jueves, 15 de diciembre de 2011

Avenida Sol/ Greenwich Village, de Odi Gonzales: arraigo y desarraigo Por Isaac Goldemberg

En diciembre 2 el poeta y wayki Odi Gonzales presento su ultimo libro Avenida Sol / Greenwich Village en NYU. La presentacion estuvo a cargo de Isaac Goldemberg y noqa. Isaac y Odi comparten con nosotros el texto del wayki Isaac Goldemberg. Agredecemos a los poetas y al novelista su frecuentes y fertiles visitas a este Suyo, que es el suyo y el de todos los espiritus creativos y libertarios.


Avenida Sol/ Greenwich Village, de Odi Gonzales: arraigo y desarraigo

Por Isaac Goldemberg


En Avenida Sol/ Greenwich Village, Odi Gonzales explica que en quechua “el verbo

puriy/caminar es el mismo para viajar”, y he aquí que el personaje —el hablante

lírico— de este libro de poemas, se nos presenta desde el inicio como un viajero

en búsqueda de su pasado y dice también el poeta que este viaje, causado por

la temprana salida de su terruño, es una “errancia que no termina y que conlleva

peregrinación, destierro, fragmentación y nostalgia”. Viaje desde el ámbito de lo

misterioso conocido —Avenida Sol, lugar de la infancia, del mundo real y de la

memoria—, Avenida Sol, luz y pasaje hacia otro ámbito, el actual —Greenwich Village:

nueva villa, tiempo y espacio nuevos, los del adulto desterrado. Peregrinación y

destino: “Es, pues, mi albur errante que configuró este cruce de caminos. Avenida Sol/

Greenwich Village, dos ámbitos entrañables: de mi ciudad natal y de donde habito

hoy”, dice el poeta.

“Camina el autor”, primer poema del libro, prefigura la idea del viaje y lo convierte

en la crónica de un personaje andariego —Guamán Poma alias Odi Gonzales—,

personaje a veces niño a veces hombre —niño y hombre andinos— que camina

como por una ruta hecha de tiempos, de tiempo histórico y de tiempo mítico, una

ruta que es también laberinto que es también río que es también árbol geneálogico

—la auscultacion de la familia originaria— que es también historia colectiva, cruce

de historias—, de pequeñas historias dentro de la Gran Historia —“en un imperio

extinguido…/templos y palacios/en nubes de polvo…”. Libro-río que arrastra pequeñas

historias pobladas de ancestros —“las herramientas-hechizo de mi padre carpintero…/

sombreros de mestiza, galas de mi madre. Todo enterrado…”, pequeñas historias

pobladas de hombres y mujeres de su terruño —“ La cantora de la capilla…la

tejedora en su telar…los fieles arrieros…madres que cargan a sus críos…troperos,

llameros…Tejedores de redes y esterillas”.

Libro de errancia —“trabajado, sin embargo”, dice el poeta, “en NYC, en el glamour

de Greenwich Village, en Washington Square Park” —libro de y en movimiento

continuo, de gentes que se desplazan constantemente, libro de quietud y movimiento,

de arraigo y desarraigo en una misma textura, apetencia del arraigo en un espacio

conocido y, de otro lado, la necesidad de ser un pasajero en todo el vasto mundo

—“la Niña-ninfa…que se gestó en la pantorrilla de un caminante” o “Mis ancestros…

me alumbraron de pie”—el parto de pie, el personaje listo para emprender el camino,

que es la vida misma, viaje que en el Ande comienza con una suerte de movimiento

extraño, “mecánica del cuerpo rígido” —dice el poeta—y entonces fajan al recién

nacido de pies a cabeza mientras duerme, envuelto como un tamal —hermosa y

conmovedora imagen— preparándolo para el viaje de la sobrevivencia:

