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martes, 14 de diciembre de 2010

El Quechua y la Globalización: el caso del huayno en el youtubeYouTube kanchapi wayllallay ichullay: el huayno quechua en el Internet / Fredy Roncalla

YouTube kanchapi wayllallay ichullay: el huayno quechua en el Internet
Estas ideas fueron expuestas en el Amazonian Andean Conference en Gainesville Florida, y en Quechua Week de NYU. Agradezco a Julio Noriega, Wilton Martinez, Blas Puente Baldoceda, Ruben Davila Olano, el wayki Florentino, y el wayki Carlitos Olazabal por el dialogo que llevo a este breve ensayo con el cual espero abrir la conversacion sobre varios de los temas sugeridos. Desde ya, Silvia Falcon publicara en unos dias una respuesta o comentario sobre todo esto. Estan todos invitados a contribuir. Kuska purisunchik.

YouTube kanchapi wayllallay ichullay: el huayno quechua en el Internet

Fredy Roncalla

Para Elayne Zorn y Julio Noriega

Pese a su breve historia YouTube es el más importante portal de difusión de sonidos e imágenes, avanzando a una velocidad exponencial y cubriendo un sinnúmero de posibilidades audiovisuales. Frente a ello, los flujos migratorios andinos dentro y fuera de los espacios nacionales, en constante negociación con los exponentes digitales de la goblalización, han logrado colocar un enclave de entregas dedicadas al huayno. Tras un largo camino de silenciamiento y exclusión, la visibilización masiva del huayno en el YouTube, permite pensar que este portal cuestiona y desestabiliza la circulación vertical y hegemónica de ideas, sonidos, imágenes y prácticas estéticas en el espacio nacional y la diáspora.

Por ser fenómeno reciente, complejo, de más preguntas que respuestas, el huayno en el YouTube ha sido poco estudiado. Pero hay mucho interés. Así, esta exploración recoge varias conversaciones sobre el tema tanto afuera como en el Perú. En principio, voy a resaltar tres de ellas.

En enero de 2009 el centro de culturas indígenas Chirapaq organizó un conversatorio sobre la música andina en el YouTube. Ahí la dinámica se centró en visualizar y comentar algunas muestras representativas de varios estilos musicales. Para ello sirvió contar con el amawta Leo Casas, quien enfatizó la presencia de los huaynos jocosos en quechua. Por su parte, el responsable del canal YouTube Pepecharango habló sobre su pasión por el charango. Y el joven director del blog Música Andina Peruana mostró su ventana dedicada a la difusión de la corriente urbana y joven del huayno. También Walter Ventosilla habló sobre lo fácil que es grabar un clip y subirlo al You tube, y Róger Rumrrill preguntó sobre el significado de este fenómeno en horizonte global postmoderno. Por mi parte, hablé sobre los estilos regionales alejados de la moda, especialmente de las zonas quechuas de altura.

Con mi compadre, el antropólogo visual Wilton Martínez, quien está interesado en los procesos de recepción e intercambio de percepciones de los huaynos del YouTube en el extranjero, hablamos–entre otras cosas—sobre el impacto que esta toma de espacios virtuales tiene en la desterritorialización y desesencialización de la identidad andina como algo estático y fijado a un espacio geográfico cerrado; el rol del Internet en la continuidad de la identidad andina trasnacional; los estilos estéticos emergentes en la visualización del huayno; el rol de los comentarios en el proceso; y también sobre quiénes y para quiénes se cuelgan los clips y si estos se ven principalmente en el extranjero o en el Perú.

En el Perú, con el estudioso Carlos Olazábal intercambiamos links e emails sobre Sonia Yasmina, el grupo Sicuani, la Salsa en quechua y conversando en Lima llegamos a la conclusión que el huayno es un vehículo de preservación del quechua. Por e-mail, comentando un borrador de este trabajo, Carlos Olazábal sostiene que el YouTube “es un medio que permitirá la permanencia del quechua, porque escuchas y no lees, que es más difícil”. Sospecha, además, que el huayno en el YouTube se visita más en el extranjero; que gran cantidad de los videos son producidos de forma casera, improvisada, no profesional y efectista; que los comentarios suelen discutir sobre el origen de las canciones hablando de una nación quechua, de la herencia incaica y de que somos cholos y en contados casos indígenas.

De hecho, estos tres rimanakuys abren campo para varios volúmenes, pero continúo de forma exploratoria, con la convicción que escribo como andino migrante en el extranjero. Es decir: afuera, pero adentro. Preguntándome: (A) Qué nos dice el YouTube sobre el huayno y el quechua; y (B) Si a partir de ello es posible articular una teoría estética del género.

