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De Bad Bunny a nuestro De Benito. Una cadena de emociones, casi una crónica. Marithelma Costa

 Maritherm Costa comparte este sentido y exhaustivo texto sobre el bendito Benito,  tambien conocido. Trabajo previamente publicado en Cable Street en versiones en español  e ingles. Bellísimo texto por la musica de Benito y como es abordada por esta notable novelista, poeta y critica, cuya ultima novela es la Bendición de Rosalia, personaje que es tambien de Benito que, en forma masculina, aparece en un manuscrito de Hugo Carrillo. Hay go places 





 
Marithelma Costa
 
    Supe de Bad Bunny dos años después del inicio de su vertiginosa carrera, lo cual podría ser un tiempo largo o breve, según se mida en canciones o lugares donde crecía su fama. Corría el verano del 2018, estaba de visita en la casa de Gabriela Caballero, pintora y amiga que vive en Cádiz, una de las ciudades más pequeñas de Andalucía. Y Gabriela le alquilaba una habitación a Yumni, una coreana llegada allí para estudiar español. Cuando me la presentó, la joven llevaba calcetines blancos sobre chanclas, moda que aún me sorprendía. Al saber que nací en Puerto Rico se le encendió el rostro y me habló de Bad Bunny.
    Me quedé in albis, no tenía ni idea de Benito, quien por dos años había subido canciones a SoundCloud desde su casa en Vega Baja, y ya tenía varios temas pegados de trap latino. Se hallaba además a punto de arrasar con “Estamos bien”, grabada a raíz del huracán María del 20 de septiembre del 2017, el desastre más severo en la historia moderna de Puerto Rico. La canción pronto se convirtió en un himno a la vida y su video, en su versión con letra, hoy cuenta con 646 millones de visualizaciones solo en YouTube.
    Conviene recordar algunos de sus versos, pues ya contienen temas que reaparecen en canciones posteriores: la bendición de la madre, la fugacidad del tiempo y el mensaje de empoderamiento que se hizo evidente en el espectáculo del Half Time. En el 2017 cantaba “Si alguien puede eres tú/Aunque pa’casa no ha llega’o la luz/Gracias a Dios porque tengo salud, /eh eh / La vida no tiene repetición, / Después que mami me eche la bendición yeh // No te preocupes, estamos bien…”. Nueve años más tarde en California, tras saludar e identificarse con su nombre completo Benito Antonio Martínez Ocasio, repetirá el mismo texto, “Si alguien puede eres tú”, frente a la cámara. 
    Miré el video “Estamos bien” con cierto alivio, pues en aquellos meses me dedicaba a enviar a Puerto Rico desde Nueva York cajas con alimentos y baterías. No volví a pensar en Bad Bunny hasta el 2022, cuando salió Un verano sin ti y sentí la crítica de sus textos que, según el excelente estudio Bad Bunny, siempre político, nunca impolítico. Feminismo y resistencia frente al colonialismo estadounidense de Ariadna Estévez (Editorial Teseo, 2025), ya estaba presente desde su álbum del año de la pandemia, el 2020, que yo apenas conocía, Yo hago lo que me da la gana (YHLQMDLG)”.
    En ese disco lanza tres canciones emblemáticas “Yo soy de P FKN R” que, como me hizo ver Wigmaris, una conductora de Uber, pegó increíblemente. Mientras me llevaba a la ciudad universitaria, le pregunté si le gustaba Bad Bunny y respondió que no lo seguía, pero, con alegría cantó y casi hasta bailó: Yo soy de P fuckin' R (P fuckin' R)/ Eh-eh-eh-eh-eh /Par de loco' con la' R (par de loco' con la' R)/Prr-prr-prr-prr-prr/. Evidentemente la canción que establece el orgullo de ser de aquí, la había marcado. 
    El segundo tema radical de YHLQMDLG es la paradigmática “Yo perreo sola”. Estévez señala que el video problematiza el acoso callejero a la mujer y la falta de consentimiento. La canción también critica los esquemas de género del trap y el reguetón, la homofobia y la transfobia. El video clip de la canción se publica justo un mes después del crimen de odio contra Alexa Negrón Luciano, mujer trans sin hogar, asesinato fechado el 24 de febrero del 2020 aun si esclarecer en el que muchas personas fueron cómplices. Benito le rinde homenaje a Alexa en el texto y en el video, donde canta con un ajustado vestido rojo de mujer, maquillaje, uñas pintadas, y rodeado de figuras femeninas sexualmente autónomas, que perrean por placer sin necesidad de validar el deseo masculino. La canción desplaza el arquetipo de la mujer-objeto e introduce una nueva subjetividad femenina: activa, deseante y libre (Estévez 89). 
