Guamán Poma y la escritura (SOBRE EL ESCRIBIDOR A LA SOMBRA DE DON FELIPE).Fredy Amílcar Roncalla Fernández
SOBRE EL ESCRIBIDOR A LA SOMBRA DE DON FELIPE[1]
Fredy Amílcar Roncalla Fernández
“Chayri sapa llaqtampim qillqasqa kanka
ima hina kawsasqampas paqaeisqanmanta”
(Dioses y hombres de Huarochirí)
“Mosqollanchiktapunim qatispaqa manam
Griegotapas ni Rumanutapas qatrunachikchu”
(William Blake)
“But anywhere is the center of the world”
(Black Elk)
“Papelito rosado cuéntame tu vida / por qué
andas escrito con tintas de sangre / y firmas
mi nombre (Juanita del Rosal”
Una de las consecuencias de las elecciones peruanas de 1990 es la forma en que la comunidad termina limitando el lugar del escritor – o el escribidor- como pieza clave no sólo en la dinámica de la información, educación, arte y sabiduría, sino también en las realidades del poder. El uso que Mario Vargas Llosa hace del prestigio literario para buscar poder político muestra una conexión profunda entre el reclamo de la escritura[2] por la centralidad del poder y la alienación del egoísmo. Ambos procesos son una continuación de la dinámica colonial iniciada con la llegada del eurocentrismo[3] en nuestro territorio.
Pero esta apertura, harto abstracta, debe ser planteada en alguna forma de linealidad histórica y de pensamiento[4]. En los andes, que incluyen la costa y la selva, la escritura aparase con el encuentro entre Atahualpa y Valverde. Este evento inaugura un espacio del terror, en el cual el sujeto eurocéntrico pasa a sostener que sus metáforas centrales -la escritura, él dios cristiano y el tiempo lineal- son vehículo libertario de las víctimas de su arrasadora violencia. Cerca de cien años antes que un tal René Descartes sintetizara la separación eurocéntrica entre la cabeza y el cuerpo, los españoles ya habían sentado las bases del futuro mito de Inkarrey al decapitar al Inca. Y la escritura, efectiva arma ideológica, se ubicó rápidamente como base de agresión, de violencia sexual, territorial, religiosa y espiritual por el poder y control político eurocéntricos. Su presencia acompaña un largo proceso colonial, donde ciertos mecanismos de la dialéctica del amo-esclavo son reproducidos por nosotros. Queda claro que los señores iniciales de esa práctica eurocéntrica son los mismos europeos. Pero más tarde se da una dolorosa paradoja dentro del espíritu colonizado: la metáfora central del opresor se convierte en metáfora central del oprimido. De tal manera que los andes terminan siendo cristianos, y bien cristianos. Y la escritura, como marca de “civilización” hace que los que no tienen acceso a ella sean considerados menos, mientras que la gente que sí sabe usarla está mejor: más cerca del modelo eurocéntrico. Algunos ingredientes de racismo, sexismo, discriminación cultural y lingüística, dominio de clase y crasa brutalidad, le dan sabor a un repugnante plato cotidiano donde olvidamos nuestros ancestros, pretendemos ser herederos exclusivos de la contribución europea y terminamos considerándonos como alguien alterno: el subdesarrollado y salvaje “indio”, el otro, que llevamos, pero pretendemos esconder. De tal manera que cuando Vargas Llosa escribe en el New York Times Magazine[5] acerca de los sucesos Uchuraccay que “estuvo sorprendido de encontrar que en el Perú las comunidades ‘indias’ tenían una realidad completamente diferente”, no alcanza a sorprender a quien no lee su artículo desde el punto de vista de la metrópoli. Escribe como si el ser un sujeto capaz de comentarios categóricos fuera privilegio incuestionable del uso del lenguaje eurocéntrico cuanto hace referencia al “otro”[6]. Al manipular la percepción de los crímenes de Ucuraccay como actos de brutalidad que no se darían en los espacios urbanos “modernos”, Vargas Llosa ejemplifica una profunda alienación artística y política. Y ya que Vargas Llosa es también parte nuestra, que salió de nosotros, tenemos que reflexionar sobre ciertas preguntas: ¿Cuál es el lugar de una escritura eurocéntrica y enfocada en el ego dentro de la dialéctica de opresión y liberación? ¿Hasta qué punto la escritura participa en la creación de una cultura de la violencia dentro de la guerra civil? ¿Hasta qué punto la historia, como escritura y conceptualización eurocéntrica, es más perpetuación de sus propios esquemas que exploración de nuevos paradigmas? ¿Y cómo es que, trascendiendo el eurocentrismo y el andecentrismo la escritura puede contribuir en las variadas luchas comunales por libertad y justicia social?
Estas preguntas empiezan a brotar desde varias zonas de profundidad. Apenas empiezan a ser registradas por el lenguaje sin aún romper con la costra epistemológica de la escritura y su aparato ideológico. Y a que la crisis actual es político-económica y también de redefinición cultural, un poco de historia es pertinente. Esto nos remite a los hechos de Guamán Poma, cuyos pasos en los tempranos espacios coloniales y toledanos tienen eco no sólo en esta página, pero también en nuestra psicología profunda; lugar donde el trauma colonial permanece. Y ya que su Corónica o Carta al Rey es finalmente accesible a todos, hay mucho que aprender al verlo como ser humano; como uno de nosotros.
[1] Escrito originalmente en inglés y traducido por el autor.
[2] En este artículo me refiero a la escritura como fenómeno cultural.
[3] Se entiende como eurocentrismo aquella parte de la cultura occidental que se considera mejor que cualquier otra: en la cúspide de la experiencia humana.
[4] Jamake Highwater tiene algunos comentarios sobre el tiempo y la linealidad occidentales: “la percepción occidental del tiempo es omnipresente y se muestra en la forma en que los leguajes se construyen y en la forma en que se requiere que la gente acomode sus pensamientos en una secuencia reconocible, no importa que esto requiera que se alteren ciertas experiencias espaciales (como los sueños) para encajarlas en un esquema temporal aceptable. En occidente es imperativo falsificar nuestra conciencia para que encaje en el flujo de duración que nos saba del pasado y nos lleva al futuro. La modalidad es lineal y esta compuesta por partes iguale por un pasado, un presente y un futuro a través de los cuales una secuencia de eventos se sucede uno a otro de una manera calculada… junto al lenguaje y las matemáticas, esta construcción lineal de la experiencia temporal constituye la esencia del modo de pensamiento occidental. Jamake Highwater, The Primal mind, 1981.
[5] De acuerdo a Mario Vargas Llosa la responsabilidad de los asesinatos de los periodistas en Uchuraccay (1983) recaes sobre los campesinos de aquella comunidad. Posteriores datos parecen indicar lo contrario. De por sí, el dramatismo de los asesinatos en la escena nacional tiene estrecha relación con la escritura. Los cientos o miles de víctimas anónimas en tres años anteriores de guerra no habían sido capaces de mostrarle a la nación su propia y cruda realidad. El artículo de Vargas Llosa en mención es “Inquest in the Andes”, New York Times Magazine, Julio 31, 1983.
[6] La construcción de la “otredad” se apoya en una sintaxis de dominación predeterminada, donde la “identidad (sujeto) civilizada” se considera superior.

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