Si Raúl R. Romero sostiene que el huayno es una forma musical desligada de los ciclos rituales y por ende de una gran flexibilidad, la cual le ha permitido adaptarse a diversas duraciones culturales y espacios acústicos, pienso que por ello debe ser concebido como un género que abarca desde las expresiones más “tradicionales” hasta las que acompañan a las masiva migración del ande a las grandes ciudades del país y, últimamente, a los espacios diaspóricos transnacionales. Así, su campo semántico enmarcaría el huayno en sí, formas cercanas tradicionales como el toril, el qachwa y el huaylas, y también búsquedas urbanas y trasnacionales. A ello se podría añadir que el género responde a una tensión estética entre la tradición como continuidad y fuente de inspiración, y la constante búsqueda de lo nuevo, ya sea con añadidos donde el sistema musical lo permite, o con exploraciones que van más allá.

Planteadas así las cosas, la popularidad actual de los sonidos del arpa y las cantantes del norte chico y los requintos de Osito Pardo y Juan Pipa, serían una partida del huayno tradicional y a la vez un retorno a la fuente luego del auge de la chicha y la tecnocumbia, las cuales marcaron su momento al borde del sistema musical del huayno. Estos estilos son los que en YouTube reciben la mayor cantidad de visitas, muchas de las cuales pasan los cientos de miles. Una popularidad incómoda que ha recibido críticas desde la academia, que la ve ligada a las industrias culturales y el auge del neoliberalismo, hasta sectores “autenticistas” que la ven alejada de la tradición y sin calidad musical.

Otra tensión estética que acompaña al huayno es aquella de la partida y el retorno que va dondequiera los andinos asienten su morada y el soporte mántrico de sus sonidos. Y los ojos y oídos que buscan trascender y curar la distancia en ese hogar que está en todas partes y en ninguna -el Internet- pueden elegir no sólo los sonidos e imágenes de moda, sino también volver a los clásicos y al seguir buscando encontrar artistas ya olvidados o estilos locales que antes no hubieran circulado fluidamente. Por esos caminos uno va encontrando el huayno quechua, que yendo a contracorriente de la diglosia, el dominio lingüístico y estético, la discriminación y el silenciamiento, se expresa como en un impulso rizomático, en una gran variedad de entregas. Estamos frente al fenómeno estético más importante, masivo, contradictorio y creativo del momento.

En lo que sería el tronco central del huayno en el YouTube se encuentra: (1) a clásicos como Los Campesinos, El Trío Ayacucho, Los Errantes, Los Puquiales, Los Bohemios y Condemayta de Acomayo; (2) la corriente derivada del huayno testimonial fluctuando entre la tradición y la búsqueda formal como Manuelcha Prado, Julio Humala, Las Hermanas Illáñez, Miguel Mansilla Guevara; (3) a las corrientes urbanas de segunda generación cultivando el huayno contemporáneo en diálogo con la tradición, como Dúo Ayacucho; (4) a las exploraciones de Damaris, Alborada, y Marú; (5) a entregas que fluctúan en varios estilos como Saywa y Dolly Príncipe; (6) a los músicos indígenas consagrados como Máximo Damián y Leo Casas; y (7) a los olvidados como Sonia Yasmina y Tula Cagigas. Y en esta breve lista, a nuevos centros de irradiación musical en Ocobamba, Páucar del Sara Sara, Tintay y las provincias altas del Cusco, junto a los focos tradicionales de Huancayo, Huamanga, Puquio, el Cusco, Apurímac, Ancash, Huancavelica y Puno.

Pero así como el YouTube es un espacio democratizador entre la variedad de estilos también se encuentran pugnas y dinámicas hegemónicas. Por ende, no debemos olvidar a las corrientes locales, llaqta, que nos muestran el huayno con arpa y violín de Juan Cholucha y Fortunato Condori en el sur de Ayacucho y Apurímac, el chimaycha y el pumpín del valle del Pampas, las bandurrias de Huancavelica y del Cusco, el charango de Lucio Vita en provincias altas, así como expresiones más ligadas al ciclo ritual como las huaylías de Antabamba, mostradas por la auto-representación del viajero que llega a la fiesta o el documentalista que debe bregar duro para no caer en la estetización orientalista del “otro”.

Aquí vale la pena detenerse un poco y constatar que en el huayno quechua están presentes tanto el runa simi como el español. En la lírica tradicional del huayno quechua abundan imágenes y analogías que apelan a la naturaleza en combinaciones binarias que se ordenan en torno a una recurrencia alternante tipo “orqopi / qasapi” o “negra del alma / negra de mi vida”. Esta recurrencia es más visible en la progresión de verso a verso pero también se puede dar al interior de una misma línea. Así se va armando una primera estrofa con una serie de medidas y haz metafórico sobre el cual se elabora el total de la canción, dejando siempre la posibilidad que ésta se amplíe. Se trata entonces de estructuras binarias y abiertas, con resoluciones en los tránsitos y las fugas, de imágenes altamente condensadas, y la vez abiertas al cambio de un idioma al otro. Pero que permiten la presencia del quechua subvirtiendo la diglosia y ayudando a mantener el idioma.

