jueves, 30 de julio de 2009

Discurso de Alberto Pizango

Aqui el interesante discurso de Alberto Pizango por fiestas patrias. Aqui lo criollo se presenta como el otro opresivo, pero hay ademas varias propuestas sugerentes desde una articulacion amazonica sin cuyos intelectuales la discusion sobre los temas pendientes no es solo imcompleta sino que depende demasiado de la sistematica desinformacion de los medios e intelectuales funcionales. La intelectualidad funcional es pura doxa, convierte a la democracia en una utopia, y niega el pilar central de la modernidad: la relacion del discurso cientifico con la verdad y la realidad. Pero mejor leer, sin necesariamente estar de acuerdo letra por letra, a un pensador amazonico importante. El discurso.

lunes, 27 de julio de 2009

Almas en Pena en Valle Sagrado/ sobre Odi Gonzales

Almas de Valle Sagrado: dos libros de Odi Gonzales



Cuando por fin conocí a Odi Gonzáles hace unos buenos años ya había visto su Valle Sagrado en Lima. Esa noche, luego de un homenaje a Brozovich, y en compañía de Mario Guevara, Martin Lienhardt y unos estudiantes sanmarquinos recorrimos hasta los últimos rincones de la bohemia del Cusco tomando las cervezas habidas y por haber. Noche que no podía terminar sin su caldo de cabeza cerca a un mercado, cantando, debidamente desafinados, “cuerpo soltero porque no descansas/ noche a noche pasas mala noche”. Desde entonces he prestado atención a la evolución de un lenguaje poético andino vital, nuevo, lleno de humor, pleno y sin complejos en la obra de Odi. Ya en 2006 junto a Raoul Sentenat, tradujimos al inglés la “ultima cena” que iría a ser parte de Escuela del Cuzco, para la sección de escritores peruanos de la revista Avenue B. Y en 2006 hice unas traducciones a ingles llaqta de sus poemas en quechua y castellano que acompañan el catálogo “Vírgenes Urbanas” de Ana de Orbegoso.
Odi acaba de reeditar en un mismo volumen dos poemarios, Valle Sagrado (1993) y Almas en Pena (1998) que pertenecen, según el, a un mismo ciclo. Y al mismo espacio privilegiado del Valle Sagrado diría yo. En 1980, pasé unos breves meses en Yucay buscando descendientes de incas y recogiendo tradiciones de los cuentesteros. Ahí, en Konchawillka, pude codearme con los Kusiwallpa y los Lira, que habían sido los más mataperros de la comarca y tenían un peculiar sentido de humor. Pude también escuchar cuentos de ánimas, aparecidos, almas, chaska estrellas, males de aire, gentiles, y yuntas de oro bajo árboles mágicos. Desde entonces, cuando puedo, regreso a Yucay dándome una vuelta por Pisaq, Calca y Ollanta para nutrirme no sólo del paisaje sino de los amigos, sus historias, su manera de contarlas. Será por eso, y por ser su paisano apurimeño, que las historias que cuenta el autor me suenan tan cercanas.
Pero esa sensación de familiaridad es mas bien un logro del poeta Odi González y no requiere de una lectura emprendida con la ventaja de un acervo ya conocido. En Valle Sagrado y Almas en Pena Odi Gonzáles toma de su tradición y nos retrata una serie de personajes y situaciones con versos y estrofas cortas, claras y precisas, de gran eficacia narrativo descriptiva, ya distante del dialogismo y la abundancia verbal de los registros orales, pero manteniendo en todo momento su tono coloquial. Se trata de una puesta en escena de personajes y situaciones con un toque de transgresión y humor y con cambios de plano descriptivo y voz narrativa. Pero la visualización y la cercanía del texto al lector se hacen posibles mediante un distanciamiento emocional que cuenta las cosas “como son” pero a partir de una serie de trasgresiones, como diciéndonos que una negación esencial subyace a cada etapa del tránsito vital de los personajes. En Valle Sagrado Santusa, mujer del Sacristán declara “como Jacinto Peña…/que hizo leña/ la santísima cruz/que tenia dentro/ en su zaguán, y/ sin mas pena/ lo metió al fogón/ por las puras… Dios nos perdone señor”, mientras Benito abre el libro diciendo “A estas alturas/ no debe quedarme ya/ un solo pecado señor”.
Queda claro que el dios cristiano está presente desde las alusiones bíblicas de los segmentos de ambos libros como en los poemas en los que es punto de partida de la trasgresión. Por que en el fondo la fe en el valle suele ser carnal y movida por el deseo, como lo demuestra aquel organillero ciego que recorre noche a noche el cuerpo arrugado de una beata. Y porque en el descenso del peregrinaje al Señor de Huanca, hay “agua del niño agua limpia/ con poderes curativos” y “agua del demonio agua turbia/letal/ que atrae con la fuerza/ de la tentación”. Ambas del mismo lugar. Otra área de trasgresión es la que tiene que ver con la sexualidad y las relaciones amorosas que casi siempre se dan por hurto, por una escapada al maizal, o por amor al gordo talle de las caseras del mercado “más chasis que motor”. Un extremo, ya de Almas en Pena, es aquella mujer que solía ser golpeada por su marido que se consolará con su hermana luego de su muerte. Otras referencias corporales tienen que ver con los orines, los excrementos, la sexualidad femenina expuesta y los restos de los antiguos, el mejor abono, rojos no de ira sino de frutillada.