    “Safaera” del mismo álbum aun suscita el entusiasmo de David Ruiz de 28 años, quien no sigue a Benito sino a su contrincante Anuel. En la canción, que constituía un homenaje al viejo reguetón, se introducen múltiples cambios de ritmo —algo poco común en el género—, y se lleva hasta el paroxismo el uso del lenguaje sexual directo. Para los jóvenes, “Safaera” capturaba la esencia cruda y original del reguetón nacido en Carolina con Tego Calderón, lo que los henchía de orgullo y se volvió tendencia en casas, fiestas, automóviles y redes. La cantaba junto a Jowell & Randy, a quienes invitó a su reciente concierto en Japón del 7 de marzo del 2026 para cantarla ante el público de Tokio al que electrizaron desde el primer instante.
    En julio del 2020, debido al éxito en ventas de YHLQMDLG, la Sociedad Americana de Compositores, Autores y Editores (ASCAP) lo nombra Compositor del año, lo que suscita una inmensa polémica. Benito responde con “Compositor del año” una canción en rap firmada con su nombre y apellido (que solo sus seguidores conocían). En el texto abandona el lenguaje soez y sexual de la mayoría de sus composiciones (vinculado a los géneros del reguetón, trap y dembou, y al gancho comercial de este léxico) y se declara abiertamente contra el racismo, en favor de los inmigrantes y los derechos de la mujer. Afirma “Black Lives Matter/ que en paz descanse Kobe / 2020 y el racismo es peor que el COVID/ Un negro con pistola / ya eso es un criminal / Pero un blanquito se la engancha/ y dicen que es un hobby”. Más adelante, “La mujer no salió de la costilla del hombre/ Fuimos nosotro’ que salimo’ de su pelvis” [….] “ (hay) Cosa’ má’ importante’ /como luchar por los derecho’ de lo’ inmigrante’” […] “Y está cabrón ir pa’ la iglesia a rezar/ Y correr el riesgo de que te puedan violar”. Ahí me di cuenta de que “Bad Bunny siempre es político, y el contenido de sus letras y su música reflejan un activismo personal en el contexto de las resistencias frente a la política colonial de EE. UU.” (Estévez 9).
    Y llegamos a mayo del 2022, año de Un verano sin ti que tuve la suerte de vivir en Puerto Rico donde me había trasladado desde marzo para evitar los fríos de Nueva York. La canción “Apagón” me hizo abrir los ojos. Justo al llegar vi en una cafetería a un adolescente con un camiseta extraña. Le pregunto qué significa y responde orgulloso, “soy fan de Bad Bunny”. Llevaba el logo de la promoción del disco que marcó ese verano: un corazón triste con solo un ojo sobre un fondo de colores tropicales, imagen que a los pocos días se propagó por las vallas publicitarias del país.  
    Yo seguía sin entender del todo el fenómeno, hasta que una tarde sentada en la arena escuché “Apagón” y me eché a llorar. Se trata de una canción en tres partes, cuyo inicio alegre “Puerto Rico está bien cabrón” enumera ciudades-municipio emblemáticas (Carolina y Bayamón), músicos esenciales (Ismael Rivera y Tego Calderón), el besito de la abuela, los vecinos de República Dominicana, los apagones y nuestra superioridad numérica: “somo’ un montón”. En la segunda parte, tras dar la bienvenida “Welcome to the calentón”, se inicia un atrevido y pegajoso rave. Y en la tercera cambia radicalmente de tono. Se oye de nuevo su voz que explica “esto es una cosa más o menos informal” seguido de la voz femenina y melódica de Gabriela Berlingeri quien canta de forma repetitiva: “No me quiero ir de aquí /Que se vayan ellos /Lo que me pertenece a mí /Se lo quedan ellos /Que se vayan ellos //Esta es mi playa / Este es mi sol. / Esta es mi tierra /Esta soy yo”.
    El impacto fue tremendo. Estaba sentada en la playa de mi infancia y me repetían lo que veía por todas partes: la turistificación y gentrificación de la Isla por estadounidenses que, en una invasión 2.0 se aprovechaban de las políticas de un gobierno corrupto que había transformado el país en un paraíso fiscal del que se beneficiaban especuladores en bienes raíces (quienes pagaban y aun pagan en efectivo por las propiedades) y negociantes en criptomonedas. 
Mientras más escuchaba la canción, más lloraba. Me fui joven del país y gracias a la generosidad y visión de mi amigo Paul Segarra, tenía lo que desde niña había soñado: un espacio propio frente a la playa. Y Gabriela Berlingeri me repetía como un mantra que me tenía que aferrar a él.
