domingo, 31 de enero de 2010

La furia de las aguas

Hawansuyo, cuya portada muestra una foto del camino de Urubamba a Yucay se solidariza con los damnificados de las torrenciales luvias del Cusco y subcribe lo dicho en la de entrada La furia de las aguas del blog hermano Pututu, cultura ollantaytambina

sábado, 23 de enero de 2010

La poetica bilingue de Ugo Carrillo - Julio E. Noriega Bermuy


Waykinchik Julio Noriega Ugo Carrilluwan rimapayayta qallarichkanku, chaynama llaqtapura ruwana



La poética bilingüe de Ugo Carrillo

Julio E. Noriega Bernuy

Knox College


Desde sus inicios, la poesía quechua en el mundo andino se ha adaptado al formato bilingüe. Recopilada de la tradición oral y popular o escrita como creación individual, su difusión es casi impensable si no se dirige tanto al público monolingüe en español como al bilingüe en quechua y español. Por razones obvias de alfabetización, el monolingüe quechua queda, pues, excluido de este circuito de posibles lectores, aun cuando los poemas se publicaran sólo en quechua como en el caso excepcional de las poesías de Alencastre (Killku Waraka). Sin embargo, no es extraño hablar de poesía quechua a pesar de que el lector real en esta lengua ni siquiera existe. No solamente los monolingües quechuas son los grandes excluidos de poder leer en quechua, sino también los bilingües en quechua y español porque, aunque quechuahablantes y nativos en su mayoría, adolecen de la misma limitación: la falta de entrenamiento en la lectura y escritura en quechua. A todos estos analfabetos en quechua, a quienes el sujeto poético de numerosos poemas les convoca e invoca en su discurso, pero que todavía no se constituyen en lectores reales, Martin Lienhard los llama lectores del futuro(1). Si tampoco los bilingües están en condiciones de leer con la facilidad y la comprensión con que se lee en español, ¿quiénes leen los textos poéticos en versión quechua? Me temo que nadie, ya que todo quechuahablante educado termina leyendo la versión española de los poemas, por falta de costumbre frente a la comodidad de hacerlo en español o por no sentirse perdido entre la maraña léxica de las numerosas variantes dialectales que tiene el quechua. A estas inconveniencias se suma la caótica escritura, escrita sin ninguna consistencia alfabética, como se le ocurra o le dé la gana al autor. ¿Cuál es, entonces, la razón de ser de los poemas en versión quechua? Algunos dirán que es pura nostalgia frente a la lenta, pero progresiva marcha del quechua camino hacia su extinción. Otros, los propios poetas, quienes escriben en quechua con la misma convicción, seguridad y comodidad con que lo hace un poeta en cualquier lengua de larga tradición escrita, creen que es posible, por lo menos en el caso de los bilingües, formar lectores a fuerza de incentivar la creación poética y la diseminación de textos, aunque no haya la facilidad de una educación formal ni se tenga el apoyo político necesario. Lo cierto es que, al margen de lo que puede ocurrir con este propósito de crear lectores, la poesía quechua hoy en día es bilingüe de una manera muy singular: escrita en quechua y leída en español(2).

