Huq carruchatas y otras canciones de Rodolfo Lolo Fernández
Pese a que el abuelo, cuyo poema ganador de un concurso de poesía a Santa Rosa de Lima acabo de encontrar, había nacido en San Luis y teníamos algunos parientes lejanos en Lunahuaná, nunca se nos ocurrió preguntar si Lolo y la familia éramos parientes del famoso futbolista. Lo del hermano de mi mamá eran bohemia, toros, poesía oral y música; sobre todo una canción de la que he querido contar hace tiempo.
Si fue, junto a Alaca y otros jóvenes de su tiempo, aficionado a capear toros matreros de las punas de Chalhuanca, luego de un tiempo lo suyo eran un traje de luces y una capa que alguna vez habría usado en sendas corridas. Por ello, y porque su vaca Barrosa ya se ha hecho presente como espejo del neobarroco[1], evocando además a la vaca Emerencia, el toro Andrés, el burro Azulejo, la perra Princesa, chanchos, gallinas, machu kututus correteadores, y los caballos Pawquila, Taka y Perlascha, esta crónica se va por otros caminos del recuerdo.
Cierta vez, cuando nos vimos por la Plaza Unión, prestos a discutir por horas sobre temas de los que ninguno de los dos sabía nada, me recitó un breve poema que hasta ahora me ha dejado huella así no recuerde sus palabras. También le escuché ocurrencias como “aka talega”; “cincuenta mil veces te he dicho que no seas exagerado”; ”¿A dónde vas? /A Tengo/ ¿Tienes plata? / No Tingo”; y “Allinllachu Silverio / manam / imanasqa / warmiymi saqtaruwan”.
Pero en la historia familiar quedan sus temas favoritos: El bolero Sembré una flor, el pasillo Sombras nada más, tonadas cantineras de Lucho Barrios, la Cunumisita boliviana, huaynos diversos, además de tonás, quejíos y tercios de entrada andaluz chalhuanquinos que improvisaba bien inspirado. Y la repetida por enésima vez Cruzando el desierto/ bajo el sol brillante/ va la caravana… Como aquella noche de Samne cuando cantándola de ida y vuelta sin parar nos tomó horas remontar las pocas cuadras del restaurante local hasta el campamento donde quien había erigido la estructura para del aviso luminoso de Philips en la avenida Arequipa y otra que hasta ahora pende en la plaza Grau, hacía de maestro de obras. Ello sin contar el largo poema Brindis del bohemio que ponía en el tocadiscos pensando en sus queridos Nena, Zambo, y Quito, a quienes les había compuesto un vals.
Fue una lejana noche en Huarajo cuando le escuché por primera vez afinar una guitarra en baulín tín tín tín, tán tán tán, tón tón tón. Luego habría tocado el Automóvil rojo y blanco, canción favorita de la mama Felico, en el temple aprendido del puquiano don Julio, compañero de mi abuela.
Al respecto de esta canción Nilo Tomaylla comenta que el original caraybambino es Camioncito rojo y blanco que, transformado en Auntonóvil… (con n) sería la canción distintiva de Pichinkucha, compañero de clase de Lolo. Nilo también sostiene que esta canción tiene raíces más antiguas, de camino de herradura, que posiblemente decía Sillay mulitacha a dónde me llevas, como cantaba su padre en los años 50.
De los huaynos que componía con melodías que parecían ser de Parinacochas y Lucanas nos han quedado dos. Uno breve que solía cantar Heynercha y otro que habla de un carro, o tal vez su camioncito, que luego de desmondongarlo dijo que los diseñadores eran unos opas, ya que al rearmarlo sobraban infinidad de piezas.
Ese frondoso humor negro se da en la primera canción:
Urqupi phuyucha qasapi lastacha
pakaykullawayraq.
Urqupi phuyucha qasapi paracha
pakaykullawayraq
Tayta mamaysi maskamuwanan karqa
tariwuwaqtinsi qarayta chutinqa.
Tayta mamaysi maskamuwanan karqa
Tariwuwaqtinsi qarayta llikinqa.
Ay vidallay qarayta chutinqa
©herederos de Rodolfo Fernández Fernández
Donde alguien que se va (de la casa de sus padres) pide a nieve, nevada y lluvia de cerros y quebradas que lo escondan todavía, ya que a su padre y madre les toca buscarlo aún, y si lo encuentran le arrancarían y desollarían la piel. Sin incidir las alternancias y paralelismos composicionales de la canción, que son ya área de los estudios literarios peruanos, vale detenerse en una sutil ruptura retórica.