MECÁNICA DEL CUERPO RÍGIDO

En los suelos frígidos, en tierras

subáridas

de lecho rocoso o fango arcilloso

En los suelos calizos

hollados sólo

por el granizo-perdigón de los Andes

un bebé duerme plácidamente en la Cordillera

Blanca

en la Cordillera Negra

fajado de pies a cabeza, mancornado

como un novillo

(Y antes de la esquila anual

vastos rebaños de ovejas

rebasan como nube

las laderas)

Cinchado

Prolijamente envuelto como un tamal

el recién nacido

reposa firme, rígido,

arropado con pañales y caronas

de las mechas del ganado lanar

En una situación así, puede pensarse

que es cruel y malsano

tener maniatado a un bebé

liado como un fardo

Criados en el mismo rigor, los padres

fajan al lactante, al mayorcito

al menorcito

en sus horas de dormir

Y lo fajan, lo cinchan

del nacimiento al destete

para que sus piernas, sus caderas,

las vértebras de la columna se asienten,

crezcan

en la posición correcta

Para que el cuello arraigue erguido

y no claudique la cabeza

Para que las rodillas resistan

más tarde

el peso de una carga de papas, de maíz

Para que los brazos sujeten, guíen

una yunta de bueyes aradores

Y en ese viaje que es este libro, en el interior del poeta o por su costado,

camina Vallejo —Trilce, poemas del hogar y de la familia— su voz como un eco

preguntando “Las personas mayores/¿a qué hora volverán…? Madre dijo que no

demoraría…Llamo, busco al tanteo en la oscuridad. No me vayan a haber dejado

solo”, en diálogo con el personaje de Avenida Sol y este desde allí como en un

eco respondiéndole “familia numerosa/todo enterrado: las veces que arranqué las

canas/de las sienes de mi padre joven/ el puro silbar de los pulmones de Bernaquito/

asmático/el hermanito finado/de quien tuve que ponerme sus ropas”. Y por esa senda

que es este libro, en el interior del hablante lírico o a su lado, camina también el Inca

Garcilaso: tránsito de la oralidad a la escritura, tránsito del quechua al castellano;

poemas de ritmo y sonido encantatorio, encantatorio por canto y por encanto. Dice

el poeta: “arengan los llameros en su dialecto de los páramos y altiplanos andinos/

Y con su palabra cifran altar mayor/lengua madre/a su estirpe difunta…y otra vez

en las fuentes orales /otra vez…” y “Absortos en sus libaciones/platican/disciernen,

/desvarían, igual /en el delirio colectivo /de la pura habladuría /¿retórica poesía?



y de nuevo Garcilaso: mitología y cosmogonía andinas, sincretismo cultural y

religioso en la vida cotidiana: “parcelas de mi padre horticultor en las rinconadas del

Valle Sagrado de los Inkas”. Poesía, pues, que explora los significados alegóricos del

espacio familiar, social e histórico.

Y para terminar, el epílogo: Avenida Sol/Greenwich Village, libro onírico —voces que

semejan los susurros de los muertos de la Comala de Juan Rulfo— libro laberinto,

libro cruce de caminos, libro río que parte del universo familiar y colectivo del poeta —

momias, esqueletos, ruinas, huesos, ancestros enterrados— y que desemboca en la

madre, en la madre que reposa bajo tierra unida al mundo natural, viaje del poeta al

punto de partida.

EN EL CLARO DE UN BOSQUE DE EUCALIPTOS

REPOSAN LOS RESTOS DE MI MADRE

(Aves canoras)

Ningún pájaro anida en los eucaliptos:

su recargada fragancia asfixia

a los pichones,

decía

reinita ventridorada

monjita correndera de los matorrales

torcacita silbona madre mía

A su lado cada noche

yo dormía al calor

de un incendio forestal

Diminuta capilla blanca, el huevo, en su abadía

siempre cerrada

Huérfano de madre, huérfano de pueblo

En peregrinación iré

especie migratoria

a la yunga fluvial

los cañizares

a su túmulo de tierra

Microclimas de la región

Alzaré el vuelo

como el zorzalito trinador

de las cuencas de neblina cerrada

(en peligro de extinción)

En el claro de un bosque de eucaliptos

reposan

los restos de mi madre

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