    De hecho, al final de ese verano prodigioso, en el quinto aniversario del huracán María sale “El apagón-Aquí vive gente”. En esta versión del tema, tras la canción se presenta el documental de veintitrés minutos dirigido por la periodista Bianca Graulau que denuncia la gentrificación, el desplazamiento de los puertorriqueños por inversionistas estadounidenses que se mudan a la isla gracias al teletrabajo y las exenciones fiscales, el desempleo, la crisis energética y el derecho a la vivienda. Hay que señalar que la primera persona a la que Graulau entrevista es una señora dominicana. 
    Entonces me puse a estudiar las canciones de Bad Bunny con la ayuda de Elizabeth Rodríguez, mi amiga dominicana radicada en Nueva York, quien me explicaba muchas de sus palabras y frases (una mezcla de la jerga de los jóvenes y las del reguetón). Primero me ayudaba ella, quien siente las canciones de Benito como suyas, y más tarde, Pablo Varona Borges, a quien yo había conocido durante el movimiento Occupy Wall Street y que regresó a Puerto Rico después de estudiar en Nueva York. Pablo ha vivido de cerca muchos detalles del proceso de Benito y los compartió conmigo mientras corríamos olas sin tablas de surfing.
    A partir de mayo del 2022, cuando se caminaba por la playa sólo se escuchaban canciones de Un verano sin ti. Con los automóviles que pasaban por la avenida sucedía igual. Sonaba “Tití me preguntó”, que recrea el imperativo machista inculcado a los niños en Puerto Rico y en República Dominicana de tener muchas mujeres. De nuevo, conviene señalar que las titís que hablan en la canción son de la isla vecina. La canción tuvo tal éxito que hasta Carmen Yulín, exalcaldesa de San Juan, la cantó en público. También se oía “Después de la playa”, donde a ritmo de merengue, con trompetas, tambora y güira, se celebra una fiesta playera en un espacio que, como repetía Gabriela Berlingeri en “Apagón”, nos estaban arrebatando.
    Constaté que iba en buen camino al escuchar “La noche de anoche” que Bad Bunny había grabado con Rosalía y lanzaron el día de San Valentín del 2021. Seguí estudiando sus canciones y comenzó mi cruzada de convencer a los amigos que convenía escuchar a Benito. Que no todo era perreo, sexo y palabras soeces. Pero poco lograba. Era predicar en un páramo. 
    En la canción inicial del quinto álbum de octubre del 2023 Nadie lo que va a pasar mañanaafirma: “Este disco no e’ pa ser tocado, ni un billón de vista’./ E’ pa que mi’ fan’ reale’ estén contento’/ aunque yo por dentro no me sienta al cien por ciento” y “Vendí en Bugatti porque lo sentía lento / Y porque lo’ mío’, no caben en un asiento”, antes de vaticinar la fama meteórica que alcanzaría tres años más tarde. Esa capacidad para moverse dentro de la línea del tiempo y anunciar o mostrar comportamientos que luego se producen me la señaló inicialmente Pablo Varona Borges y me la ratificó la teatrera y gestora cultural comunitaria Iliana García, quien subrayó que le sucede desde chiquito.
    Nadie lo que va a pasar mañana coincide con la época en que se dedicó a explorar el mundo de los billonarios de Montecarlo y las Kardashians. Elizabeth Rodríguez no lo podía soportar. Yo le explicaba que se había tomado un año sabático para investigar ámbitos que ni podía imaginarse que existían siete años antes en su casa de Vega Baja mientras trabajaba de bagger del supermercado local. Ese año por las playas se escuchaban canciones muy parecidas a las suyas, pero cuando preguntaba, siempre me respondían que eran de otros cantantes. 
    Y llegó el 2024 tras los cuatro gobernadores incompetentes que se habían sucedido en Fortaleza después de María —uno obligado a renunciar tras las protestas masivas en las que participó Benito junto a René Pérez (Residente) y Ricky Martin, y la otra, arrestada bajo cargos de corrupción pública. Y no fue solo el huracán, añado otros datos. La Isla arrastra una deuda impagable en términos financieros y constitucionales por lo que desde el 2016, un año antes de María, es controlada por una junta de control nombrada por decreto desde Washington. Los gobernadores son meros administradores. El país tiene además el 40% de la población bajo la línea de pobreza extrema, debe importar el 85% de lo que consume de los Estados Unidos con impuestos altísimos y muchas familias se hallan fracturadas por la despoblación aguda (baja tasa de natalidad combinada con cerca de un millón de habitantes que han emigrado masivamente). 