Pero la mayor demistificación se da en lo relativo a la muerte, que pasa a ser tema central. En la sección volcaduras, donde “un rato/ llora hasta el ganado”, “hay niños que llegan/ conduciendo sus aros/directo/ a informar/ de algún ileso, y parten de nuevo/ con otros encargos”, porque al final todos estarán “buscando los cadáveres/ duros y fondeados/ como piedras lisas que sacamos para batan”. La es muerte retratada como continuidad de la vida y no ajena al deseo, donde Juanacha declara “así morí de pronto/desflorada y ebria/ en la fiesta patronal”. Y abordada con un humor de ida y vuelta a lo sublime o atracción desarmante del temor, mismo Cusco popular, donde no por algo hay un huayno que dice “huk panteontan yaykukurani wasiyta pensaspa/ a un panteón me había entrado pensando mi casa/ kalaverata muchaykusqani warmiyta pensaspa/ la calavera había besado pensando mi mujer”.
Si bien parte del habla y el acervo popular Valle Sagrado logra varios premios por ser un lenguaje poético bello y depurado que irrumpe en el escenario nacional con una modalidad nueva de hablar sobre los andes. Hacerlo en primera persona, en sujeto colectivo, y con una presencia que no necesita permiso para celebrar las múltiples facetas de su realidad. Gran logro que inicia el proceso desmontaje de la retórica de la alteridad absoluta, por la cual la escritura debía abordar los andes como el “otro” de la modernidad periférica. Tarea que cae por su propio peso cuando el poeta está enraizado en su cultura.
Una tarde de frutillada, en casa de una anciana, uno de los Kusiwallpas y sus amigos me contaron sobre una pelea entre un arpa y un ataúd. Esa misma historia se encuentra en Almas en Pena de Odi Gonzáles, narrada en forma dialogal y en planos casi cinemáticos, de gran economía verbal, y con humor sutil. Dice el ataúd: “agradece que no soy cualquierita/ sino/ te haría tragar los dientes/ como tostado”. Almas en Pena se centra en ese otro plano de realidad que es acaso más tangible y profundo que la simple tabula rasa del sapa punchaw: la zona ambigua de lo sobrenatural y la muerte, sobre la cual, como en todas partes, la gente del valle sagrado ha creado toda una narrativa oral llena de cuentos, mitos, anécdotas y conjuros. Odi Gonzáles escribe desde ahi. Pero lo que podría ser una mera recopilación etnográfica de temas y motivos resulta, en manos del poeta, en todo un universo de personajes y seres sagrados. Así, los Apus sanadores comentan que el niño enfermo “como peine/ tiene los dientes espaciados/ seguro que no lactó/lo suficiente”, mientras un hombre “si revive/ será un iluminado/ por el rayo”. Por su parte, las papas se resienten del maltrato de sus crías y regresan tras el ruego de un ratón, como decía Gregorio Condori en otro lugar. Hay también alusiones al rol de gatos, perros y llamas en el tránsito de las almas, que comen solo el sabor de la comida camino a otra vida pero dejando aun su huella en este. A ellas se dirige el conjuro “ya eres otra vida/ ya te despedimos ayer/ con rezos y ofendas/ que quieres aquí/ so nananatural/ descansa en paz!”.
En una reciente conversación Odi cuenta que escribe Almas en Pena para conjurar los fantasmas que lo atormentaban de niño. Este segundo libro es tarea cumplida por el llamador de almas poético, porque si en el acervo oral estas historias y motivos visualizan la ambigüedad y producen terror, en los poemas este miedo se convierte en una puesta en escena de un universo bello y fascinante al que podemos mirar tranquilos ya sea con la inicial pulsión estética, o con una posterior mirada reflexiva que desentrañe los motivos profundos de la cultura y su poeta.
Estas breves palabras no desgranan ni siquiera una mazorca de tan tremendo maíz valluno como Almas en Pena, pero cabe mencionar que dos de los recursos que aparecen con más frecuencia en este libro son onomatopeyas y expresiones en quechua. Junto a Ángel de Yucay, que cierra el texto, estos recursos ya avizoran al poeta bilingüe y quechua de Thunupa, escuela Cuzqueña y Vírgenes Urbanas cuya reedición de Valle Sagrado y almas en Pena he tenido el placer de hablar asllatapas esta noche.