Por factores históricos, la modalidad binaria y dual va dando paso a una versificación lineal en el arpa del norte chico, el nuevo huayno, en las variantes herederas del huayno testimonial, las propuestas fronterizas con el rock, el jazz, la balada y la saya boliviana, e incluso en las formas tradicionales. Es tal vez un exabrupto sostener que el desafío de la linearización para conseguir la profundidad de la alternancia recurrente es arduo, como también señalar que la densidad simbólica de la alternacia, y el uso afectivo de la naturaleza como fuente de símiles y analogías es el medio óptimo de una música espiritual, vital y curativa.

Encontrar esas amadas canciones y descubrir otras nos cura la distancia, ese mal profundo, remontándonos en el tiempo y el espacio. Así negociamos nuestra identidad y nos mantenemos vivos kaypipas maypipas. Como dice Sonia Yasmina “ya no llores, mi canto es el remedio para tus males”. Pero no se cura sólo la distancia. También se curan los heraldos negros de la condición humana y los estragos de la guerra—de forma tendiente a lo lineal en los huaynos testimoniales y de protesta, y de modo más condensado en los versos del Chimaycha de Chuschi cantando al son de chinlilis, “chay balachayli imataq ruwawanqa”. Queda por ver si el lugar óptimo de la memoria y la sanación de las heridas de la guerra está en esas “simples” y profundas canciones más que en el ordenamiento escritural y lineal de la sociedad letrada.

Ya que de memoria se trata, es necesario hablar del Taki Onqoy. El maestro Daniel Kirwayo tiene el mérito de haber corregido un grave error al abrir su album “Taki Onqoy”, con una canción ritual curativa de la amazonía. Ver a la música de este modo—como una creación y expresión sanadora—nos ayuda a reparar que los takis cantados y bailados por el altomisayoq Juan Choqne eran actos curativos del mal colonial que afectaba al cuerpo y el espíritu del ayllu. Era un qampeq taki que a partir de la danza y la música invocaba a Hanaq Pacha a reordenar el mundo de ese entonces, y que ahora invita a replantear la historiografía que lo ha tratado como regresión, utopismo, pulsión primitiva y toda una hanllaka epistemológica que perpetúa la denominación colonial de los tayta curas. Taki onqoy / qampeq taki qonqawasqayki hinalla, donde se mantiene el onqoy sólo por la posibilidad poética de una alteridad radical. Taki onqoy / qampeq taki, porque en los pueblos andinos la música, la danza y la cultura han continuado resistiendo hasta su florecimiento actual.

Pero en caminos más cercanos, el YouTube nos da sonidos e imágenes entrañables. Se trata de una infinidad de video clips colgados en el Internet. Aquí el wayki Carlos Olazábal nos dice,
muchos artistas empiezan su difusión en este medio antes de grabar un cd o un dvd, caso Ugo Carrillo, que fue conocido por los videos de Presencia Cultural y pasado de boca en boca mejor dicho de e mail en e mail. Así hay muchos casos en que artistas aficionados locales graban y cuelgan en la red. Será en el futuro el medio que desplace a los cds y dvds?
Y continúa enseñándonos:
otro tema es de quien cuelga en el Internet. En muchos casos es el propio artista. Pero creo que la mayor parte son terceros, grabaciones caseras de conciertos, algunas realizadas por quienes regresan a su tierra. Los videos, con puesta en escena, en su mayor parte, obviamente, no son de gran calidad. Los cambios de escenario se dan sin transición y tal vez sin un libreto previo, por lo que pienso que la mayor parte son videastas aficionados.
Hay que subrayar que el “Canto de la Alegría” de Ugo Carrillo saca cara por el huayno tradicional pasando ya las cien mil entradas. Y es parte de un nicho de trasmisión que parte del programa televisivo “Presencia Cultural” y los espacios escénicos de la Derrama Magisterial, el Centro Cultural Peruano-japonés y algunos otros teatros. Aquí la puesta en escena remite a los andes con algunas pocas alusiones en el vestuario y la escenografía. En el caso de los megaconciertos de las arperas y el nuevo huayno, el énfasis es en el vestuario, los bailarines y el intercambio con el público, en donde nunca falta la pesada presencia del animador. Pero también hay puestas en escena tanto en Lima como en los lugares de origen. En las pocas áreas verdes alimentadas por las aguas que corren por el Río Rimac se suelen grabar canciones con fondo bucólico, y con vestimenta y teatralización alusiva al lugar de origen para darnos, por ejemplo, caballos y polainas qorilazas en Huachipa. Este diálogo visual con la naturaleza se traslada a los clips kikin llaqtapi donde suelen haber intentos de teatralización, y fragmentos grabados en la campiña, la plaza principal del pueblo, el apu tutelar, o el río. Si muchos de estos videos son efectistas y espontáneos, no hay que olvidar productoras regionales profesionales como Dolly Jr. y Producciones Apurimak, así como a documentalistas como Ángel Romero P. y Wilton Martínez, por ejemplo. No esta demás decir que la presencia del huayno en el you tube se da gracias a varios canales de difusión de los cuales destacan Atoyyanaquino, Presencia cultural, Uripa.tk, Pepecharango, Angelromerop y muchos otros que incluso tienen su propias paginas webs y blogs con enlaces radiales.