    El 16 de septiembre, en el séptimo aniversario del huracán, sacó “Una velita” que conmovió a todos. Él mismo lo explicó a la prensa: “Obviamente los traumas de María estarán presentes en una canción como esta, como también el coraje y la frustración por la ineptitud, abuso y crueldad del gobierno” (Telemundo, 23 de septiembre del 2024). 
    En Debí tirar más fotos del 2025 se consolidaron y expandieron los temas del despoblamiento forzado consecuencia de las políticas corruptas después de María y la denuncia de los asentamientos necrocoloniales explicados en el documental de Bianca Graulau. Tomo el término del pensador camerunés Achille Mbembe, quien propone que, a diferencia de lo neocolonial (enfocado en el control económico y político), lo necrocolonial describe sistemas de poder que ejercen su dominio decidiendo quién es desechable en el territorio. 
    Antes de que se iniciara el año, Benito había publicado en YouTube, dos nuevos videos. Primero, “EL CLúB” (5 de diciembre del 2024), rodado entre un edificio de la capital y una casa en las montañas. En el video se desdobla y canta “¿Dónde estará mi ex?” mientras se multiplican imágenes de menos de un segundo de duración con mensajes de índole política (la explosión de un Bugatti o bebés recién nacidos a los que se les graba en la frente “clase media”, “clase baja”). Además, aparecen las pavas o sombreros de paja de los agricultores del país que se han de poner de moda de inmediato. En su cierre vuelve la imagen satelital de María mientras arrasa la isla y el misterioso DTmF 2025 que nadie lograba descifrar. Era el primer anuncio de su nuevo álbum.
Después de Navidad, publica “PIToRRO DE COCO” con música de aguinaldo donde destaca el cuatro, instrumento nacional del país. Ambientado en una fiesta de Año Viejo, Benito de nuevo canta al desamor bajo un cartel que dice “Aquí te espero boricua”, mientras unas jóvenes bailan y una niña duerme en una silla (imagen que se repetirá en el espectáculo del Half Time).
    El 3 de enero del 2025 estrena el cortometraje de casi trece minutos DeBÍ TIRAR MáS FOToS donde el nonagenario Jacobo Morales, el actor más respetado del país, conversa en una casa de campo con su amigo el sapo Concho (un anfibio endémico en peligro de extinción, que reprodujeron en el estudio con la técnica del stop motion). Hablan sobre el paso del tiempo y los cambios culturales. El actor camina a la panadería del pueblo en busca de un desayuno para él y para Concho, la nueva cajera estadounidense no comprende el vernáculo y bajo la nueva administración ya no se acepta el efectivo. El personaje pide saldar la cuenta más tarde y ante la negativa de la empleada un vecino se acerca, le dice “tranquilo”, paga con su teléfono y le subraya “Seguimos aquí”. Con la misma frase cerrará la enumeración de países que conforman las Américas en el espectáculo del Half Time al año siguiente.
    Por fin, la víspera del Día de Reyes salió el disco completo que fue el tema de su residencia No me quiero ir de aquí. Conviene recordar el inmenso valor cultural e identitario de la víspera y el Día de Reyes para la psique puertorriqueña. La feminista Nirvana González Rosa se lo explica a Ariadna Estévez, quien la cita: “para nosotros no es cualquier fecha: es la celebración navideña más significativa para la cultura boricua, una festividad familiar, comunitaria, profundamente cargada de afecto y memoria” (Estévez 109).
    La mañana del 6 de enero los vecinos se juntaban en la playa para escuchar una canción tras otra. Las dos sillas blancas frente al racimo de plátanos de su portada se convirtieron en una señal de dónde Benito cantaría por sorpresa, algo que hizo frente a El Boricua de Río Piedras (un bar donde se dan cita universitarios, activistas, músicos y artistas) y en el techo de una gasolinera de la calle Loíza, un barrio popular de San Juan. 
    La postura pedagógico-política de este disco resulta contundente. Cuando lanza las canciones en YouTube, aparecen acompañadas con datos de la historia de Puerto Rico. En la primera, “DTmF”, leemos, “Desde la plena y la bomba hasta el reggaetón (1500s-1990s)” y explica la historia de estos ritmos populares y autóctonos a los que añade la salsa en la canción. En otros temas figuran “La invasión de 1898 (1898-1917)”, “La guerra después de la guerra (1898-1899)”,“Jíbaros desafiantes” (1905), “Represión y vigilancia en Puerto Rico (1960s-1980s)” y muchos más. Conviene señalar que el texto histórico no está necesariamente vinculado a lo que dicen las canciones, y que su fuente principal es el libro de Jorell Meléndez-Badillo, Puerto Rico: Historia de una nación (Ed. Planeta/ Princeton University Press, 2025). 