Fredy Amílcar Roncalla

Kearny, 19 de noviembre 2009

jueves, 16 de julio de 2009

UKUN RIQ MAYUKUNA KAYPIPAS MAYPIPAS, Fredy Roncalla


UKUN RIQ MAYUKUNA KAYPIPAS MAYPIPAS:
llaqtan llaqtan José Maria Arguedas liyiyqasmanta[1]



Debí leer la Oda al Jet bajando desde Newark, pero mientras en la pantallita del avión James Dean hacía de las suyas en Rebelde sin causa, yo ya estaba metido en la copia de Los ríos profundos que me régaló un wayki en Ithaca. Si en esa película el héroe ancentúa conflictos juveniles exponiendo el vacío existencial de la postguerra americana de un modo lineal y previsible, en Los ríos profundos el joven Ernesto narra su historia personal, dibuja jóvenes y curas del internado, y retrata efectos de luz, sonido, música y movimiento con una profundidad reveladora.
Esta profundidad viene de esos Andes tiernos y violentos que va presentando en la brutalidad de Lleras y Añuco, en la lascivia de la opa disputada por los estudiantes después de un cura, en los pequeños desafíos entre alumnos estratificados, y también en la amistad de Palacitos, del Markasqa y las chicheras. Pero lo que más devuelve la alegría al joven Ernesto, es el sonido y baile del zumbayllo que el Markasqa le regala. El capítulo del zumbayllo es quizá la razón por la cual Arguedas dice que "el canto es seguramente la materia de la que estoy hecho", y por la cual Los ríos profundos son un largo y extenso poema que, ama waqaspalla, producen en el lector una conmoción ausente en el arte como artificio. Además, el zumbayllo es una prenda mediadora, que reconcilia a Ernesto con un Añuco caído en desgracia y lo aleja de un Markasqa que podría matar colonos sin cerrar los ojos.


Una parecida total deshumanización del prójimo sucedía en la masacre a los palestinos de Gaza, y se revelaba en los diarios sobre las torturas a campesinos en Cajamarca, cuando volví a leer Los ríos profundos. Ahí el niño Ernesto acompaña a su padre a visitar al viejo y es cuando siente vivas para todos nosotros las piedras incaicas del Cusco. Sabe desde entonces que al final, antes de refugiarse de la peste en la hacienda de un gamonal, se irá arriba el Pachachaca en busca de su padre y la humanidad suya y nuestra.


En Lima abundan homenajes arguedianos. Dicen que son respuesta a la globalización y el neoliberalismo. Y duran más que las serenatas a la capital, que comparte con el autor el mismo santo capricorniano. El duelo de su suicido parece convertirse en una celebración de la lloqlla migrante que anuncia en sus poemas, para decir que después suyo habrá un país "en [el] que cualquier hombre no engrilletado y embrutecido por el egoísmo puede vivir feliz todas las patrias". O todas las sangres en su acepción inicial, aquella no afectada por la manipulación neoliberal de los significantes. Contra el encuentro de lo andino y lo neoliberal es la queja de un sociólogo del IEP frente a las arperas del norte chico. Y coincide Julio Humala hablando en la casona de San Marcos. Si en su escritura es eje referencial, fuente y cumbre, es en la música andina donde el aporte de José María Arguedas llega plenamente a través del pueblo. Hablando de "El huayno en la obra de José María Arguedas" Julio explica el impulso del funcionario público a las primera grabaciones fonográficas, donde aconseja a los grupos mantener su sabor propio. Dice también que en su momento la forma tradicional no necesitaba de cambios, pero que con el tiempo se imponen innovaciones ya previstas y apoyadas en los estudios de Arguedas. De ello también hablamos en un conversatorio sobre el You Tube y la música andina con Leo Casas, Roger Rumrrill, Walter Ventosilla y varios tigres del sur. Lo que sigue es la explosión global de infinidad de variantes de música que van desde el violín hasta la electrónica, y desde los circuitos locales a los globales. Sólo que la acertada crítica al neoliberalismo parece ir en contra del gusto indígena ahora también urbano, que es de donde supuestamente brota el ñawin puqyo de la tradición.

Pero si en Los ríos profundos los momentos de plenitud musical en las chicherías están a un paso a períodos de caos, represión y violencia, ello implica que la tarea es desentrañar cómo se da esta pujanza andina en momentos que cunde el neoliberalismo, la comunidad podría ser desarticulada, el agro va a su destrucción, desde las minas nacen ríos muertos, y un país del sur compra tierras y negocios al ritmo que aumenta sus fuerzas armadas. No por gusto la Carretera de Lima a Abancay, llena de peajes infames a cada milímetro, está llena de huecos y baches en el tramo de Lucanas y Galeras Pampa a Puquio, las paqarinas de José María Arguedas.


