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Una delegación con mirada diversa. Dina Ananco

 Buen viaje y estadia en la FIL Argentina Dina Abanco y llaqtamasis


En el Perú, tras las elecciones presidenciasles 2026, estamos viviendo y enfrentando la discriminación y racismo en su máxima expresión, sobre todo, a los que se nos llamó provenientes del "Perú profundo".

El término “profundo” en el idioma awajun y wampis significa kuna; otras acepciones son: centro/ejaperi, adentro/init. Desde ahí, se distorsiona la mirada, la concepción del país. ¿Y quienes habitan esos espacios?, pues en el mundo del agua es Tsunki, en el mundo de la Tierra, la Nunkui. Para mí, el Perú profundo es esa espiritualidad que abraza y protege a la tierra territorio y desde ahí venimos y nos sostenemos.
Desde ahí escribimos y levantamos la voz con nuestra marca oral, con nuestra lengua, con la fuerza de nuestras ancestras, ancestros bajo la protección del Arutam.
Entendemos que esa forma de pensar, sentir y vibrar es lo que nos hace llamar Perú, un país diverso.
El "problema" surge cuando se trata de representar al Perú dentro y fuera del territorio. Porque desde el privilegio cuesta entender que la diversidad no solo son los colores que adornan los museos y los diseños que nos roban, tampoco los términos bonitos que suenan poéticos para usarlos como marca o logos sino que implica derechos y respeto del uno hacia el otro. Ahora le llamamos interculturalidad y hasta tenemos un Viceministerio con esa denominación.
La discriminación que aflora, en muchas personas, la figura de la 2° Vicepresidenta de JP, BRÍGIDA CURO, una mujer puneña del pueblo quechua, remueve la mirada despectiva hacia los pueblos indígenas o andinos de nuestro país. Me recuerda cómo eran discriminadas y maltratadas las congresitas Ilaria Supa, Juana Huancahuari, María Sumire cuando eran parlamentarias por las supuestas élites limeñas. No me quiero ni imaginar toda la salvajada de comentarios que lanzarían si Lopez Chau, que ha apostado por Ruth Buendía (asháninka) como su 2º vicepresidenta, ocupara el segundo lugar.
Esto también trae a colación la idea de que los indígenas somos manipulables, que no tenemos la capacidad suficiente para tomar decisiones o de representar al Perú, porque para eso no hay espacio. Esto ocurre en el arte, lo vivimos cuando una diseñadora de modas decía “POR MÍ COMES” o como cuando opinan de cómo debe ser el arte indígena o qué es lo que debemos hacer los indígenas, cómo nos debemos vestir, dónde debemos vivir y qué debemos o no debemos proponer o escribir. Me pregunto, ¿qué es eso, si no es una idea colonial y paternalista que nos degrada?
Recuerdo también cuando salió la lista corregida donde se incluía a los escritores regionales para la 35 Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara 2021, donde Perú fue como país Invitado de Honor. La reacción era la misma, si éramos capaces de representar al Perú. Sentí también la misma mirada cuando salió la lista de Perú como País Invitado de Honor en la 50.ª Edición de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires. Porque cuando eres indígena, la legitimidad de tu represetanción es cuestionada y puesta a prueba sin valorar la experiencia o la formación que tengas. Representar es una palabra que pesa y duele, desespera y saca ronchas para algunos, aún más si eres indígena porque el rechazo hacia ello es permanente, naturalizado y hasta inconsciente.
Soy awajun, wampis y sanmarquina. Estoy agradecida con las personas que me acompañan y sostienen. No le tengo que agradar o pedir permiso a nadie para crear, opinar, escribir y pintar o pensar en mi lengua o el castellano o habitar el territorio geográfico, lingüístico y cultural que habito.
*Hagan zoom en la imagen y nos encuentran. ¡No somos de difícil acceso!

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