    El álbum Debí tirar más fotos abre con “NUEVAYoL”, celebración de la identidad de la diáspora puertorriqueña. En ella Benito elige una canción clásica “Un verano en Nueva York” grabada por El Gran Combo en 1975 y mezcla la salsa y el reguetón boricua con el dembow dominicano. El video se inicia, bajo una nevada, y las primeras voces que se escuchan son de personajes dominicanos que se quejan del frío, lo que también sucederá al principio del HalfTime, cuando un guitarrista dominicano exclame en medio de un cañaveral: “¡Qué rico es ser latino!”. Esto tiene una explicación que no carece de interés. Además de su defensa de los valores culturales puertorriqueños, desde muy temprano Benito afirmó en sus canciones la integración popular en el ámbito regional, es decir, República Dominicana y Puerto Rico como una unidad cultural, algo por lo que luchó uno de los próceres del país, Eugenio María de Hostos, a quien menciona al final del álbum en “LA MuDANZA”. 
    Con “BAILE INoLVIDABLE” impregnada de nostalgia, hace un homenaje a la salsa, pilar musical del país. El tributo a la música tradicional se extiende a “CAFé CON RON”. En esta pegajosa canción se une al grupo Los Pleneros de la Cresta para reivindicar la plena, género que nació en Ponce a finales del siglo XIX como comentarios o bochinches sobre acontecimientos del diario vivir o, según Ramón López, el bembeteo (Los bembeteos de la plena puertorriqueña, Ediciones Huracán, 2008). Esta función comunicativa permite que abarque un arco que va desde lo puramente lúdico a la crítica política y social.
    Es precisamente esta canción, junto a “DTmF” la que logró que Liliana, quien rechazaba radicalmente a Benito cuando le propuse que lo escuchase, cambiara de opinión y terminara defendiéndolo con ahínco frente a su familia por impartirle a los jóvenes orgullo de ser de aquí. Este sentimiento de autoestima está totalmente reñido con los relatos y estructuras del colonialismo imperante. El fenómeno lo explica el pensador boliviano Juan José Bautista quien propone que estamos colonizados de tal modo que no creemos en la validez o en el grado de verdad de nuestros propios horizontes históricos, culturales y míticos. Creemos lo que la modernidad (hegemónica-europea-norteamericana) dice de ellos, que son inferiores. 
    El disco cierra con las emblemáticas “LO QUE LE PASÓ A HAWAii” (sobre los asentamiento necrocoloniales y sus consecuencias, y la imperiosa necesidad de afirmar los elementos culturales identitarios del país); “EoO” del más puro perreo donde recupera una canción clásica del reguetonero Tito el Bambino; “DTmF” que suscita el consenso de muchos detractores del cantante, ya que en un carpe diem inverso y mediatizado por la cámara fotográfica, expresa el arrepentimiento por no haber valorado lo suficiente ciertas personas y momentos de la vida y “LA MuDANZA” donde habla de sus raíces, detalla la historia de sus padres Tito y Lisy, destaca la disciplina y valores que le inculcaron desde niño a la vez que hace referencia a la lucha por la independencia de Puerto Rico: “Si mañana muero, yo espero que / nunca olviden mi rostro/ Y pongan un tema mío el día que traigan a Hostos”. Se refiere aquí a Eugenio María de Hostos, sociólogo, político y Ciudadano de América quien dedicó su vida a la lucha por la independencia de Puerto Rico, y la unidad de las Antillas Mayores e Hispanoamérica. Su último deseo fue que se le enterrara en Santo Domingo (sus restos se hallan en el Panteón de la Patria) y se trasladara a Puerto Rico cuando su patria fuera libre e independiente. 
    Entonces Benito anunció su residencia No me quiero ir de aquí, treinta y un conciertos (y 400,000 entradas agotadas en cuatro días) basados en la estética e ideas desplegadas en el álbum DTmF. El lugar elegido fue el céntrico Coliseo de Puerto Rico José Miguel Agrelot, llamado popularmente el Choliseo, en honor al personaje Don Cholito de Agrelot, un referente nacional en la televisión y la radio del país.
    Al escenario, dividido entre una casita típica de concreto y la reproducción de las montañas locales, flora y fauna incluidas, se sumaban proyecciones sobre la historia, cultura y realidades de Puerto Rico. Los espectáculos duraban entre dos y tres horas y cada noche aparecía un invitado sorpresa. Desfilaron leyendas, Ricky Martin, Gilberto Santa Rosa y Marc Anthony; y cantautoras como Ile (quien interpreta “LO QUE LE PASÓ A HAWAii” con un vestido que recuerda la ropa que llevaba la nacionalista Lolita Lebrón cuando la arrestaron). También llegaron Arcángel y Jowell & Randy, clásicos del reguetón, y RaiNao y Young Miko, jóvenes compositoras del género urbano. 