Nadie hasta ahora ha trabajado las implicancias de esta operación lingüística y literaria tan obvia y tan apasionante. Creo que sería interesante que se investigara a fondo la manera diglósica en que funciona el circuito de in-comunicación literaria entre el poeta quechua, la traducción de sus textos y el lector bilingüe o monolingüe en español. En el plano creativo, el poeta y cantor Ugo Carrillo intenta superar esta realidad esquizoide y propone, también a través de su propia poesía, las alternativas posibles para conseguirlo. En otras palabras, dentro de un mundo fértil de poesía quechua bilingüe que hasta este momento no contaba con un poeta en dos lenguas y desafiando muchos patrones y prejuicios establecidos, Carrillo pone en práctica su propia propuesta y se convierte en el primer poeta bilingüe quechua-español. Es cierto que hay escritores bilingües, especialmente narradores en español y poetas en quechua. José María Arguedas fue uno de ellos y con él muchos otros, tanto antes como después de su generación, quienes establecieron la tradición de ser narradores en español al mismo tiempo que oficiar de poetas en quechua. Pero, un poeta que, como Carrillo, intentara escribir en quechua y español a la vez, con similar destreza y facilidad en ambas lenguas, no había surgido sino hasta ahora(3). Nadie puede negar que, por lo inverosímil que antes parecía publicar sólo en quechua, la mayoría de los poetas se viera obligada a traducir o hacer traducir sus poemas del quechua al español. Este recurso, el único que por entonces le prometía al poeta quechua la posibilidad de llegar a ser leído, hizo también que surgieran traductores: algunos, traductores de la creación de otros poetas y otros, en mayor número, traductores de sus propias poesías. Arguedas difundió con éxito su poesía quechua a través de la traducción. Él mismo fue un excelente traductor de textos quechuas tanto de tiempos coloniales como de épocas contemporáneas, textos en prosa y también en verso(4). Dejó además que otros le tradujeran alguno de sus poemas con gran acierto(5). Así, a partir de la experiencia de Arguedas, se vive en el Perú, al mismo tiempo que en los países vecinos de Bolivia y Ecuador, el resurgimiento de poetas en quechua, pero también se experimenta la aparición de otro tipo y grupo muy original de poetas: los poetas traductores. Los poetas traductores son aquellos que aparte de ser poetas, ya sea en quechua o español, traducen de manera impecable poemas quechuas de producción propia o ajena al español. La traducción poética hecha por ellos supera en todo sentido a las mejores versiones de traductores sin ninguna experiencia creativa y, además, ha logrado la consolidación de la poesía bilingüe bajo el respaldo seguro de un abundante corpus de textos en quechua y español. Lo que no puede es, por principio, igualarse al original quechua. Tampoco el recurso de la traducción como estrategia de difusión parece haber contribuido a fomentar la lectura de la poesía quechua en sí. Al contrario, si bien facilitó derrumbar el cerco del aislamiento en el que se encontraba la actividad literaria en quechua y luchó por el reconocimiento literario en ciertos ámbitos poco tradicionales de la cultura letrada, también ha servido, aunque sin habérselo propuesto jamás, para desviar con eficacia la atención del lector bilingüe hacia la traducción, alejándolo de todo contacto directo con el original quechua y haciendo más bien que éste se reduzca al plano de lo decorativo en las publicaciones. Por tanto, los textos en quechua no tienen valor propio ni son independientes porque la versión traducida ha pasado de ser un recurso paliativo a desempeñar el papel de texto original. Esta situación es la que el proyecto poético de Ugo Carrillo intenta mejorar. Sin, necesariamente, sustituir a los poetas traductores ni desplazar sus textos del quehacer literario, la poética bilingüe de Carrillo trata de avanzar un paso más en la lectura y escritura quechua mediante la participación activa de poetas bilingües que escriban en las dos lenguas por igual y que sus creaciones literarias en una y otra lengua no sólo sean independientes entre sí, sino que se publiquen sin que la versión quechua se encuentre a merced de la otra para asegurar su recepción. De modo que el reto de Carrillo es doble: hacer que la poesía quechua se escriba y se lea verdaderamente en quechua, pero que el poeta quechua también lo sea en español.

Leer a Carrillo puede resultar una experiencia inolvidable por múltiples razones. El propósito de sus poemas llena un vacío tan milenario como la cultura misma en el mundo andino. Es como si, al fin, uno lograra salir de ese traumático vacío en el que se hundió Atahualpa e intentara no sólo leer, sino gozar de la lectura en quechua. Entre un poemario y otro, en medio de un itinerario de poemas y canciones, en un trayecto interminable entre el español y el quechua, uno reflexiona con Carrillo y pronto llega a la inevitable conclusión de que los prejuicios lingüísticos de siglos a favor de las bondades artísticas de una lengua frente a la otra deben quedar atrás. Ya no hay ni lengua extranjera ni bárbara en los Andes. El quechua y el español son tan legítimos y andinos como nosotros mismos. Es hora, pues, de apreciarlos por igual, de escribir y leer en ambas lenguas como lo hacemos al cantar(6).

