NOS PREFIEREN CHOROS, NO CHOLOS. [Texto sobre la candidatura de Brígida Curo, el poder y el racismo]. Lourdes Aparición
La poeta, psicóloga y activista Lourdes Aparición, hija de Tintay (Apurímac), responde al racismo en torno a la candidatura de la Señora Brígida Curo. Habla, y hablamos en primera persona!
NOS PREFIEREN CHOROS, NO CHOLOS.
[Texto sobre la candidatura de Brígida Curo, el poder y el racismo]
Hay algo que no estamos queriendo admitir.
Cuando una mujer andina, quechua, campesina, indigena decide entrar a la política, se rompen varios esquemas al mismo tiempo, de quién “debería” gobernar, de cómo “debería” verse el poder y de quiénes han tenido siempre la palabra.
No es que sorprenda una candidatura. Lo que incomoda es quién la encarna.
Brígida Curo, ni muchas de nosotras respondemos a ese molde tradicional.
Durante años hemos visto pasar autoridades con discursos técnicos, hojas de vida impecables y trayectorias que parecían incuestionables. Y aun así, eso nunca generó la misma duda o cuestionamiento como ahora.
Entonces, ¿qué es lo que realmente está en discusión?.
He visto demasiados comentarios intentando bajarle el peso a la candidatura de Brígida Curo. Que si no tiene estudios superiores, que si “no da la imagen”, que "cómo alguien así va a representar al país". ¿Alguien así cómo?.
Porque cuando una persona es blanco, de ciudad, con título universitario, nadie cuestiona si “se ve” como autoridad. Nadie duda si pertenece a ese espacio. Pero cuando es una mujer y es indígena, quechua, campesina, marrona, ahí sí aparecen todos los filtros.
Y lo más evidente: la vara no es la misma para todos.
Ahí tienen a Rafael López Aliaga soltando frases con contenido sexual, comentarios racistas y clasistas… y el nivel de indignación no es ni de cerca el mismo. No se le cuestiona si “representa bien” al país por cómo habla o por lo que dice. No se pone en duda su lugar en la política.
Pero a Brígida Curo y a las mujeres indígenas, andinas, quechuas y campesinas, sí.
Se nos mide por nuestro origen, nuestro acento, nuestra apariencia, por no haber pasado por los espacios que históricamente han sido privilegio de unos pocos y lo disfrazan de “exigencia”, de “preparación”, de “nivel”.
No necesitamos normalizar nuestra presencia. Nuestra presencia ya es legítima.
Este país ha tenido de sobra políticos con maestrías, doctorados y apellidos reconocidos… y eso no evitó corrupción, racismo, clasismo, abuso de poder.
Entonces no, no es un tema de títulos.
Es cómo nos ven.
De dónde venimos.
Qué idioma hablamos.
Es racismo.
Es clasismo.
Y mientras no se diga así de claro, se va a seguir repitiendo lo mismo: cholear, terrukear, excluir, minimizar y ridiculizar a quienes no encajamos en ese molde tradicional de poder.
Una mujer indígena, quechua, aymara, campesina en política no “debería sorprender”.
Lo que debería incomodar e indignar es que, en pleno siglo XXI, todavía haya quienes miran con extrañeza que ocupemos espacios que siempre nos han pertenecido tanto como a cualquiera.
Todavía hay quienes nos relacionan con el delito antes que con el poder.
Porque claro, nos prefieren choros, no cholos.

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