Si un motivo de la literatura peruana ha sido la orfandad del waqcha tras la separación de los padres y el lugar de origen -como cuando se invoca a cerros, saywas, halcones y varios seres animados que protejan, cuiden y manden mensajes a seres y lugares queridos- aquí al sujeto lo que le importa es que no le encuentren y le den una tanda de padre y señor mío. Es decir, la disyunción cósmica y orfandad a la que aluden José María Arguedas, y huaynos como Waqana pata carretera, Altun phawaq wamanchallay cartachata apapuway, Ripunay qasapi wayllallay ichullay etc., no afecta al sujeto, que probablemente es un mataperro sin remedio y ha hecho algún desmadre, para encima decir ay vidallay burlándose de su aparente mala suerte. Lo cual en términos de lógica poética implica que toda condensación simbólica y arquetípica lleva consigo y requiere una válvula de descarga a su entropía, como se ven en el carnaval, los ciclos del zorro y Huámbar. Pero eso es materia de los entendidos.
Luego de haber leído el primer borrador el primo Pepe siguiere la posibilidad que la letra más bien diga tayta mamansi, dando a entender que los padres de la muchacha lo están buscando para castigarlo. Dado que el huayno es una estructura abierta a sutiles variaciones, ello sería posible si la canción fuera conocida en varios lugares, cada uno con su asnapa; pero al ser inédita y tomando en cuenta que lo de Lolo era innovar a partir de ligeros cabes al sentido común, me quedo con la versión que cantada por Heynercha. A propósito de muchachas: contaba de una noche de serenata en Aparaya, cuando los hermanos tenían listas las escopetas, el padre pidió que aún dejaran terminar de cantar al enamorado.
Años más tarde, ya en la tercera etapa de Collique, a la falda de un cerro de arena finísima y rocas afiladas en semicírculos como esculturas abstractas, donde el agua llegaba en cisterna si no se traía en baldes de unos manantiales al lado de la pista Lima-Canta, Lolo se compró un camioncito con el que hacía compras en La Parada. Pero lo manejó poco porque el título estaba en Tarma y se malograba a cada rato.
Sería entonces cuando compuso el dichoso huayno:
Huq carruchatas rantikurqani
Mosoqchallata tiendachamanta
Huq carruchatas rantikurqani
Lunachayuqta ruedachyuqta
Wasi punkupi saqerukuptiy
carruchallayta suwaruwanku.
La Paradaman aparukuptiuy
nitaq ruedampas nitaq lunanpas.
Guardia civilman quejakuq riptiy
presutañanataq winaruwanku.
Maymi brevete maymi tarjeta
maymi tarjeta de propiedades.
Guardia civilman quejakuq riptiy
Presutañanataq winaruwanku.
Maymi brevete maymi tarjeta
maymi tarjeta de propiedades.
Aswan mejorsi llaqtayta risaq
Chalhuancallayta Huarajollayta
Aswan mejorsi llaqtayta risaq
Chalhuancallayta Huarajollayta
Chaypi asnuypi nitaq brevete
Nitaq tarjeta de propiedades.
Chaypi asnuypi nitaq brevete
Nitaq tarjeta de propiedades
Nitaq tarjeta de propiedades
©Herederos de Rodolfo Fernández Fernández
Que, tratando de trasmitir el swing de los sufijos que le dan miski, pero sin poder, dadas las limitacioens del castellano, reproducir las medidas silábicas, rima interna, y otros elementos rítmicos, se puede traducir más o menos así:
Dicen que me había comprado un carrito
nuevecito nomás de la tiendecita.
Dicen que me había comprado un carrito
con su ruedita con su lunita.
Cuando me lo dejé en la puerta de casa
me robaron mi carrito nomás.
Cuando me lo llevé a La Parada
no había ni su rueda ni su luna.
Al irme a quejar a la guardia civil
enseguida me metieron preso.
¿Dónde brevete, dónde tarjeta
dónde la tarjeta de propiedades?
Al irme a quejar a la guardia civil
enseguida me metieron preso.
¿Dónde brevete, dónde tarjeta
dónde tarjeta de propiedades
Dicen que mejor irme a mi pueblo
a mi Chalhuanca nomás, a mi Huarajo nomás.
Dicen que mejor irme a mi pueblo
a mi Chalhuanca nomás, a mi Huarajo nomás.
Ahí en mi burro nada de brevete
ni tarjeta de propiedades.
Ahí en mi burro nada de brevete
ni tarjeta de propiedades,
ni tarjeta de propiedades.
