió un recibo de quinientos varos, “no importa, decimos que nos hemos tomado unas cervezas”. Se quejaba que sus paisanos le odiaban porque viajaba mucho, pero como comerciante internacional se vengaría construyendo un hotel. Y ya, los tres alegres tigres tenían controlado el mercado de bolsas, huipiles, chompas, arpilleras, y magnetos que chinos y coreanos perseguían como nicotina ausente. En este túnel, cuasi hotel de mala muerte de la vieja Lima, lo único que faltaba era un ekeko. Ese día el kichkato y yo seguimos a la pucallpina selva adentro. Jales cortos y mucha caminata. Ella adelante entre risas e historias. Nosotros tratando de acercarnos sin poder pasar cierto límite férreo. Y sin embargo su existencia era un acto de generosidad. Con ella eran bellos los baches arcillosos, los mil verdes de cerros y quebradas, el agua de los riachuelos, la culebra que casi pisa el kichkato, la sopa de pituca de un chacarero, los pañuelos que le vende a una doña para tener algo en el camino, y la forma que convence al chofer de una station wagon llevarla hasta Pucallpa sin olvidar darnos su dirección. Estoy seguro que el kichkato no había leído a Sartre y yo no lo había entendido un carajo, pero nos agarró un frondoso y selvático vacío. Pasamos de la plenitud a la nada sobre el pucho, y de esta no nos salvábamos así Godot se apareciera. Con las justas conseguimos sitio en un Arellano y ya entrada la noche no importaban ni el Boquerón del Padre Abad ni ocho cuartos. Llegamos a su casa al atardecer del día siguiente. Nos recibe un hermano, con una sopa de doncella. Ella ya se ha embarcado a Iquitos en busca de su hija. Nada del día anterior dio a pensar que la movía tanta ausencia, pero dejó encargado que nos alojaran en su casa. No sé ni su nombre, ni qué sería del kichkato cuando nos despedimos en la Plaza de Acho, pero aquella mujer es una a las que siempre he recordado, y más ahora, cuando ya los toldos cubren los puestos hasta la próxima jornada y se prenden las luces de la ciudad como luciérnagas de otra selva y Flores ayuda a la Chunchulí cargar unas cajas over there y el guardián del Flea que cuida un pabellón de choros avezados en Rikers Island abre una maletera llena de cerveza para los que se quedan a acampar en Broadway y Grand y a las once de la noche pasan mámises de todo tipo rumbo a los clubes y llega una china con un bolso enorme a recoger latas y botellas vacías cerrando el periplo de los homless inaugurado por el play de honor mañanero de un loco marielito de risa estridente fan de Malín Falú que siempre pide radios a pilas.