"Hatun antiman mayuqa apanman karqa. Almakunapa llaqtanman. Chay Lleras hinallata." Con estas palabras, referidas a la opa doña Marcelina, podría terminar la versión quechua de Los ríos profundos, que al comienzo diría "Manchay niraqmi karqa wiswi machullaña kaspapas". Pero he terminado el texto en una picantería abanquina al son de una tonada de rock. Luego de la represión a las chicheras y lejos de Huanupata una banda militar acompaña los paseos excluyentes de jovencitas y principales por las aceras de la plaza. Voy ahí para imaginar como Ernesto graba cada sonido mientras el markasqa busca nuevas amistades. Ahí donde se ha dado la primera prohibición municipal contra el racismo, la plaza ha dejado de ser un lugar exclusivo. Varios lustrabotas y una heladerita conversan cerca de mi banca. Al rato de sienta un joven. Estudia ingeniería de minas y ha sido lustrabotas. Sabe que no hay trabajo y el futuro es endeble. So much for Las Bambas. Es de Andahuaylas y ha leído Los ríos profundos en el colegio. El cuerpo del escritor ya está en su pueblo, le recuerdo. Sí, pero qué ha cambiado en Andahuaylas? Se va con una crítica radical a la apropiación estéril del cuerpo del escritor. Me pregunto si pasa lo mismo en la academia, con la diferencia que ahí el cuerpo es simbólico y el vacío se llena de palabras bambas sobre el otro, como si lo que Ernesto dice no estuviera tan cerca de nosostros chalhuanquinos tuykuq motes, abanquinos piki chakis y llapan llaqta puripakuq andinos.


Por eso el profesor de Cachora ha tenido Los Ríos profundos cerca suyo cuando luchaba con autoridades de su pueblo, y siente que Arguedas está con él cuando visita a un alumno preso por seguir el mismo deseo de justicia. Lo dice Eliazar Rodríguez Espinoza, quechua hablante, comunero y escritor, en la sección Arguedas y mi mundo de un ladrillo del IEP, el mismo que condenó Todas las sangres en una mesa redonda de 1965, sólo para que, décadas después, Aníbal Quijano dijera que occidente es también producto del trabajo y la riqueza indígenas.


Del antiguo internado, donde Ernesto cuenta de jóvenes mestizos con diferentes grados de cercanía y distancia a lo indígena, no queda nada. Los curas, últimos socios still in bussiness de la conquista, han puesto un colegio de mujeres. A unas pocas cuadras, que en la novela son una inmensa distancia social, está el mercado de Huanupata. Y más abajo, junto al Terminal de buses cama, y al lado de la casa del cantautor Wilbert Tamayo, las ruinas de Patibamba darían la impresión que el gamonalismo ha acabado, si no fuera porque aún existen grandes brechas aquí y en todas partes.

Pero ha llegado el primer ministro y habla cosas que no se entienden en el sonido borroso de la televisión analógica del hotel. Será que por ahí se quieren meter los moscardones de la novela cuyo vuelo describe Arguedas casi en cada movimiento de alas. O que Rosita de Espinar, los carnavales abanquinos, y Rio grande de Chalhuanca están sonado por todas partes.


El poeta Hernán Hurtado me ha encontrado en una cabina de internet y hemos hablado de literatura sin parar. De Federico la Torre, del Chillico, de Sara cosecho de Manuel Robles Alarcón, de James Oscco asesinado prematuramente, del Lunarejo comentando a Góngora, de la música en chicherías llenas de moscas, del aplastante sermón del cura a los colonos de Patibamba, y de la violencia en el internado que Hernán estudia en un artículo. El personaje que lo cautiva no es la suni chuqcha que auxilia a Ernesto en Patibamba, pero la rebelde doña Felipa, que desenmascara a los curas, dirige la rebelión y reparte sal a los más oprimidos. Desde cerca Arguedas se entiende a partir de las contradicciones sociales, y desde lejos bajo el supuesto que lo indígena es intraducible. Mas tarde, con Wilbert y Hernán nos hemos metido en una discusión sobre lo tradicional en el huayno. Acalorada, honesta, y fluctuante entre el temor de no perder lo ancestral y la sirena irresistible de lo nuevo.
Carnavales en la Pza. de Chalhuanca.

Hemos bajado al Pachachaka. Al puente sobre el río puente del mundo. Nombres yuxtapuestos como enigma en quebrada profunda sagrada desde antes. Chaytaqa musianallayki kachkan. Hasta ahí llega Ernesto en momentos cruciales, y por su arco liminal pasan doña Felipa y doña Marcelina. Una rumbo a la libertad y la otra a la muerte. Río, puente axial, canciones en quechua y el zumbayllo winku remiten en Los ríos profundos a lo sagrado, al claro espejo de nuestro ser personal y colectivo, a aquello que nos habla sacando de nosotros una ternura humanizante. Producto de una amplia inteligencia cósmica, esta sacralidad, que viene de una zona de inocencia incubada en el entorno indígena de Lucanas, y es acentuada por la articulación artística de un escritor profundo, contrasta tajante con la violenta religión oficial de los curas. Contrasta también con un mundo jerárquico e injusto.