Dados los límites de la traducción, y teniendo en cuenta que la mirada crítica debe remitirse al original, vemos cómo el uso de los sufijos -s y -si (que indican que el sujeto no es testigo directo de lo narrado) en las estrofas inicial y penúltima en contraste con la información más factual de las estrofas interiores y final -que funciona como fuga- constituyen un uso novedoso del paralelismo contrastante; que es más común en poesía quechua, sobre todo a nivel de alternancia léxica, como en orqopi puyucha/ qasapi paracha de la primera canción[2]. Este logro estético a partir del desdoblamiento del sujeto también es posible por la cuidadosa orfebrería de los sufijos diminitivo/afectivo -cha-, limitativo/afectivo -lla- y reflexivo -ku-.
El sutil contraste de voces narrativas produce un humor que deconstruye -mucho antes que una teoría afín se ponga de moda- los fetiches de la tenencia, justicia y legalidad documental. Además, el uso de “propiedades” si bien se debe a la métrica, relativiza displicente, de taquito, la institución misma. Algo que se lograría montando un burro Azulejo propio en su Chalhuanca y su Huarajo. Lejos de la tiendecita, La Parada y la guardia civil.
Se trataría de una entrada y salida a la modernidad, de modo parecido a lo reseñado por Julio Noriega en torno a Isidro Condori en Caminan los apus: escritura andina en migración (Pakarina Ediciones, 2012)
Dicho esto, tanto Chalhuanca como Huarajo son, como infinidad de lugares que la poética del espacio marca para el retorno y conjunción cósmica luego de la disyunción y partida del waqcha, destinos que deben mantener algún estado de pureza arquetípica cual regazos, vueltas al origen o vientres maternos de sanación ideal de los males del camino y la distancia. Así la realidad política diga otra cosa, como el caso de una descarada presidenta chalhuanquina predecesora de la actual qara uya.
Ese retorno arquetípico también implica que tanto orqo (cerro) como qasa (nevado) de la primera canción fueron siempre lugares de tránsito y despedida; por lo que ni phuyupas (ni la nube) ni parapas (ni la lluvia) logran detener el tránsito del sujeto[3], sin lo cual el retorno no tendría lugar, ni el burro Azulejo llevaría a Lolo por los caminos de la imaginación. Paqarinsi ripuchkani Perlaschalláy.
El asunto es que el camioncito estuvo por mucho tiempo aparcado a lado de nuestra casa, cuando Huachipa eran pampas de higuerilla, kiyuyo, pájaros bobos, guardacaballos, manantiales y un Huayco Loro que uno cruzaba saltando. Pero quien sabe cómo, por obra y gracia del espíritu santo, acaso porque en verdad lo habían construido con piezas de más, el camioncito empezó a desaparecer, nitaq carrocerianpas, nitaq motorninpas, nitaq parabrisanpas, nitaq imanpas hasta que al final quedaron unos fierros del cardán que sirvieron de cenicero super chévere.
Para entonces Lolo había partido a tierras lejanas como dice el yaraví, y cuando coincidíamos cantábamos Huq carruchata en los rumbones de cajón que armaba mi mamá. También lo hacía dúo con la Tía Marina: Saqsamankamanta uryaykamuchakani / waskilla cargantin ischucha paltantin, que me parece haber escuchado a Chinita de Aymaraes y Galancito del Sur, quien en una de esas menciona Chuquinga, Pinkawacho, Huarajo y Warkiza, donde no se necesita tarjetas de propiedades.
Si la he cantado debidamente desafinado con Edgar Zárate y el Galáctico Lino Pareja, que también está, como decía Lolo, en el país de los calvos, siempre me he preguntado cómo sonaría esta canción debidamente grabada, acaso en la guitarra de Manuelcha Prado, a quien de puro manchali no se la tarareé en una reunión en casa del buen Zein Zorrila, cuando vi por última vez a Juan Carlos Lázaro. Tampoco se la he cantado a Hugo Carrillo, autor de la monumental Todas las voces del Perú, volumen Killa: Waynos y Qachwas[4]
Por el momento vaya, dedicada a Nena, Zambo, Quito y la tía Aurora, esta pequeña crónica en memoria de la vasta creatividad de Rodolfo Lolo Fernández, hermano de mi mamá Teresa, y tío de mis primos hermanos, que me tenía prohibido llamarlo así desde qoro.
©Fredy Amílcar Roncalla Fernández
Murrieta, 27 de Julio, 2026.
[2] El uso del tiempo narrativo -s/-si también se da en la primera estrofa de Adiós pueblo de Ayacucho y en la narrativa peruana.
[3] Un huayno registrado por el Trio Ayachucho dice: Cuando salí de mi casa ¿por qué caminos habré salido? / ¿cómo no me atajaron las parades de mi casa, las murallas de mi pueblo?...
[4] Edición a cargo de SARLECIA (Sociedad de Artes, Letras y Cine Andino), diciembre de 2025.



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