Tanto en su reciente presentación, al caminar en el mercado donde le piden una copia, o estando sentado en un parque frente a la cárcel de Abancay conde unos niños que esperan la hora de visita a sus padres le piden leer en cuento, el reciente relato "El rey de la basura" de Hernan Hurtado, que retará una realidad urgente en Abancay y en muchas otras cuencas, ha funcionado como relato coyuntural de éxito. Aquí compartimos dos comentario pertinentes de Anahi Vásquez de Velasco y Julio Noriega.

El cuento del maestro Hernàn Hurtado Trujillo debería ser parte del plan lector de los colegios. En él se encuentran claves locales y globales que son fácilmente empatizables. Además es evidente la moral que prima entre los personajes humanos y ambientales. Si fuese una película, sería mejor que una de Wes Anderson. Es decir, la línea que divide el retrato del documento, es mucho más difusa, pero también es mucho más estable. Se los recomiendo mucho. Y francamente me encantaría si fuese teatralizado. (Anahi Vasquez de Velasco)  |
Niños que esperan visitar a sus padres leyendo el Rey de la basura
Con "El rey de la basura y la fiesta de las moscas”, del reconocido poeta y escritor Hernán Hurtado Trujillo, el controvertido tema de la contaminación urbana y la corrupción política halla, finalmente, un espacio en la narrativa peruana. Por eso mismo, este cuento no se alinea con la prédica oportunista de algunos activistas ni sigue el camino ya trillado de los talleres literarios de moda, sino que inaugura un nuevo derrotero, refundando experiencias literarias afines y explorando otras alternativas. Así, sin desmerecer la preocupación de ciertos ambientalistas y abanderados de la eco-poética, se nutre de muchas vertientes y recoge, desde mi perspectiva, algo del esperpento teatral de Ramón del Valle-Inclán, lo carnavalesco de la crítica de Mikhail Bakhtin, hasta lo marginal del realismo urbano de la cuentística de Julio Ramón Ribeyro y la trinidad embrutecedora del indigenismo de Clorinda Matto de Turner, estas dos últimas corrientes experimentadas con éxito en nuestro propio país. A partir del potencial de tales proyecciones, Hurtado Trujillo ensaya la propuesta andina de un cuento bilingüe apocalíptico, en quechua y español, con sujetos deshumanizados y con discursos más colectivos que individuales, donde la naturaleza es, más bien, un personaje tan humano como ningún otro y el mundo urbano moderno, esa promesa de desarrollo y bienestar en el futuro, aparece destruido por su propia inmundicia de la que es incapaz de liberarse. Contado con ese humor punzante con el que se cuentan nuestras historias, este relato anuncia que, sobre el modelo del “nuevo indio”, vuelve a caer la “tempestad de los Andes”, en una versión actualizada por Hurtado Trujillo como la descomposición apocalíptica de una trilogía de ratas sociales: el alcalde, el gobernador y sus lacayos. (Julio Noriega) |
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