Hay, felizmente, muchas formas de leer un texto. La que mejor aproxima al poemario Baladas…(7) es leerlo como si se tratara de un cancionero andino, cancionero anclado, por supuesto, en dos tradiciones: la andina en quechua y la española. En la tradición española de los cancioneros se encuentra, desde la época medieval, lo más rico de la picardía, la sátira política, el humor erótico y la ironía social que, sin servir directamente de intertexto, se hace eco de su legado histórico y le pone ese sabor de acervo popular oral en las composiciones de Carrillo, así como le estampó en su momento el sello erótico y burlón muy fácil de reconocer en las matarinas y otras canciones populares del Perú. Por otro lado, el cancionero andino desplazó de la circulación a los catecismos y devocionarios, llegando a batir el récord de venta en librerías y kioskos de periódicos y revistas para, después, ir a ocupar un lugar especial —el reservado para la Biblia— en las bibliotecas privadas o servir de biblioteca familiar con la selección de un gran repertorio de canciones en tan solo un volumen. Pero este cancionero no se quedaba sólo en casa, era una biblioteca que no conocía fronteras porque también viajaba en la alforja de los arrieros, en la bolsa de las mujeres negociantes y en el bolsillo de escolares y bohemios. A todos ellos, a la familia en casa, al arriero en los caminos, a las mujeres negociantes en los mercados y a escolares y bohemios en las serenatas, les servía de compañía y les sacaba de apuros al devolverles la letra de las canciones a la memoria cuando más las necesitaban. Adaptar la letra de las canciones según la ocasión, cambiarles el nombre de pueblos y mujeres a quienes se dirigían, era el trabajo sutil de los intérpretes, amantes o viajeros para conquistar el amor deseado. Por otra vertiente, se suma a la riqueza de los cancioneros la dinámica social de las canciones quechuas que aprovecha carnavales, fiestas y cantinas para afilar su ironía y, sin ningún respeto ni compasión, burlarse de todo cuanto se le cruza por el camino. En el libro de Carrillo se encuentran amalgamadas todas estas tradiciones a las que el autor, con la sensibilidad de un cantor y poeta bilingüe, recurre para componer su poema canción y consagrarse como compositor literario (“poeta áulico”) más que como poeta tradicional. No es gratuito que del título (Baladas…) al colofón (“Violín de Ishua”) esté presente el mundo del canto y la música, ni es pura coincidencia que las once primeras composiciones se titulen “Tiempos al son…” y formen el primer apartado bajo el título de “Al son de los tiempos”. Aunque en el medio se intercalen algunos versos con otros motivos, la estructura, el tono, la voz, el estilo y la función que parece cumplir el poemario en su conjunto sitúan al lector frente a un indio deslenguado que, en un español andino, lanza, como si se tratara de un Guamán Poma de Ayala de estos días, diatribas a diestra y siniestra. Esta postura puede despistar al lector al principio, confundirlo, haciéndole creer que se trata de un libelo, pastiche o panfleto de mal gusto, estéticamente poco trabajado, con el propósito de desacreditar a gente que no le gusta y adular a la que le cae bien. A través de una lectura creativa, poniéndole música de fondo en la mente, buscando un ritmo diferente para cada poema según el contexto, se habrá llegado a interpretar el poemario cancionero. En definitiva, si lo original de este libro está en que el autor hace de compositor, el poema de canción y el libro mismo de cancionero, no es ilógico pensar que para cerrar el circuito el lector haga de intérprete y cantante. Además, el éxito de una canción depende tanto del compositor como del intérprete. El compositor hizo lo suyo, veamos lo que puede hacer el lector intérprete.

Otra cosa totalmente distinta es Yaku-unupa yuyaynin(8), poemario con el cual Carrillo cierra el período de resurgimiento en la historia de la poesía quechua e inaugura el principio de una nueva forma de hacer poesía. Se cierra la poesía quechua accesible, sencilla, hasta condescendiente con las limitaciones lingüísticas del lector. Al poeta de esta etapa le interesaba ser alguien conocido, leído a como diera lugar en el reducido espacio de las letras o al menos en el núcleo íntimo de sus amigos. Explotaba con creces el tema amoroso, casi nunca le faltaba el tono nostálgico de la violenta destrucción del mundo andino, de pérdidas, despedidas y ausencias, ni dejaba de realizarse, sobre todo con las obras de José María Arguedas y Eduardo Ninamango, como el manifiesto triunfal de la invasión andina a las ciudades. Por eso, con la consigna en mente de reivindicar la lengua y la literatura quechuas, el poeta acomodaba, trasladaba con mucha creatividad literaria el caudal inmenso de leyendas, mitos, canciones, hasta refranes y dichos populares a la mentalidad de esa gente y en la medida en que la escritura se lo permitía. Este poeta era un mediador cultural por excelencia y, aunque haya logrado escribir poesía de cierto valor literario, jamás reflexionó poéticamente sobre las posibilidades de la escritura creativa en quechua ni aprovechó al máximo los recursos expresivos que le ofrecía el quechua como lenguaje. En Yaku-unupa yuyaynin se plasma en toda su magnitud este esfuerzo que hacía falta.