Lo "sublime" designa un temor sagrado que repele, atrae y lleva a otros límites. Dudo en aplicarlo al Pachachaka, no sólo porque está asociado a un atávico goticismo rock, propio de los bares al lado de la Avenida Arenas, sino porque nada más lejano a la estetización gótica de la muerte, y el posterior romanticismo agónico, que la sacralidad de un lugar tallado por las aguas de millones de años. Cuál sería el término quechua que designa la belleza que remite a lo sagrado y el alma de una cultura? Qué nos dicen esas aguas cargadas de vida sobre la novela que las alude? En qué registros de epifanía menor se reunen tres creadores apurimeños hablando sobre el maestro? Tras sendas fotos emprendemos el retorno mientras pasa un auto con un abogado y una estudiante de Hernán rumbo a recodos placenteros de la otra banda.


Y ha llegado el momento de cerrar del todo el socavón iluso de la lectura utopista de nuestra cultura. Herramienta útil en los setenta, el "mesianismo andino", que también alimenta Buscando un inca de Flores Galindo, ha devenido en recurso reaccionario para intentar encasillar al ande a un pasado estático. Si en la historia su secuela más brutal es negar la legitimidad del Taki Onqoy y las rebeliones indígenas, en la actualidad subyace a la antimetáfora del “perro del hortelano” y la “ley de la selva” que amenazan el centro vital de la comunidad: la propiedad colectiva de la tierra. Ahí se esconde una nostalgia señorial incapaz de contener las actuales articulaciones de sujetos dueños de su propios enunciados vitales y culturales. Al hacer más asequible la supuesta alteridad andina a la escritura, Arguedas ha abierto un camino donde ampliamos la univocidad de lo moderno a varias temporalidades simultáneas. Los andinos no buscamos ni un inca ni una teta asustada.


Ya en casa, Wilbert toca su temple baulín de corazón amplio. Cantamos Kondurchallay Aymaraes y Expreso Puquio Perez Albela. Hernán habla del tema de la despedida en las canciones antiguas. Me siento en casa. Pienso que desde Kuniraya Wirakocha, los doscientos pueblos de Ernesto y su padre, el cantor itinerante de la Mamacha Cocharcas, hasta los pasos golondrinos de Juan Ramírez Ruiz, el caminante casi forastero tiene mucho que decir y aviva la cultura. No puede, sin embargo, transitar páramos de lo intraducible. Pero es el rondín de Palacitos yendo quebrada arriba en busca del padre de Ernesto lo que marca la pauta. Vuelvo desde donde volví pasando por Chalhuanca rumbo a Lima y New Jersey, que es apenas una larga estación de tránsito.

2-18-09

(1) Una lectura multilocal de los Rios Profundos

martes, 14 de julio de 2009

La rara paz de Octavio Paz


Un viejo articulo que tiene resonancias en la intelectualidad trasgenica del momento, tiempo despues que el zapatismo dejara de ser un factor de peso en Mexico.

LA RARA PAZ DE OCTAVIO PAZ

“Tuve Miedo/ Y regresé de
la locura/ Porque mis ojos/
eran un botón más/ de mi/ camisa de fuerza” . (1)

No quiero empezar esta nota sin solidarizarme con los hermanos de Chiapas, a quienes les toca ahora un doloroso destino compartido con otras naciones indias del continente. Aparecida la guerrilla, a causa de seguras condiciones de pobreza, maltrato y explotación, el indio y el pobre vuelven a ser la carne de cañón necesaria cada vez que la “modernidad” los saca de las márgenes del “olvido” para ponerlos en escenario central de los acontecimientos políticos. Las atrocidades contra la población civil van perfilando la otra cara de la paz institucional de los últimos 65 años del PRI: un orden que se fundamenta en base a la represión, y que no sé si tendrá cabida para un tratamiento “humanista” del conflicto, como lo hubiese querido el viejo poeta Octavio Paz.
Ya que de poetas se trata, esta coyuntura me permite hablar sobre el derrotero del arte de vanguardia del siglo veinte. Parecería banal tocar el tema en este contexto, pero tiene sentido en cuanto responde al Artículo “El Nudo de Chiapas”, publicado por Octavio Paz en el Diario la Prensa de Nueva York, el viernes 7 de enero de 1994. Tiene sentido también para empezar a tomarle el pulso a la intelectualidad “latinoamericana”, porque de ella dependen muchas razones de poder.
En el artículo mencionado la pluma fulgurante del autor de Piedra de Sol, Laberinto de la Soledad y El Arco y la Lira, ha dejado de
brillar, y muestra una prosa cansada y anodina: el poeta ha perdido su capacidad de disidencia, y su verbo fundante es parte del discurso oficial. Para Paz, la modernidad a la que los chiapanecos han llegado tarde es la de la estabilidad de la bolsa, la de la buena imagen internacional y la de la implementación del tratado del libre comercio. Según él, los zapatistas están dañando todo esto irresponsablemente. Los de su dirigencia no son indios porque proceden de la ciudad (2) , sus ideas vienen del gran naufragio de las ideologías revolucionarias del siglo veinte, y básicamente están condenadas al fracaso. Cada una de estas aseveraciones toca una tema que debería debatirse más a fondo y no quedar en el tendencioso camino de las medias verdades, como sucede con el concepto “modernidad”, a la cual siempre se alude frente a la otredad del indio y no por sí mismo -porque, precisamente, es un espejismo-. Pero es doloroso leer esto de manos de alguien que para los setentistas -aquellos que en su temprana madurez tienen en sus manos los espacios profesionales, políticos, culturales y artísticos del subcontinente-, fue parte esencial del arte de vanguardia, de aquel horizonte utópico eurocentrista que en sus mejores momentos trató de juntar la libertad con la revolución, y que tenía como premisa la ruptura con el orden burgués. En él, la flecha libertaria disparada por el arco del lenguaje poético ha vuelto al centro sin cuestionarlo. Pareciera decir que el nuevo lugar del poeta está en la defensa de la modernidad transnacional y en el abandono de la imagen del poeta maldito, romántico o de vanguardia. El poeta vuelve a ser cortesano: va junto al rey o se cree el rey.
Tal vez no está mal dejar de lado las complacencias egoístas del romanticismo y las vanguardias que, dicho sea de paso, nunca estuvieron muy lejos de estéticas francamente opresivas, como en el caso del filofacista futurismo italiano y del realismo socialista. Tal vez se trata de establecer nuevas relaciones entre el intelectual y la comunidad. Pero insisto en que el proceso de Paz es doloroso, porque una