Por eso mismo hay ya los siguientes momentos cumbres del huayno en el YouTube que menciono brevemente: (1) la serie de videos de Sonia Yasmina, de Ángel Romero P; (2) la serie de Uguito Carrillo; (3) la banda típica Huayno Marinera donde un conjunto de vientos y bailarinas deconstruye y parodia una serie de canciones; (4) la serie de Flor María de Chuschi; y (5) Chinka Chinka de Tula Cajigas, la primera obra maestra del videoclip en huayno. Queda por verse si asistimos a la formación de una retórica visual que conjuga criterios de autorepresentación, de alusión al origen, de promoción cultural, preservación etnográfica del acervo, e incluso propaganda.

Son diálogos que remiten a los comentarios en respuesta a los clips, los que en muchos casos son hechos por quienes abordan la escritura por primera vez negociando el gusto, el recuerdo, el amor informático con alguna cantante, el origen de una canción, e incluso defendiendo el valor de la música de esporádicos ataques. Hay de todo. Son formaciones escriturales que no pasan por el rígido control de la gramática, las reglas o el estilo de prestigio. Y habitan en una fisura semiótica donde no prima la hegemonía lingüística y cultural que antaño habitaba los atávicos espacios de exclusión de la modernidad periférica y racista del Perú. Y aceptando la invitación rizomática y democratizadora del Internet permiten complementar a las canciones quechuas escribiendo en runa simi. A veces con letras de canciones, otras con saludos o breves intentos poéticos. Como tentando un camino que también se abre en otras partes del Internet en blogs y páginas web dedicadas al quechua, al aymara, shipibo, y otras lenguas indígenas. Un horizonte vital y promisorio que sin embargo se da en el mismo momento que las tierras indígenas de los andes y las amazonía son apropiadas por el estado y las grandes empresas. Una recurrencia alternante perversa aquella de la reterritorialización digital con la desterritorializacion en el llano ancho y ajeno.

La crítica de la articulación de las industrias culturales del huayno con el neoliberalismo y el capitalismo tardío ha sido planteada por los estudios sociales, y también ya hay una creciente etnomusicología sobre variantes locales, regionales y populares del huayno. Estos valiosos estudios complementan la opinión de algunos cantautores sobre su trabajo como Manuelcha Prado respondiendo a la polémica desatada en torno a la apertura experimental del proyecto Kavilando, Julio Humala hablando sobre el huayno en la obra de José Maria Arguedas, Silvia Falcón comentando su producción de Killa Luqsimun, Rosita de espinar explicando la alegría de su música, e incluso a la opinión de observadores poco conocidos como Fermín Rivera -que al hablar de Alborada nos dice que cambia todo menos la melodía- y Hubert Mendoza señalando la desespiritualización de la tradición en el éxito comercial del huayno con arpa. Pero me parece que todo ese bagaje cognitivo debe llevar a una crítica estética sistemática que de cuenta de un fenómeno tan rico y multilocal y dinámico como el huayno, coadyuvando el proceso creativo de los artistas en diálogo directo con ellos, ampliando el vocabulario impresionista de las opiniones de respuesta del Internet, y sobre todo abriendo un área de estudios al mismo nivel que los estudios literarios, siguiendo así la pauta de, Josafat Roel Pineda, de La sangre de los cerros, de los hermanos Montoya y los trabajos de José María Arguedas. Una de las ventajas del huayno en el YouTube ha sido visualizar en un mismo plano la vasta gama de sus posibilidades de tal modo que permite dar miradas individuales, regionales, comparativas, diacrónicas, estilísticas y visuales aparte de las negociaciones contra hegemónicas, multi territoriales e identitarias de un fenómeno de hondas raíces históricas y en plena madurez. Para este horizonte crítico es necesario desfoklorizar al huayno y concebirlo como un género y un sistema estético al que en el YouTube hemos dado una mirada a vuelo de kaspi chakicha pichinkucha.