Yaku-unupa yuyaynin ritualiza la naturaleza misma de la escritura. La poesía quechua moderna era en mi opinión una escritura de mitos y rituales(9), hasta que ahora, a partir de la subversión poética que acaba de efectuar Carrillo, se realiza más bien como la ritualización de la escritura. Carrillo manipula la escritura alfabética, logrando convertirla en un instrumento mágico en todo sentido. Esta escritura ritualizada ya no es más la escritura, sino su escritura y la del mundo andino (“qillqakuna”). Escrita en el reverso de los pétalos multicolores de la flor de papa (“Papachanchikpa waytan uqllu waqtachanpi qillqakuna”) o en las traviesas y radiantes alas de las mariposas (“pillpintuchakunapa raprachanpi”), renuncia al papel, a la letra y a la pluma como las únicas formas de escritura. Mientras uno va leyendo los poemas, la imagen de la escritura en sí se transforma sutilmente en una escritura natural, viva, cuyos signos obedecen a designios cósmicos y su origen se remonta a la antigüedad mítica. La escritura se vuelve un ser que nace, muere, siente, padece, se multiplica. El poeta, a través de la voz poética que, al parecer, es el eco de un viejo amauta o quipucamayoc, no sólo sabe cómo descifrarla, sino que puede hacerla parir: “qillqayta wachachillarqa”. Algo parecido hace este poeta con el lenguaje. Su lenguaje literario se materializa mediante la reorganización profunda de las raíces y el andamiaje aglutinante del quechua en busca de lo desconocido, se estructura como si en los poemas se tratara de orquestar un concierto barroco que convierta al hombre andino y su mundo mágico en signos, voces, ecos, palabras, metáforas de un abanico de múltiples significados. Por todo ello, dentro del marco de la tradición poética quechua, Carrillo experimenta a la vez lo que Arguedas hizo con la escritura en su última y póstuma novela y Vallejo, con el español en su poesía vanguardista. Si, por suerte, el futuro de la poesía quechua se cumple, Yaku-unupa yuyaynin será un texto clásico: la primera oda a la madre papa y a los dioses montaña.


Notas:

1) Lienhard, Martin. “La última novela de Arguedas: Imagen de un lector futuro”. Revista de Crítica Literaria Latinoamericana. 12 (Lima, 1980): 177.

2) En un trabajo terminado en 1992 y publicado recién en 1995, yo decía que “grande fue mi asombro cuando, como hablante nativo de uno de los dialectos quechuas, no pude descifrar con cierta comodidad el contenido de esos textos escritos. En la lectura de los cuentos todavía podía dejarme llevar por el recuerdo y transportarme, ayudado por la escritura, al mágico mundo de los animales humanizados, de los condenados en pena y de los personajes míticos en lucha que protagonizaban diversas acciones en los relatos orales. La poesía quechua escrita, en cambio, no llegó a compensar, pese a su estrecho vínculo con la forma oral, la fuerza lírica que los cantos habían dejado en mí. Acabé leyéndola en versión traducida, tentado y traicionado por la larga tradición escrita del español. A partir de la experiencia de aquella anécdota poco común, pero probablemente familiar a muchos lectores hispano-quechuahablantes como yo, un bilingüe educado en castellano y bajo el modelo occidental, asumí que la poesía quechua escrita era una poesía escrita en quechua para ser leída en español y, si cabe la expresión, que en quechua el canto era canto y la poesía, poesía sin mediación ni posible sustitución” (Noriega, Julio. Buscando una tradición poética quechua en el Perú. Miami: North South Center University of Miami, 1995, p. 16).

3)El chalhuanquino Fredy Roncalla, poeta y artesano que radica en New Jersey, viene escribiendo desde hace un buen tiempo poesías y ensayos en versión trilingüe. Su propuesta poética merece un estudio detenido.

4)Entre otros textos, Arguedas tradujo numerosas canciones quechuas para su primer libro (Canto kechwa. Lima: Compañía de Impresiones y Publicidad, Ediciones Club del Libro Peruano, 1938) y también Dioses y hombres de Huarochirí (Lima: Universidad Antonio Ruiz, 2007).