mirada mínima nos lleva a reconocer que en su derrotero están representados, no sólo elementos francamente conservadores y medianamente creativos como Vargas Llosa, Padilla, o Cabrera Infante, sino que también están incluidos quienes aun tienen alguna margen izquierda en el corazón. Confrontados con las cerrazones partidarias, con el colapso de muchos de nuestros modelos teóricos, con la caída del bloque soviético, con el violentismo de la otra “modernidad” marxista ortodoxa, apuntamos a refugiarnos en las zonas sagradas del intelecto: en el universo del orden, de la modernidad, del confort y varios otros engaños de la actual democracia y nuevo orden mundial. Atrás han quedado los años de fragor activista y creativo que, parecían llevarnos a cambios profundos, hace unos veinte años. Todo parece apuntar al triunfo definitivo del sistema; que suele alimentarse hasta de la energía de sus mayores enemigos.
Sin embargo, si uno observa con mayor cautela las tormentas imprevistas, las votaciones inesperadas, la recurrencia de los nacionalismos como punto crítico del estado moderno, y los súbitos estallidos de las márgenes que de pronto hacen tambalear la placidez del centro y sus bolsas de valores, veremos que esas zonas de seguridad no son tales. La aparición de un ejército guerrillero indígena en México ha roto muchos esquemas y, mientras las intelectualidades oficiales de izquierda y derecha buscan las explicaciones, esta situación estimula el surgimiento de un nuevo pensar indígena, que no necesariamente tiene que regirse por los patrones eurocéntricos del latinoamericanismo. Y si algo queda de los antiguos bríos del compromiso fundamental del arte y la intelectualidad actual, está en darle una respuesta a la siguiente disyuntiva: o apuntamos al centro y sus discursos oficiales, y dejamos que el aliento de la libertad se disipe y nos deje vacíos o, aun insistimos en las otras márgenes, pero sabiendo que el discurso del partido, de sus jerarquías y su reproducción del estado y la censura, son la cara alterna del orden: forman parte de su identidad. Solo así queda la posibilidad de cumplir con las necesidades populares y con el designio de mucha gente entregada, que ahora mismo, a nivel mundial, ha quedado enfrascada en la duda y la confusión.


Si es necesario protestar por la violencia contra los hermanos de Chiapas, de Colombia o de los andes, también es necesario contrarrestar la violencia de la duda, la confusión, el aislamiento, el despecho y las trampas del poder en los intelectuales. A veces sus opiniones suelen ser decisivas y necesitan claridad, porque de ellas pueden depender muchas vidas. Y en este punto pienso que hay un deslinde muy importante con Paz: solía ver con los ojos de poeta profético del romanticismo y la vanguardia, pero ahora se niega a hacerlo. Se niega a enfrentar las paradojas de la creación y la intelectualidad luego de la crisis de los discursos totalizantes. La suya es una unión de contrarios que no es la del amor ni la de la exaltación. Ha obedecido a las leyes y como premio lo castraron después. El mismo lo anunció premonitoriamente al escribir Piedra de Sol, un memorable poema: “Déjame ser tu puta/ son las palabras de Eloísa/ mas él obedeció a las leyes/ y se casó con ella/ como premio lo castraron después”. ¿Hay alguna relación entre la situación de Paz y el desarrollo actual de la vanguardia? Pese a sus disputas con el realismo socialista, la vanguardia, y en especial el surrealismo -del cual Paz es testigo y parte-, tiene una etapa inicial en la que el rescate del nivel onírico, espontáneo, caótico, corporal e imaginario se muestran con una marcada distancia del orden oficial burgués. Esto le da a la vanguardia una afinidad inmediata con el programa revolucionario de las izquierdas, y por ello no es extraño ver que muchos artistas unan el arte con el activismo abierto.
Pero esta conjunción no habría de durar mucho. Solo basta darle una rápida ojeada al mundo de la propaganda y los videos musicales para ver que los aportes visuales del surrealismo han sido asumidos por el capitalismo, que tiene una gran capacidad dinámica de absorción. Por su parte, Paz; que siempre fue teórico y visionario, fue uno de los primeros en ver un malestar en las estructuras organizativas y cognitivas de la izquierda: le sorprendía su carácter estático y mecánico que, en última instancia le parecían opresivos. Son varios sus libros y artículos que insisten sobre el tema mucho antes que, a partir del postmodernismo y la