    Todos eran puertorriqueños salvo el panameño Rubén Blades que aparece en la residencia el 31 de agosto e improvisa con Benito al final de “BAILE INoLVIDABLE” varios soneos. En ellos, Rubén elogia la salsa y celebra la unión entre los dos pueblos; mientras Benito menciona canciones clásicas de Rubén y le agradece su presencia de parte suya, de su mamá, de su papá, de Los Sobrinos y del país.
    Los músicos que participan en la residencia y la gira mundial —iniciada el 21 de noviembre del 2025 que se extenderá hasta el 22 de julio del 2026— fueron Los Pleneros de la Cresta, la orquesta Los Sobrinos (conformada por jóvenes músicos que el mismo Benito eligió) y Chuwi, una banda puertorriqueña formada por tres hermanos y un amigo que desde 2019 fusiona ritmos caribeños y electrónicos. Benito grabó con ellos “WELTiTA” y en la gira, le sirven de teloneros.
    Vuelvo a Estévez , cuyo análisis explica el fenómeno de la residencia No me quiero ir de aquíde forma muy lúcida: 
 
 la presencia escénica de Bad Bunny trascendió el acto      de cantar: se configuró como una forma de habitabilidad     simbólica de la isla. El artista no se limitó a interpretar        canciones, sino que intervino en un territorio emocional y   político, haciendo visible lo que con frecuencia permanece fuera de foco: la precariedad infraestructural, el deterioro de los espacios públicos, la lógica del abandono estatal y los efectos materiales del despojo económico. Cada presentación, en este sentido, operó como un gesto de reterritorialización simbólica, un acto performativo de resistencia y de reivindicación de un espacio históricamente negado o vulnerado. Lejos de ser una mera exhibición artística, la residencia se constituyó como un acto sostenido de enunciación política a través del lenguaje escénico” (Estévez 131). 
 
    La artista y editora Tata Guzmán me ofreció una explicación adicional basada en sus vivencias. Tuvo la suerte de asistir a uno de los primeros conciertos y compartió en las redes lo que sintió allí. Quería volver a la última presentación, pidió ayuda para conseguir un boleto, pero estaban hiper agotados.
Por ello el 20 de marzo la llamé por teléfono para que me contara su experiencia, y lo que me dijo ayuda a comprender por qué el fenómeno Bad Bunny ha prendido globalmente como la pólvora. Según ella, la alegría que se prolongó desde el 11 de julio hasta el 14 de septiembre constituye uno de los pilares de la resistencia boricua. Conviene recordar a Franz Fanon: donde hay opresión también hay resistencia.
Según Tata, los puertorriqueños tenemos dos trincheras que nos han permitido sobrevivir 553 años de coloniaje. Primero está la alegría, la risa, el vacilón. La residencia de Bad Bunny fue un periodo extendido de gozo, los conciertos, un recordatorio de que hay que activar la alegría y no sucumbir a la desesperanza. Benito ponía en primer plano la importancia del cuerpo que danza, el cuerpo que ríe, algo que mucha gente en el mundo reconoce. El arquitecto Miguel Rodríguez Casellas contó recientemente en su espacio La Cuneta Calibana de Youtube.  
 
    Mi amiga Shoufay, la australiana, quiere una camisa de DTMT. No la compró en el concierto de Sydney, y ahora se arrepiente. ¿Saben cómo conseguirlas? Si fueran las que vendió en la residencia, mejor. 
    La razón que me da para querer una me enternece. Me explica que tener algo de Benito —sticker, logo, t-shirt, lo que sea—, es un código en Sydney para atraer gente chula, que se le acerca a uno y conversa.
    En efecto, Benito afirma el eros, el deseo, la vida y la alegría que triunfa sobre el tanatos extendido como mancha de aceite, con el neoliberalismo imperante, la precariedad laboral, el deterioro y privatización de los espacios públicos, los efectos inmediatos del despojo económico y, particularmente en Puerto Rico, los asentamientos necrocoloniales.
    La segunda trinchera de la resistencia (palabra muy cercana a residencia) es la lengua, el español en su variante puertorriqueña, denostada por latinoamericanos y españoles por igual. Se trata de un habla que comparte con el Caribe su carácter innovador, en la que se combinan rasgos fónicos de Islas Canarias y Andalucía como la aspiración de la /s/ implosiva o reducción de la /s/ a final de sílaba, con la controvertida neutralización de las líquidas o lateralización, es decir el intercambio de los sonidos de la erre y la ele. En un verso de “Nadie sabe” resume ambos fenómenos: “La’ termino con la “L”, con la “R” suena mal”. Y en “MuDANZA” del 2026 lo afirma triunfante: “….soy cultura/ de Borinquen, Puerto Rico, archipiélago perfecto/ En el mundo entero ya conocen mi dialecto, mi jerga”.