5) Alfredo Torero fue, por ejemplo, el traductor del poema Qollana Vietnam Llaqtaman / Ofrenda al pueblo excelso de Vietnam. Lima: Federación de Estudiantes de la Universidad Agraria, 1969.

6)Fredy Roncalla acaba de iniciar el diálogo con Ugo Carrillo mediante un texto sugerente que empieza en quechua y termina en español (“Yanku-unupa yuyaynin: Ugo Facundo Carrillo Caveropa qellqasmanta”).

7) Carrillo Cavero, Ugo Facundo. Baladas de un perro sin pelos en la lengua. Lima: Ediciones Sol y Niebla, 2009.

8) Carrillo Cavero, Ugo Facundo. Yaku-unupa yuyaynin (en prensa).

9) “El texto poético quechua moderno: una escritura de mitos y rituales andinos”, apartado que le dedica un estudio al tema, forma parte de uno de los capítulos de mi libro mencionado anteriormente (Noriega 1995: 151-165).

lunes, 11 de enero de 2010

Robert Roth plus And then y Health proxy




Al brother Robert Roth acabo de encontrarlo de chiripa en una entrevista al poeta argentino luis Benites en Sol Negro Robert Roth es junto a Arnie Sachar, que en paz descance, editor de la revista literaria And then, que reune una gama refrescante de voces no necesariamente consagradas en la literatura, pero siempre mostrando una gran diversidad, humor, las politicas sexuales y sociales vistas dede abajo y mucha, muchisima descarnada y honesta humanidad. Es tambien autor de el libro Health proxy, que sigue los mismo lineamientos y que en el aparente desorden de las vinetas ahi acumuladas nos devuelve el sentido de humanidad y lectura trascendente que casi se ha perdido. El brother Robert, que una vez nos escucho tocando huayno toda la noche en Brooklyn, ha tenido la amabilidad de compartir con nosotros un fragmento de And then, y otros de Health proxy. Yo brother you becoming famous in Peru




LEADING LADY
Robert Roth

de And then #15

My mother at 89 pounds, dehydrated, emaciated down from her regular 130 or 140 lbs, looked from the distance like a pre-pubescent girl of maybe twelve. Having used the bedpan that had been shoved under her, she was there trying to wipe herself, her ashen pubic hair and genitals revealed to the entire ER.
She wanted to leave, insisted on leaving. ‘I’m not going to rot on this street corner. Get me out of this drugstore.”
She said if we did not help her she would go herself; she opened her pocketbook pulled out a couple of dollars so she could get herself home. She would not let the pocketbook out of her sight. All the time she was in the hospital, the three hospitals really, and the two rehab centers, that pocketbook was always within reach.
My brother stood on one side of the bed and I on the other as we tried to prevent her from getting up and falling. She then started kicking and punching in two directions at once; not flailing out of control punches and kicks, but well placed and ferocious. She was fighting for her life. ‘I’m not going to rot on this street corner. Get me out of this drugstore,” she kept saying over and over again.
Adrenaline flowing, her body was lithe, coordinated and supple much like the young gymnast she had once been. If we had backed away from the bed she would have gotten off and fallen. I begged a doctor I had known from her nightmare ordeal at Elmhurst to give her something to calm her down. The doctor had actually spoken to me on the 6th floor of Elmhurst a few days after her time in the ER and apologized to me and then to my mother for how she had been treated. With not much prodding he and a nurse came over, syringe in hand. “I know what you’re trying to do” my mother squirmed away shrieking. “No you’re not. No you’re not” as they tried to raise her sleeve. She wouldn’t let them. Finally the curtain was drawn. A bloodcurdling scream came from behind the curtain. When they opened the curtain the kicks and punches still came at us precise and perfect but slower and slower and then slower still. Only when she fell completely asleep did they stop.
The next day.
“Why would they choose a skeleton to be the leading lady in their play?” my mother asked as my brother and I walked into her room. At first I thought she was joking but she asked it again.
“Why would they choose a skeleton to be the leading lady?”
“You are quite beautiful you know.” I answered.
“But why now?”
“Don’t knock it,” I said. “You never know when you get your break.”
She was sure a coffee company was bankrolling the film. But had no idea as to why. I had no idea either.
“Why would they make a skeleton into the leading lady for their play?” she asked. Her long hair flowing freely, her gestures broad and dramatic. “Do you think all those doctors will be in the movie too. Or do you think they’re too busy.”
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She paused.
“What about that scene in the drugstore where I was hitting and kicking both of you? Are they going to include that in the movie too?”
“Well, if they want the movie to be a hit they will have to.”
“A mother shouldn’t do that to her children,” she said.
She paused again. And then with more than a little pride, “Were you as impressed as I was with how energized I became?”