crítica del discurso, gran parte de los setentistas se alejara de la ortodoxia del partido y sus sistemas cognitivos. Hasta aquí creo que el valor de Paz es rescatable y rebasa la mediocridad teórica de sus seguidores, que tratan de esconder sus limitaciones con alusiones animistas a una “modernidad” que vendría a limpiarnos del “atraso” de las “utopías arcaicas”. Sin embargo, de plantear la necesaria crítica a las izquierdas a dar un apoyo decidido al sistema hay mucha distancia, no sólo desde el punto de vista político sino desde la dialéctica de la creación: la vuelta al orden oficial requiere a su vez de una vuelta al caos, la marginalidad, al elemento dinámico de la creación. Requiere de una sabiduría mayor, precisamente por que en la actual modernidad todos los espacios son violentos y opresivos, y la única diferencia es que en el centro la violencia se llama democracia, y en las márgenes se llama batallar político o abandono del estado. En todos los casos quienes pagan los platos rotos son los de siempre: los indios y los pobres.
Uno podría esperar que el haber recorrido todo el espectro de la creación y sido testigo privilegiado del proceso del arte moderno, hubiese llevado a Paz a seguir buscando una respuesta alterna a la crisis de la modernidad, pero no sabemos qué canto de sirena lo haya regresado a playas seguras. Y creo que en esto radica el fracaso, y la soterrada amargura del poeta mayor: no haber estado a la altura de su destino y haberse quedado con la complacencia del orden oficial.
Muchos de nosotros participamos de su encrucijada, pero no creo que los antiguos fuegos se hayan quemado del todo. Una muestra de ello está en la sorprendente aparición de una guerrilla indígena cuando ya parecía sellarse el nuevo orden económico bajo la preeminencia del neoliberalismo. Si sus respuestas no caen en la ritualización innecesaria de la violencia, habrá que aprender mucho de ella. La otra muestra la darán quienes, dentro del quehacer intelectual y artístico tradicional, puedan vislumbrar una realidad alterna a la violencia de
las márgenes izquierda y derecha de la modernidad. La realidad es dinámica, suele insistir un amigo, cada vez que los medios de comunicación quieren darnos la imagen de que las coyunturas son espacios

acabados. En este dinamismo, que a veces suele darse como caos, se gestarán las respuestas, a mediano y a largo plazo, a las violentas encrucijadas de nuestro tiempo.
Sólo queda esperar, que las soluciones planteadas sean humanistas y que no sacrifiquen ni a los pobres ni a los indios. De la historia prehispánica de México se insiste mucho en los sacrificios humanos de los Aztecas. De haber existido estos sacrificios, son de una magnitud muy pequeña comparados con sacrificio humano que ha significado la implantación de la modernidad eurocéntrica en América. Ello quiere decir que hay que repensar la modernidad sin engaños. A pocos años del milenio, la dureza del ejército mexicano, significa que la modernidad sigue sacrificando a los pobres, a los indios, a los rebeldes y a los inocentes. Los viejos poetas, el gobierno, la guerrilla y los pobladores de Chiapas empiezan a tomar posición en el futuro incierto que le queda a México. Muchos de los setentistas apostaremos a tientas por el pueblo y los indios que en la mayoría de los casos somos nosotros mismos. Apostaremos a tientas, pero nos falta aun la zona de claridad que viene de los momentos de caos creativo.

Harlem, 10 de enero de 1994

(1) Carlos Oquendo y Amat

(2) Un racismo soterrado no permite concebir lo indígena dentro del espacio urbano, como si al entrar en él uno mudara automáticamente sus rasgos de identidad tanto culturales como biológicos. El mismo racismo pone al campo como lugar fijo del indígena. Se trata casi de un apartheid conceptual que en el Perú muestra a la mutación enmascarada en el proceso de acriollamiento.