    Bad Bunny se negó también a utilizar el inglés hegemónico como hicieron Ricky Martin y Shakira a fin de ser aceptados por el mainstream. Asimismo, no quiso utilizar el español neutro para que todos lo entendieran. Lo afirma en el título de YHLQMDLG, con cuyo logo, una calavera blanca sobre un fondo negro empapelaron la ciudad en enero, justo antes del COVID (lo que llevó a que sus canciones se escucharon intensamente durante el confinamiento). Bad Bunny impone las reglas sin importarle lo que digan los demás. Y ese español puertorriqueño lo ha validado en su forma de cantar, apariciones públicas, entrevistas y discursos. 
    En el inicio de febrero del 2026, Benito recibió tres GRAMMYS por DTmF: Mejor interpretación musical mundial, Mejor álbum de música urbana y Álbum del año. Era la primera vez en la historia de los premios, iniciados en 1959, que ganaba un álbum grabado en español. Cuando sube al escenario lo primero que dice es “Ice out”, por lo que recibe una ovación. Luego afirma el valor de los emigrantes (no somos salvajes, no somos animales, no somos aliens [extraterrestres] somos humanos y somos americanos) y declara “The only thing that is more powerful than hate is love”. Al día siguiente las vallas publicitarias de Puerto Rico amanecieron con esta afirmación.
    Una semana más tarde, monta en Half Time del Superbowl, un espectáculo de trece minutos que llega a 4,15 mil millones de espectadores del globo (Megan Ziezler, Live Now Fox). Transforma el estadio de futbol de Santa Clara, California, en un cañaveral, donde aparecen elementos de los barrios de Puerto Rico y las calles de Nueva York. Conviene que nos detengamos en cada uno de los cuadros del show pues concentran a nivel simbólico muchos de los temas desarrollados por Bad Bunny a lo largo de su carrera, a la vez que despliega una defensa política de los latinos, en el partido final de la liga nacional de fútbol, uno de los entornos primordiales de la cultura estadounidense.  
    Se inicia en un cañaveral donde, guitara en mano, Anthony Santos, un bachatero dominicano exclama: “Que rico es ser latino. Hoy se beeeebe”, frase que hizo famosa. Tras una vista panorámica de las tierras de cultivo, aparece Bad Bunny caminando entre cortadores de caña mientras canta “Titi me preguntó”. Lleva un balón de fútbol en la mano y muestra la gestualidad de los jugadores de dicho deporte. En su recorrido pasa por espacios típicos de Puerto Rico como un puesto de cocos fríos, cuatro hombres que juegan al dominó, dos mujeres que se hacen la manicura (en cuya mesa deja el balón) y otras cuatro en un trabajo de construcción. Compra una piragua que entrega a un vendedor de tacos, pasa bajo dos boxeadores en pleno match y un joyero le da una caja con lo que parece anillo de matrimonio del que se deshace de inmediato. 
    Cambia el espacio escénico y aparece encima de la casita que utilizó en el cortometraje del 3 de enero y reprodujo en la residencia. Ahí comienza el reguetón. Afirma el derecho de las mujeres a no ser acosadas “las mujeres del mundo entero perreando sin miedo” y más de veinte mujeres perrean al unísono mientras él interpreta “Yo perrero sola”, “Voy a llevarte pa’ Puerto Rico” y otros clásicos del género. La fiesta continúa. Pero Bad Bunny se traslada, de nuevo balón en mano, frente a una orquesta de violines. Allí se presenta, “Buenas tardes, California. Mi nombre es Benito Antonio Martínez Ocasio. Si hoy estoy aquí en el Superbowl 60, es porque nunca, nunca dejé de creer en mí. Tú también deberías creer en ti. Vales más de lo que piensas. Créeme”. 
Culmina entonces una ceremonia de boda en vivo y se inicia la fiesta, con todo y bizcocho, mientras Lady Gaga interpreta “Die with a Smile” adaptada a la salsa. No es necesario decir que todos bailan. Al terminar, Benito recoge caballerosamente a la cantante neoyorquina, y canta “BAILE INoLVIDABLE” seguido de “NUEVAYoL”. El espacio se hace en ese momento urbano y aparecen la marqueta del Barrio, en el East Harlem, una barbería y el bar de Toñita, quien le ofrece un trago. Se trata de María Antonia Cay, una icónica mujer puertorriqueña de ochenta y cinco años, dueña del Caribbean Social Club en el barrio de Williamsburg (Brooklyn), a quien se le considera un referente de la comunidad boricua por mantener vivo, desde 1974, un espacio cultural e identitario frente a la gentrificación imperante en la ciudad.