Fragments of health proxy


Robert Roth

“I can no longer be a young bride” was the first line of a poem I never completed. And now at 62 I have breasts that are starting to grow. My father also had breasts like this but bigger. I am a young adolescent girl just coming into puberty. A bit unnerving to say the least.

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Jacquelyn Carol who worked in an old age home was often the target of abusive racial and sexual slurs by people in various stages of dementia. Like a bad drunk there is bad dementia. I told her I apologize in advance for anything I might one day say or do.


“Why do you want to have sex with someone as fat as me?” she said. And instantly she became fat. And fat became ugly and undesirable. What was I doing with this fat ugly woman? Until then I was absolutely lost in the lusciousness of her sensuality. It took me a whole day to work my way through what her comment triggered in me.


I saw George Bush on TV and for the first time he looked like he understood that war was not a group of college students stealing the mascot of a rival school and delighting in the consternation caused. He looks weighted down by the pain he witnessed in a hospital ward and by the death toll in an attack on a mess hall in Iraq where 14 U.S. soldiers were killed and scores of others wounded.


It was while living on the Lower East Side that I absorbed on an unconscious level that white women gave birth to brown babies.


I can often point to the direction of a problem, but not fully identify it. So if someone says it is the economy, another person says it is psychosexual hysteria, a third person says it is runaway national chauvinism, I simply nod. One explanation to me is as good as another. It is only when policy solutions flow from these explanations that I begin to worry.

Le debo entonces / Wilfredo Ardito

Continuando con su importante labior de critica micropolitica al muchas veces alienado compartamiento cotidiano, Wilfredo Ardito nos esntrga un articulo, tomado de Reflexiones Peruanas, que es tanbien un buen recurso para paliar el usual arrinconamiento del trasportista publico como chivo expiarorio.


-LE DEBO ENTONCES

Wilfredo Ardito Vega

Una tarde primaveral regresaba en una combi a mi oficina, después de almorzar, cuando, en el paradero de Tomás Guido, a la altura del centro comercial Risso, subieron dos mujeres. Bastaba ver sus facciones para darse cuenta que eran madre e hija, aunque acaso deseaban enfatizar la semejanza llevando el cabello teñido del mismo color.

Las dos avanzaron hasta sentarse al fondo, cerca de mi asiento, y continuaron una conversación bastante personal, sin preocuparles que las escucharan los demás pasajeros.

-Me critica porque gasto en sombras, maquillaje, tinte de pelo –decía la hija -, pero por mi trabajo yo tengo que lucir bien.

En silencio, intenté deducir quién podía ser el sujeto de la oración. Una amiga difícilmente haría críticas tan íntimas. De tratarse de una hermana o una prima, la madre ya conocería esos comentarios. Se me ocurrió que sólo una persona podría hacer esa crítica y sería probablemente el padre de un posible hijo de ambos.

Mis elucubraciones fueron interrumpidas por la llegada del cobrador, un señor canoso, de marcadas arrugas y piel oscura. En la avenida Arequipa, las combis suelen detenerse sólo en los paraderos y los cobradores aprovechan el tiempo para cobrar a los pasajeros que han subido.

Después de cobrarme a mí, avanzó hacia las dos mujeres.

-Al mercado de Jesús María –dijo la madre, entregando un sol.

-Señora, acá falta –indicó él.

-¿Ah, sí? -y entregó otra moneda.

-Un sol es por cada una –insistió el cobrador.

-Le debo entonces –declaró ella, con una media sonrisa.

Resulta curioso que, en una sociedad donde es tan importante la exhibición de consumo, subsistan conductas que podrían ser calificadas como desconsideradas o mezquinas hacia las personas cuyo trabajo es menospreciado, sea un cobrador de combi, un huachimán o una empleada del hogar.

