miércoles, 29 de septiembre de 2010

Siete (u ocho…) razones para no votar por Lourdes Flores / Víctor Vich

a) La primera es una razón que surge del espectáculo macabro que hemos observado en las dos últimas semanas. Son dos las constataciones al respecto: por un lado, se nos ha revelado la verdadera cara de una derecha –profundamente autoritaria y mafiosa- que no quiere tener interlocutores políticos y que está dispuesta a muchas cosas a fin de continuar en el poder. Mentir (y demás) se ha vuelto su estrategia. Por otro, es realmente obsceno e impresionante manipulación que realizan los medios de comunicación en la construcción de la opinión pública. Si una broma cabe de por medio, diría que los estudiantes de comunicaciones dispondrán de una material increíble para escribir miles de tesis en los próximos meses: la forma en la que se redactan las noticias, la manera en la que se editan las declaraciones, los intereses bajo los cuales se seleccionan los titulares, los silencios abusivos, y la “invención de la realidad” a partir del discurso dan cuenta de que quienes se autonombran “decentes” son justamente los que promueven y reproducen el fango absoluto en el que nos encontramos.

b) El último debate nos confronta ante dos formas de hacer política: una que está dispuesta a mentir, a injuriar, a manipular y a sembrar falsos miedos, y otra que ha optado por la necesidad de sumar esfuerzos. Una, que es profundamente cínica pues en realidad no cree en lo que dice, pero lo sigue diciendo porque intuye que eso le puede generar algún beneficio, y otra que apuesta por recuperar la política como un lugar del sano disenso. Estas elecciones nos sitúan ante dos formas de cultura política: una que concibe la democracia como un monólogo que no acepta discrepancias y que parece estar dispuesta a todo, y otra firme, pero también desconcertada, ante el descubrimiento que la degradación política era infinitamente mayor de lo que se pensaba (y ya se pensaba mal).

c) Hace tiempo que el PPC dejó de ser un partido político y se ha convertido en una burda (y casi mafiosa) maquinaria electoral. El PPC se ha vuelto una organización cuyos cuadros no pasan por revisión técnica y que permite, sin ningún problema, que la gente entre, salga y regrese a sus filas según las puras coyunturas electorales. Así, hace poco observamos el increíble espectáculo del alcalde de San Juan de Lurigancho, Carlos Burgos que un día estuvo con Kouri y al día siguiente “regresó” al PPC y le dieron la bienvenida sin ningún problema. Lo mismo sucede por ejemplo con Manuel Masías que ha tenido una gestión realmente nefasta en Miraflores y que practica la política con el clientelismo más tradicional obligando, por ejemplo, a poner carteles con su propaganda a quienes supuestamente ha ayudado paternalmente. Son infinitos los casos que demuestran que esto es así pero podría añadirse una reflexión más: el PPC ha gobernado esta ciudad en muchos de sus distritos, en los últimos 30 años, y lo que tenemos es un verdadero caos por todos lados. El cambio se hace necesario.

d) ¿Quién financia los cientos de carteles del PPC y su campaña millonaria? En estas semanas que yo he participado de estas elecciones me he dado cuenta de la cantidad de dinero que se necesita día a día. ¿Qué compromisos se pactan bajo ese dinero? En un contexto diferente, cualquier narcotraficante le estaría dando muchos dólares a Lourdes y, seguramente, ella se encontraría feliz recibiéndolos. Lo que quiero decir es una gran irresponsabilidad votar, entre otras cosas, por una persona que siempre suele terminar posicionada como súbdita de un poder externo: de su padre cuyos insultos todavía recordamos, del jefe de su partido que hace poco firmó un comunicado apoyando al cardenal Cipriani, de políticos dispuestos a cambiar las encuestas, de empresarios mafiosos y de asesores sin ética. En realidad, es a Lourdes a quien hace rato que “se la comieron todos los lobos”.

e) Hay que decir, sin embargo, que muchas de las propuestas técnicas de Lourdes son interesantes y positivas para la ciudad, y quien gane las elecciones deberá convocar a todos los otros candidatos a fin de construir un proyecto conjunto. Una democracia no es solo el gobierno de la mayoría sino un sistema que debería abrir la posibilidad de dejarse convencer por el rival y, en ese sentido, de comenzar a trabajar con algunas de sus ideas. Hoy vemos claramente que la derecha no está dispuesta a hacer eso.

f) Una ciudad no solo necesita obras públicas para ser un lugar vivible. Una ciudad necesita un gobierno que construya ciudadanía y que se esfuerce por neutralizar cualquier práctica de discriminación social. Me pregunto entonces: ¿Una gestión como la de Lourdes Flores combatirá el racismo que existe en los sectores altos de Lima? ¿Tendrá Lourdes el coraje de responder, por ejemplo, a todas las barbaridades que suelta Martha Hildebrandt o callará como actualmente calla la mayoría? ¿Lourdes, o sus asesores, investigarán con la misma fuerza a Castañeda como lo han hurgado todo en las últimas semanas? ¿Bajo una gestión de Lourdes se acogerá a los familiares de los 15,000 desaparecidos por la violencia que siguen sin tener explicación alguna? Ultima: ¿La gestión de Lourdes será capaz de darle la palabra al movimiento gay?

g) ¿Quién representa, entonces, las ideas del pasado? Es clarísimo: el PPC no es un partido liberal (sería muy bueno que surgiera alguno) ni, menos aún, un partido socialcristiano; es un partido tristemente conservador, un partido de una derecha autoritaria que parece estar dispuesta a todo. El voto por Lourdes es, sin duda, un voto antimoderno, un voto arcaico, el resto de una edad primigenia; algo así –ha dicho un poeta- como la muela del juicio.

h) No, no hay que votar por Lourdes Flores. Hay que votar por Susana Villarán.

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