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Selection de Cinco dias en Huarochirí. Miguel Gil Castro

Miguel Gil Castro, comparte una selección breve de su preciso e ilustrativo "Cinco días en Huarochirí", ganador del premio de bronce  en el COPE 2020 

Esta excelente colección de poemas, parte de un diálogo fluido entre la poesía contemporánea y las fuentes míticas, que  logra con musicalidad y claridad expositiva. 

También se puede descargar  y ver la original disposición espacial de los vesros  en este enlace. Gracias Miguel por la generosidad de compartir y permitirnos conocer  mas de nuestras fuentes. 



Taki Onqoy

 

—Unto

esta piedra sagrada

con harina de maíz blanco,

blanquito.

 

Levanto

esta piedra sagrada

y, con una manta cubro mi rostro.

 

Derramo chicha de jora

para despertarte

para escuchar tu voz,

huaca herida.

 

—Habitar la piedra

no es ausencia,

habitar la piedra

no es desaparición.

Vivir en presente perpetuo,

suspendido:

es un cambio del modo de existencia.

 

La huaca

protege y aconseja.

 

Ofrece poderes oraculares

a cambio de sacrificios.

 

La petrificación

también puede ser un castigo,

hace eternas las malas acciones,

detiene el ciclo.

 

A ti,

huaca viviente,

refugio primordial de lo sagrado,

a ti,

vector de la furia ante la opresión:

te voy a contar de Huarochirí,

te voy a contar sus mitos.


 

Su nombre es Pariacaca

 

Nacieron de cinco huevos

(en forma de cinco halcones)

y vinieron

hasta aquí

para un gran combate.

 

Ya convertidos en hombres,

en el camino me encontraron.

 

Además de mullu, ticti y coca

(equivalentes de alguna manera

para musulmanes, judíos y cristianos

al oro incienso y mirra

de los Reyes Magos),

traía a mi wawa en brazos.

 

Uno de ellos me preguntó:

—¿Adónde vas

así llorando?

—Llevo a mi hijito querido

para dárselo de comer

a Huallallo Carhuincho, el Malvado,

devorador

de inocentes seres humanos.

 

(Como no soy Abraham

ni Huallallo, el Dios de Israel:

no era cuestión de obediencia,

no era una prueba de fe).

 

—Dame tus ofrendas —dijo él— y vuelve a casa

con tu hijo sano.

Volverás en cinco días,

para ver la lucha contra Huallallo.

Si venzo

gracias a la cantidad de mi agua dirás:

Nuestro Padre ha triunfado.

Si él vence

por la abundancia de su fuego dirás:

La lucha ha terminado.

—Padre —dije— ¿y si se enoja el Malvado?

—Que se enoje. No podrá hacerte daño.

Al contrario. Yo seré el nuevo cámac:

quien transmita

la fuerza vital a mujeres,

quien transmita

la fuerza vital a hombres.

 

Y el aliento de sus palabras

era azul claro

clarito.

 

Entregué las ofrendas,

mis manos temblaban.

Los cinco hombres comieron el mullu

(concha sagrada:

que ahora se llama spondylus)

y crujía entre sus dientes.

Crac,

crac,

crac, crac.

 

Cinco días pasaron.

 

Y volví. Había dado mi palabra.

Y volví. Había hecho una promesa.

Cayeron los cinco hermanos

(desde distintos lugares)

en forma de lluvia roja,

roja como ají panca

roja como el achiote

y amarilla como pecho de tucán.

 

Cayeron también convertidos en relámpagos

(desde distintos lugares).

 

Pero el Malvado en forma de inmenso fuego

(cuyas llamas alcanzaban el cielo)

ardía desde temprano

hasta la puesta de sol.

 

Uno de los hermanos hizo caer un cerro

así contuvo

toda el agua

producida por las lluvias.

 

Casi cubierto el fuego de Huallallo.

Nuestro Padre siguió lanzando rayos.

 

Él y sus hermanos

casi arrasan la peña

hacia donde huyó el Malvado (convertido en pájaro).

 

Al huir nuevamente Huallallo

hizo surgir un Amaru:

 

serpiente gigante de dos cabezas.

 

Mi Padre, furioso, clavó en su lomo un bastón de oro.

Al instante

Amaru fue convertido en piedra.

 

Todavía quien por allí pasa

se lleva pedacitos de sus escamas

para protegerse de la maldad,

para protegerse del daño.

 

Volvió a huir Carhuincho, el Malvado,

y subió a un enorme cerro.