Chinka Chinka/ Tula Cajigas/ Obra maestra

Suelo pasar mucho tiempo en los puestos de venta de musica en provincias. Algo se tiene que encontrar mas abajo de la ruma de nombres comunes y estilos que acompannan el neoliberalismo. En Abancay, tierra de Ernesto y dona Felipa, que acaba de reaparer en en Andahuaylas, he conocido personalmente a Wilber Tamayo, gran guitarrista y cantante que parte de Manuelcha Prado, algo de Atahualpa Yupanki, musica Ayacuchana y arreglos propios y novedosos para entregar unos sonidos extraordinarios. Lo he buscado en you tube, con velas y lamparin, pero nada. Pero la que si aparecio en cd y en you tube es Tula Cajigas. Extraordinaria y rescatable. No solo por los carnavales tambobambinos, notoriamenst distintos a los de Ayacucho, sino porque su festivo y profundo estilo de cantar se oye poco. Tiene, por el momento tres entregas en you tuve, de las cuales Chinka Chinka es una obra maestra musical, lirica, y visual. Aqui la economia visual, lejos de los efectismos de otros videos, nos presenta a una artista que remonta proundidades de tal modo que no hay conflicto entre la imagineria evocada por el sonido y la imagen vista en la pantalla. Gran logro del relaizador hecho posible por la sobriedad con que se maneja Tula Cajigas. Mejor hubiese sido si no hubiese mantenido la ladilla de su logo en la parte inferior de la pantalla todo el tiempo. Pero aqui hay un tratamiento estetico de un fenomeno que equivocadamente se llama folklore. Tukuy sunquywanmi chayta uyarinaqa.

lunes, 6 de julio de 2009

Awajun por Nexar Asangkay Sejekam

Porque es importante escuchar las voces amazonicas para remontar la inmensa ignorancia que tenemos respecto a ellas. Este es un estudio del linguista awajun Nexar Asangkau Sejekam
parte de la intelectualidad amazonica que ha llegado a ser la palabra politica mas importante del momento sin perder la identidad.

El articulo se postea porque creo que quienes comentan y trabajan la cultura en el Peru deberian tener por lo menos conocimientos elementales de una lengua andina, una amazonica y una costera, que aun es posible encontrar en la zona mochica chimu.

miércoles, 1 de julio de 2009

Ciudadanos de segunda por Gonzalo Espino

Tomado de la Alforja de Chuque

La incapacidad para aceptar errores es gráfica al punto tal que parece ser parte de las fiestas patrias: el circo. Los que precipitaron los hechos del 5 de junio, demandan la interpelación, ¿no fue acaso el Congreso el que desestimó la derogatoria del decreto ley y lo trasladó a una Mesa ya inexistente? Al día siguiente ya sabemos lo ocurrió.



No hemos escuchado ni visto en el mensaje que el señor presidente ha dirigido al país (17 de junio), ni a lo largo de la interperlación a Yehude Simón unas palabras que sinceren las relaciones ciudadanas. Se ha insistido en la condición de ciudadanos de segunda clase tal como Alán García lo manifestó el 5 de junio:



“Las sociedades piden siempre a los Estados orden, y ya está bueno, estas personas no tienen corona, no son ciudadanos de primera clase, 400 mil nativos no le pueden decir a 28 millones de peruanos tú no tienes derecho a venir por aquí, de ninguna manera, es un error gravísimo, y quien piense así quiere llevarnos a la irracionalidad” (1)



El tono de la interpelación abriga esa idea, la repite. Los indígenas amazónicos dependen de otros para hacer sus reclamos y, por cierto, no quieren el progreso -nos dicen. Este tipo de discurso vuelve a inculpar a los indígenas - a los indios- como gente que vive en el atraso. Si esto fuera así los propios indígenas no hubieran salido a reclamar sus derechos. Lo cierto es que Estado y el gobierno nunca han desarrollado políticas inclusivas sino de despojo y en el mejor de los casos, asimilacionistas.

El otro peruano, el peruano de la Amazonía tendría que ser tal si lo es como el peruano de la costa, mejor si es de Lima y mucho mejor todavía si sigue lo que "yo" digo en la versión del gobernante de turno. Entonces, ¿de qué ciudadanía hablamos?


Los indígenas peruanos siempre han amado el progreso, por eso tienen a sus profesionales, por eso hace tiempo reclamaron escuela y desarrollan iniciativas moderna para circular por el mundo. Y no hay que olvidar su condición de patriotas, en las guerras que han propiciados los gobernantes.


El discurso esconde otras cosas, entre ellas la del complot, ¿puede alguien estar interesado en un complot contra el país cuando el arbitraje internacional y la mundalización se ha instalado hace rato? Mas todavía, cuando este gobierno comienza vivir los dos que le falta para concluir su mandato? Lo cierto es que los expertos en psicosociales quieren hacer ver que hay otros intereses y no lo que ha sido la desafortunada gestión respecto a los decretos que afectan a la Amazonía, ahora anulados.



(1)"País exige que haya orden, energía y acción del Estado, afirma Jefe del Estado" 5 junio 2009. Tomado: http://www.andina.com.pe/Espanol/Noticia.aspx?id=nZ1iyHrOep4=

publicado Gonzalo Espino Relucé Etiquetas: Amazonía - Masacre - Perú - Violencia - Autoritarismo - Nación - Gonzalo Espino - Ciudadanía
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Huayno de la semana/ Tula Gajigas