No sólo existe una desvaloración de ciertas actividades, sino de quienes las ejercen: por ejemplo, muchas personas consideran que, por motivos raciales, de sexo, edad u origen, las trabajadoras del hogar son indignas de recibir una remuneración adecuada.

Un caso extremo, muy extendido, se produce en el Cusco y otras ciudades andinas, donde muchas familias tienen en casa a un niño o una muchacha de menos de diez años a quien hacen trabajar desde que amanece hasta que anochece sin pagarle un sol por ello.

-Ellos no se sienten para nada culpables –me explica una abogada cusqueña -. Creen que están haciendo una obra de caridad porque les dan casa y colegio.

Normalmente, no se trata de un problema de recursos, sino de prioridades: algunas personas pueden gastar centenares de soles en asistir a un concierto, pero luego regatear con el taxista con la mayor tacañería.

La falta de consideración no sólo se da en lo económico, sino en las condiciones de trabajo. Un ejemplo recurrente se da en las combis más pequeñas, esas tan incómodas que no deberían circular: la mayoría de pasajeros, aunque haya otros lugares disponibles, ocupan el único asiento donde podría sentarse el cobrador, forzándolo a viajar encorvado durante diez o doce horas.

Quienes actúan de manera desconsiderada o abusiva tienen como argumento la ley de la oferta y la demanda, la persona sabe que encontrará otro taxista u otra empleada que acepte lo que está dispuesto a pagar. “En el Perú, lo justo es pagar por encima del mercado” dice un amigo economista.

Por eso, muchas veces me resisto a regatear a un taxista o un vendedor de artesanías o a pagar “china” por el pasaje y prefiero pagar lo que considero más justo. Si algún amigo, preocupado por mis finanzas, protesta, le digo simplemente:

-El señor necesita el dinero más que yo.

No todos piensan así, claro, como la señora que aparece al comenzar este relato, que ahora concluiré.

-¡Cómo me va a deber cincuenta céntimos! –exclamó el anciano cobrador, perplejo ante su frescura.

Se produjo un momento de tensión, que se rompió cuando decidí voltear y lanzar esa mirada reprobatoria que conocen bien los alumnos díscolos que conversan en clase o los asistentes a una charla que no han apagado su celular.

-Señora, yo me bajo antes que usted y he pagado un sol –dije con el tono más conminatorio que pude.

Si le hubiera dicho algo más agresivo, habría generado un nuevo conflicto. Era preferible hablar sobre mí, para que ella se diera cuenta que su conducta era incorrecta.

La mujer miró al cobrador, miró al pasajero entrometido de corbata celeste y sacó de su monedero las monedas que faltaban.

Cuando me bajé, el cobrador, como suele suceder después de una de estas intervenciones solidarias, me dio las gracias. Yo espero que las dos mujeres actualmente estén pagando la tarifa completa.

La Municipalidad de Lima ahora pretende que los ciudadanos denuncien a los choferes y cobradores prepotentes. Haría bien también en educar a algunos pasajeros para que se comporten mejor.

jueves, 7 de enero de 2010

Poundemonium. Lengua, poder y farmacia en Symbol (1991) de Roger Santiváñez por Germán Labrador Méndez (Princeton University)


Aqui un estudio de merecida y sugerente lectura sobre el wayki Roger Santivanez, cofundador del Movimiento Kloaka, y autor de una vasta y valiosa obra literaria. Un ensayo que da mucho para pensar, como la obra del poeta, que accedemos gracias a Sol Negro blogsopt.

Poundemonium. Lengua, poder y farmacia en Symbol (1991) de Roger Santiváñez por Germán Labrador Méndez (Princeton University)

martes, 5 de enero de 2010

Presencia y ausencia / Poema de Alex Julca


"Presencia y ausencia"


Alex Julca


away from the noise
away from everyone else
here in my Queens place,
my heart misses you all

only one heart,
many places shaping
the fibers of my soul

i can only be in one place at once,
though feel the beat of many at once

i miss each in every absence
i welcome each in every presence,
i leave pebbles of love
in every place i go

many layers
where my soul rests,
many cords
that need to be played at once,
that need to be played each

everyone shape
the colors of my soul,
everyone barnish
what i see:
the light falling
through my window,
the birds arriving outside,
the plants surrounding
my morning meal

every morning:
all fibers open
like red roses,
holding all my quests,
and dancing what i got to give
to the day