    Benito canta rodeado de bailarines de dembow y salsa y, tras el verso “a mí el campeonato nadie me lo quita” hay un corte y aparece un niño que mira en la televisión cómo Bad Bunny recibe sus Grammys. Acto seguido es el propio Bad Bunny quien se lo entrega en persona y le dice “cree siempre en ti”.  Se escucha la música de cuatro y la cámara enfoca a Ricky Martin quien canta emocionado un fragmento de “LO QUE LE PASÓ A HAWAii”. Está sentado en las sillas plásticas símbolo de DTmF frente a varias matas de plátano. 
    Entonces Benito retoma la voz cantante con “Puerto Rico está bien cabrón”, entre postes de electricidad en reparación. Anuncia “Welcome to the calentón”, hay un apagón general y comienza “Café con ron” trepado en uno de los postes que dos técnicos y una técnica intentan reparar. Sigue cantando mientras baja, lo recibe un grupo de músicos con panderos y güiros y un desfile de banderas iniciado segundos antes. Nuevamente balón en mano afirma “God bless America” pero introduce una variación a la frase canónica estadounidense, pues enumera todos los países del continente americano comenzando por Chile. Lidera el desfile de banderas latinoamericanas mientras menciona cada país y se enciende una pantalla con letras negras sobre un fondo blanco con el mensaje de los Grammys “The only thing that is more powerful than hate is love”. Al llegar al último, my motherland Puerto Rico, termina como un profesional del futbol que con el touch down logra el punto final y afirma “Seguimos aquí”. El concierto cierra con fuegos artificiales y la canción “Debí tirar más fotos”.
    El Half Time fue un espectáculo complejo de inclusión y celebración de lo latino en el que destaca la libertad de las mujeres para disfrutar el baile en libertad. También se enfrenta contra las políticas racistas y antimigratorias del gobierno estadounidense y proyecta la unidad entre los pueblos de las Américas sobre el trasfondo de las realidades culturales puertorriqueñas de la isla y la diáspora. 
    El efecto Bad Bunny, inicialmente de índole popular, pronto llegó a la academia y desde el 2022 se dictan cursos universitarios y organizan simposios sobre el fenómeno en las universidades de San Diego, Loyola Marymount, la Universidad Autónoma de México (UNAM), Yale, Princeton y el Centro de Estudios Puertorriqueños de Hunter College. 
En la Isla, algunas visitantes se pasean hoy con la flor de maga en el cabello, accesorio que había caído en desuso. La camisa masculina caribeña tradicional, la guayabera, también se ha puesto de moda y hay diseñadores creando versiones contemporáneas de la prenda. Cynthia Trigo de U Creative Atelier produce pañuelos inspirados en la estética rescatada por Benito en DTmF en el Taller Comunidad La Goyco, de Santurce. En el mismo centro cultural, la artista gráfica Yolanda Velázquez inició desde los conciertos de la residencia una serie de grabados con versos de canciones y diferentes frases que aluden a los discos de Benito. 
    Existe además una red de complicidades entre la población. Mi vecina, por ejemplo, para pasear a su perro se peina con dos moñitos que recuerdan las orejitas del logo de Bad Bunny. Por otra parte, cuando hace unas semanas fui al teatro de la compañía Agua Sol y Sereno, quise fotografiar los cabezudos creados a lo largo de tres décadas y expuestos allí. Pedí permiso porque quería mandarle algunas fotos a una amiga y la respuesta fue inmediata. No se podía desobedecer a Bad Bunny y tenía que tirar muchas fotos.
    Al despertar el 11 de marzo, cuando empecé a escribir estas páginas, en el teléfono apareció el video de un joven indio bailando “NUEVAYoL” con pasos de Bhangra del Punjab. El algoritmo estaba indudablemente encendido, pues le siguió la Murga de Urdemales uruguaya cantando “Debí tirar más fotos”. Era miércoles. Tras desayunar, me dispuse a escuchar el programa de la radio de Las Madres de la Plaza de Mayo de Buenos Aires que todos los martes invita a Atilio Borón, una de las personas que mejor conoce las dinámicas geopolíticas latinoamericanas. Primero se discutió a fondo la guerra de Irán. Después le pidieron a Atilio que hablara sobre Bad Bunny y eligiera un tema del cantante. Sus palabras fueron lúcidas. Al terminar, los primeros compases de la canción elegida revelaron que se trataba de “LO QUE LE PASÓ A HAWAii” La emoción pudo más que yo, me eché a llorar y me senté a escribir… 
 
 
Cangrejo Arriba
7 abril 2026
 

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