 

Hizo surgir un ave gigante

con alas como lanzas.

 

Mi Padre quebró sus alas y lo convirtió en piedra.

 

Así venció a Huallallo.

 

Uno de los hermanos de Mi Padre

convertido en nevado

se quedó como guardián

vigilando.

 

Y al fin, yo pude decir:

Mi Padre ha vencido.

 

Su nombre es Pariacaca.


 

Mi nombre es Cavillaca

 

Dicen que era tan hermosa.

 

Ninguno (huaca u hombre), dejé que se acercara.

 

Conocían mi rechazo,

mas no el tacto de mi piel, ni su tibieza.

 

Antes de probar la lúcuma

cuya luz dorada abría su cáscara,

cuyo aroma me recuerda tu nombre, Cuniraya:

supe que eras tú

quien aleteaba convertido en colibrí.

 

El corazón de nuestro hijo

empezó a latir en mi vientre

apenas mordí la fruta dorada.

 

Para encontrarte,

un año después

de nacido nuestro hijito,

mandé llamar a todas las huacas.

Antes de ponerle nombre

a nuestro hijito,

mandé llamar a todas las huacas:

para encontrarte.

 

Vestidos con sus más finas ropas

ninguno aceptó ser padre de mi wawa.

 

Le pedí a mi hijo que fuera él

quien reconociera a su padre

y te encontrara.

Y a gatas pasó al lado de todas las huacas.

No reconoció a ninguno,

hasta que frente a un pordiosero

se alegró

y trató de acercarse.

 

—Ay de mí —grité—, es mentira.

Es mentira, ¿cómo pude dar a luz

al hijo de un miserable?

 

Cogí a mi wawa y hui hacia el mar.

No volví el rostro.

No volví la mirada.

 

Cogí a mi wawa y me arrojé hacia el mar.

En Pachacamac

convertidos en islas

te esperamos, Cuniraya.

 

Y te soñamos con tu traje brillante

como lágrimas de sol

ocultas en las montañas.

 

Y vienes hacia aquí, Cuniraya,

y bendices al cóndor:

—Vivirás alimentándote de los animales de la puna,

todos cuantos haya.

 

Y vienes hacia aquí, mi Señor Cuniraya,

brillante como piel de otorongo,

y rechazas a la zorrina:

—Caminarás sola de noche,

por tu olor serás condenada.

 

Y vienes hacia aquí, Cuniraya Viracocha,

amarillo como pecho de tucán,

y prometes al puma:

—Serás muy querido, comerás las llamas

de los culpables

e incluso si te matan

poniéndote en su cabeza te harán bailar

sus más bellas danzas.

 

Y vienes hacia aquí, mi Señor Cuniraya,

amarillo como flor de retama,

y castigas al zorro:

—Tú y tu piel serán tratados como basura

no habrá criatura más desgraciada.

 

Y vienes hacia aquí, Cuniraya Viracocha,

cámac de las chacras,

y premias al halcón:

—Almorzarás picaflores y pajarillos

e incluso si te matan

poniéndote en su cabeza te harán bailar

sus más bellas danzas.

 

Y vienes hacia aquí, Cuniraya,

y maldices a los loros:

—Vivirán gritando

y cuando escuchen sus gritos

los hombres los ahuyentarán de sus chacras.

 

Y yo te espero

y le canto a mi wawa

tus hazañas.

 

Ven, pongámosle nombre.

 

Despertaremos con tu llegada

y volveremos para habitar el tiempod e los hombres.

 

Mi nombre es Cavillaca.


 

El Sol ha muerto

 

Ojos abiertos, ojos cerrados:

no había diferencia.

 

El Sol ha muerto,

decían las rocas.

Y desde lejos

podía escucharse sus gritos,

y desde lejos

podía escucharse sus golpes.

 

El Sol ha muerto, ay.

Piedras batán, piedras mortero

devoraban a la gente.

 

La rebelión ha empezado, ay.

Desde lejos llegaba el rumor

de grandes batallas.

 

Hasta las llamas y los guanacos

cazaban a sus pastores.

 

El Sol ha muerto, ay.

¿Hay pecado cuándo no hay ley?

 

No se corrió el manto estrellado de la noche.

No cantó el puku puku.

No había llegado el gallo.

 

El Sol ha muerto, ay.

Hasta su regreso

cinco días pasaron.

 

No había diferencia:

ojos abiertos, ojos cerrados.


 

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