sábado, 11 de junio de 2011

Que gobiernen quienes ganaron, Rodrigo Montoya

Tomado de La primera, uno de los dos diarios capitalinos que aun merece ser llamado tal, aunque en el diario del jiron Camana aun hay uno que otro articulista ligado al impresentable gobierno actual que lleva al no lijero hastio. No olvidar que esta sobre el tapete el boicot del disrio el Comercio, el Correo, P21, Canal N, canal 2, panamericana y RPP del P, y su chorro de opiniones inservibles


Que gobiernen quienes ganaron

Ganó Ollanta Humala con el voto de todas las provincias andinas y amazónicas y la mitad de las costeñas. Oír esas voces es el primer encargo después de La Victoria. Perdieron Fujimori papi, Fujimori hija, Montesinos, todos los fujimontesinistas, todas la derechas, Alan García y el APRA, los medios de comunicación comandados por El Comercio, Correo y Expreso, gran parte de los canales de TV y grandes empresas de radio. Perdieron también Bayly, el sicario, Hernando Soto, sin el “De” de un abolengo bamba, y PPK. Seguir oyendo esas voces no es lo primero que el gobierno debe hacer.

Cuando se tiene sensatez, honradez política y sólidas convicciones democráticas, después de una derrota debiera abrirse un periodo de silencio y examen autocrítico para tratar de entender por qué se perdió y cuáles son las lecciones por aprender, y -luego- esperar otro momento para volver con decencia. Desde su colonial soberbia de quinientos años, un minuto después de su derrota, las derechas exigen que el nuevo gobierno nombre a “independientes” en los puestos claves para dirigir la economía y la política, que el presidente quede pintado en la pared, que el partido que ganó se esconda y que sigan gobernando los mismos de siempre. Jugando con su astucia, sus miedos y el miedo de los otros, casi llegan hasta las lágrimas por la caída de los mercados, por el incierto futuro del país y recomiendan, piden y exigen que el presidente del Banco Central de Reserva siga siendo el mismo funcionario de hoy.

En países de Europa y del mundo donde hay una tradición democrática en serio, quienes pierden se callan, se retiran, dejan su lugar a los que ganan y asumen sus responsabilidades renunciando a sus supuestos de liderazgo. Desgraciadamente, no ocurre lo mismo en nuestro tristísimo país. ¿Qué de democrático tiene este comportamiento?

Lo ideal sería; digo, es un decir, que Ollanta Humala y su equipo tomen con calma el infantil berrinche de los perdedores, que no puede durar un mes. Que consagren su tiempo a las cuestiones claves para su propio gobierno y que desde el primer momento asuman la responsabilidad de no dejarse encerrar con los barrotes del economicismo primario, tan fina y astutamente desplegados por el Banco mundial, el Fondo Monetario Internacional y las grandes empresas multinacionales. Ninguno de los recomendados por la derecha para ocupar los cargos estratégicos de la economía, tiene formación y sensibilidad para entender los problemas de la fragmentación del país que es consecuencia de creer que los llamados indios de los Andes, de la Amazonía, y de la Costa peruana, son ciudadanos de quinta categoría, “perros del hortelano” en lenguaje de Alan García. El mensaje de las provincias para Ollanta Humala tiene que ver con el brutal racismo de la sociedad peruana que es tan o más importante que el rumbo de la economía.

El 27 de julio de 2011 termina la alianza del gobierno aprista con las derechas, el Fujimorismo y Keiko Fujimori. Se abre otro período. Desde los bordes del sistema político, los pueblos aimara, quechua, amazónicos y costeños esperan atentamente. Soplan vientos de esperanza.

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